Modo Te Deum

Ya vivió la Presidente Bachelet un desaguisado en el Tedeum Evangélico, cuando se le cruzó un pastor fanático para increparla por las leyes seculares que incomodan a los cristianos fervientes.

Este 18 de septiembre Chile celebrará 204 años de independencia, aunque nuestra declaración de independencia data del año 1818, y como sabemos, la independencia tuvo como espíritu construir una república laica.

Este aniversario patrio vuelven las hordas de políticos y autoridades, encabezadas por la Presidente de la República, Michelle Bachelet a cumplir con un rito colonial, que hasta resulta pintoresco por lo extemporáneo. Me refiero a la asistencia al Tedeum ecuménico que se celebra en la catedral metropolitana.

El gesto simbólico y político de que Chile celebre su independencia dentro de un templo católico es una muestra más del inmenso poder de la Iglesia sobre el Estado. Nuestro país todavía necesita de una segunda independencia. La independencia de la Iglesia Católica.

Tenemos que emanciparnos del intervencionismo político descarado de la Iglesia, que ha levantado un lobby gigantesco para modificar la reforma educacional y se las ha arreglado para que un Estado laico, siga subsidiando el adoctrinamiento de nuestros niños en un credo particular. Eso nos demuestra que nuestro “Estado laico” es de papel volantín.

No podemos seguir bailando como trompos cucarros, al ritmo de lo que se le venga en gana a la Iglesia. Si bien nuestras autoridades y todos nosotros podemos tener un credo o no, eso no significa que legislemos o tomemos decisiones de Estado o establezcamos políticas púbicas favoreciendo a una religión en específico.

La independencia de Chile debiese de ser uno de los días más laicos de nuestro calendario de festividades. Nos independizamos de un reinado de reyes católicos y pasamos a ser una república independiente y laica. Debemos respetar ese espíritu que nos hizo libres hace más de 200 años. Debemos sentirnos orgullosos de haber roto los grilletes del moralismo medieval que venía desde España.

Los presidentes de nuestro país no necesitan ir a arrodillarse a la Catedral para rezar por el bien del país, ni para que el arzobispo o cardenal de turno les aportille la cabeza con discursos valóricos vacíos.

Ya vivió la Presidente Bachelet un desaguisado en el Tedeum Evangélico, cuando se le cruzó un pastor fanático para increparla por las leyes seculares que incomodan a los cristianos fervientes. En el Tedeum católico son más sutiles y sofisticados, pero el objetivo es el mismo.

Debemos respetar los credos, claro que sí, pero rendirles pleitesía para los aplausos de la galería no es una buena señal para ese 25% de la población que se siente fuera de todo este espectáculo de lo divino e intangible.

Bachelet-y-Pastor 2014 Chile

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