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Mi cuerpo, mi decisión

Si los hombres quedaran embarazados, el aborto sería libre desde el Neolítico”

Eduardo Galeano

Una niña estadounidense que nazca hoy tendrá menos derechos que una niña estadounidense que nació en 1973. Un documento filtrado ha desvelado que la Corte Suprema de EE. UU. está a punto de revocar el fallo histórico de 1973 en Roe versus Wade , que consideró que una mujer tiene derecho a abortar sin restricciones antes de que el feto sea viable, un límite fijado en las 23 semanas de gestación. Ahora, millones de mujeres estadounidenses se enfrentan a perder su derecho al aborto, el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

El legado judicial y bíblico de Donald Trump nos deja completamente desamparadas. Lo más grave es que esta decisión podría allanar el terreno para legislar en contra del aborto en todo el país y quizá pueda extenderse como la peor de las pandemias hasta nuestra fronteras. Porque si algo caracteriza a la derecha ultra católica es que se contagia más que la variante ómicron.

Este atropello jurídico obligará a las mujeres a dar a luz en un país con altas tasas de mortalidad materna ; pondrá vidas en riesgo al llevar a cabo abortos ilegales; amenazará con criminalizar a las mujeres vulnerables y a quienes las ayuden (e incluso a aquellas que hayan tenido abortos espontáneos); empujará a más niños y niñas a la pobreza. Además, los expertos ya han advertido que es probable que los estados aprueben más restricciones dirigidas a aquellas mujeres que viajen para abortar.

En el mundo real más allá de las filtraciones sabemos por experiencia que los abortos seguirán ocurriendo, ya estén prohibidos o no y según la OMS prácticamente seguirá habiendo la misma cantidad de ellos. Lo que cambiará es que muchas mujeres fallecerán o tendrán secuelas de por vida. Curioso manera esa que tienen quienes legislan contra nosotras la de autodenominarse pro-vida cuando ponen en riesgo la de tantas mujeres. Al final lo que hay detrás, no vayamos a engañarnos y lo diré de manera burda y dolorosa, es aniquilar a las mujeres pobres, que son las que no podrán ir a otros Estados a practicarse la interrupción del embarazo. Esa es la hipócrita moral católica de algunos, que ya no engañan a casi nadie, por otro lado.

Por su parte,  el relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud, Dr. Tlaleng Mofokeng, advirtió que anular el derecho al aborto sentaría un peligroso precedente, además de violar los tratados internacionales de derechos humanos, incluida la convención contra la tortura. A día de hoy, es ilegal que las mujeres interrumpan sus embarazos en cualquier circunstancia en 24 países, y otros 37 restringen el acceso en cualquier caso, excepto cuando la vida de la madre está en peligro.

Quién podría imaginar que en 2022 estuviéramos hablando de un retroceso de medio siglo en materia de derechos reproductivos, en un siglo en el que se planea la vida en la Luna o en Marte, pero se desampara a quienes viven en la Tierra. Sobre todo si son mujeres. Sobre todo si son mujeres pobres. Ya se sabe que las mujeres ricas de nuestro país siempre pudieron ir a Londres a practicarse abortos, porque también hay un motivo incuestionable de clase social detrás de este asunto Al final se trata de dejar sin cartera de servicios públicos a quienes lo necesitan, porque quien tiene recursos siempre contarán con una alternativa.  Ya lo decía Rousseau en El contrato social: la auténtica libertad surge de las condiciones materiales. Quizá la solución pasa por que “nadie sea tan pobre como para querer venderse y nadie sea tan rico como para poder comprar a otros” y así la mujer podrá ser libre para decidir sobre su cuerpo.

Los señores legisladores de EE.UU. han creído buena idea infantilizarnos, tutelarnos, como si las mujeres no fuéramos capaces de tomar nuestras propias decisiones. Sobre todo decisiones que afectan a nuestros cuerpos y nuestra salud. Las mujeres hemos abortado y seguiremos haciéndolo, tan solo cambiarán las formas, el amparo, el cumplimiento de los derechos humanos que nos proporcionen una seguridad y una dignidad.

Hace siglos ya decidieron que nuestros cuerpos no nos pertenecían e inventaron el pecado para arrebatarnos la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos. Como hay quien sigue pensando que somos su pertenencia, pueden manejarnos a su antojo, como si fuéramos mercancía. Para algunos misóginos clasistas tan solo somos vasijas incubadoras , y les importa más lo que podemos reproducir que nuestras propias vidas.

En nuestro país, también tuvimos que frenar la retrógrada ley de Gallardón que supuso su tumba política y lo haremos todas las veces que haga falta al son de “quitar vuestros rosarios de nuestros ovarios”. Porque no hay nada más peligroso que una mujer a la que quieren quitarle derechos fundamentales y libertades. Tomen nota.

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