Matar en nombre de Cristo

El 16 de junio de 1955, una cuadrilla de aviones con la insignia “Cristo Vence” bombardeó y ametralló la Plaza de Mayo y la Casa de Rosada, asesinando a más de 380 civiles.

El 16 de junio de 1955, una cuadrilla de aviones con la insignia “Cristo Vence”bombardeó y ametralló la Plaza de Mayo y la Casa de Rosada, asesinando a más de 380 civiles. Un autobús escolar recibió el impacto de la primera bomba. Sus ocupantes, cuarenta niños menores de doce años, murieron en el acto. La historia argentina, repleta de caprichos, no guarda especial memoria respecto de esta matanza.

La Ley de Divorcio, la abolición de asociaciones profesionales católicas, la supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas y la legalización de la prostitución, impulsadas por el gobierno de Juan Domingo Perón -que abogaba por un Estado separado de la Iglesia- provocaron una estampida de odio que se tradujo en una masacre contra la población civil. La primera bomba dejó un reguero de cadáveres de niños; la segunda y la tercera destrozaron a familias enteras que a esas horas descansaban en la plaza.

Este ataque supuso el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina; un bautismo de fuego que se ejecutó patria adentro, cobrándose la vida de quienes deambulaban en las inmediaciones de la Plaza de Mayo. Una maquinaria de muerte por vía aérea que volvería a ponerse en uso recién el 1 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas.

Escudados tras su amor a Cristo, los asesinos comenzaron su accionar en horas del mediodía. La multitud que paseaba como cada día por el mismísimo corazón de la ciudad, creyó que aquel despliegue aéreo se trataba de una simple demostración. Sin embargo los pilotos de la escuadra de aviones “Cristo Vence” que habían sobrevolado la ciudad unas cuantas horas, abrieron fuego, convencidos de emprender así una labor divina tras la cual Argentina recuperaría aquella “moral” que hasta el día de hoy, implementando otros procederes, continúan defendiendo.

La Iglesia argentina jamás se disculpó por esta masacre, como tampoco lo hizo por su participación en la tortura y desaparición de 30 mil argentinos, entre los años 1976 y 1983.

El 27 de mayo de 2007 se dio a conocer una grabación de 25 minutos realizada por un equipo cinematográfico francés que aquel 16 de junio se encontraba en Buenos Aires tomando imágenes de la ciudad. La película, jamás estrenada en la Argentina ni en Francia, contiene detalles del bombardeo de Plaza de Mayo y permaneció oculta hasta que el periodista argentino Roberto Di Chiara logró descubrirla y recuperarla como testimonio de aquel brutal ataque. Este documento esta preservado en el Archivo DiFilm.

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