Musulmanes conservadores crean «brigadas de la moral» en Catalunya

El «juicio» a una mujer en Reus destapó crecientes presiones dentro del colectivo Varias chicas fueron agredidas por ir sin velo, y un joven, por jugar al fútbol con catalanes

El presunto secuestro y juicio islamista a una mujer en Reus por un grupo de fanáticos religiosos es, según explicaron ayer a este diario fuentes del Ministerio del Interior dedicadas a la lucha antiterrorista, «la expresión más violenta» de un fenómeno que cada vez preocupa más: la aparición y auge de grupos de individuos fanáticos que, al amparo de algunas mezquitas ultraconservadoras, se arrogan el papel de jueces y policías de la moral islámica y ejercen una enorme presión social sobre los musulmanes de esas localidades. Hasta ahora, ese fenómeno, que desde hace años se ha manifestado en países como Francia u Holanda, se ha detectado ya con fuerza en municipios rurales de la zona del Camp de Tarragona, así como en pueblos del Gironés y la Segarra.
Los escenarios son casi siempre localidades donde la mezquita está en manos de seguidores del salafismo, una corriente ultraconservadora que obliga a sus seguidores a practicar el estilo de vida que, según ellos, llevaron los salaf (los ancestros, que es como llaman a los primeros seguidores del profeta Mahoma).

BLINDAR LA COMUNIDAD / Esas personas usan su estatus en la comunidad para blindar al máximo el colectivo y crear un país aparte, separado del entorno catalán, que consideran impío. Desde las mezquitas, llaman a los fieles a no mezclarse con los catalanes, a no recurrir a sus instituciones (Mossos, juzgados o asociaciones), a comprar solo productos halal (permitidos por el islam) en tiendas de musulmanes y a no recurrir a los bancos pues, al estar basado en el interés, el sistema equivaldría a la usura, pecado en la religión islámica. Además, presionan a los padres para que no permitan a sus hijas hacer gimnasia y mucho menos ir a la piscina, así como les instan a retirarlas de las escuelas tan pronto tienen su primera menstruación.
Esos líderes religiosos ejercen una enorme presión sobre el colectivo. «Si con el verbo y con el sermón de la mezquita no basta, entonces entra en escena un grupo de personas vinculadas al oratorio que castigan al díscolo», dice una fuente de las fuerzas de seguridad especializadas en el extremismo islámico. Esas personas aplican en Catalunya el concepto islámico de hisba, que es como se denomina a la policía de la moral y las buenas costumbres.
Muchos de estos individuos han llegado al salafismo procedentes del Tabligh, una corriente islámica pacífica que se basa en la dawá, que es como se conoce al llamamiento que sus miembros hacen a los otros musulmanes para que abandonen su vida de pecado. No obstante, los miembros del Tabligh siempre hacen este llamamiento pacíficamente, intentando convencer sin ejercer ningún tipo de presión. «Estos, en cambio, aplican la lógica del Tabligh pero empleando la acción violenta», dicen esas fuentes.

SACAR A GENTE DE LOS BARES / «Aunque muchas víctimas no se atreven a denunciar, ya hay un número significativo de incidentes en que esas brigadas de la moral han actuado», comenta ese responsable de la lucha antiterrorista, que explica como las mujeres son el objetivo preferente de esos grupos. «A las que no llevan velo les hacen la vida imposible. Las insultan, las amenazan y, en ocasiones, incluso las agreden», comentan. A veces, el objetivo son los padres o maridos de esas mujeres, a los que recriminan que permitan que vayan por la calle sin el velo. «A algunos han llegado incluso a retenerles durante unas horas y golpearles», comenta este mando de las fuerzas de seguridad.
«Un caso terrible fue el de un adolescente marroquí al que unos tipos propinaron una paliza por el simple hecho de haber jugado a fútbol con otros chicos del pueblo no musulmanes», relatan fuentes judiciales, que avisan de que desde esos lugares de culto se exhorta a los padres a que prohíban que sus hijos adolescentes se relacionen con catalanes.
En su obsesión por separar a los musulmanes del resto de la sociedad, una de las principales actividades de estos grupos consiste en sacar de los bares a aquellos musulmanes a los que les gustaba mezclarse con sus amigos catalanes para tomar un café o jugar a las cartas. «Les presionan hasta que dejan de ir. A algunos les obligan a dejarse crecer la barba o les vetan llevar tejanos», comentan esas fuentes.

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