Más sobre las misas universitarias

Es sabido que la costumbre es más fuerte que la razón. Así, quienes están acostumbrados a una supremacía legal y a unas rutinas propias de tiempos pretéritos, argumentan en defensa de un status quo injusto aplicando la antirracional máxima ignaciana: “…si [la Iglesia] ha definido como negra cualquier cosa que a nuestros ojos parece blanca, hemos de pronunciarla por ser negra de la misma manera” (Constituciones jesuiticas).

Ahora, los más conservadores entre los católicos se apuntan al más “progresista” concepto de la multiculturalidad, eso sí, desvirtuándolo a su placer y beneficio. Según estos pensadores la alternativa a una simple misa de inauguración de curso universitario, sería multiplicar los actos religiosos a demanda de la comunidad universitaria, o quizá de oficio. Sería gracioso ver al Rector correr de la iglesia “universitaria”, a la mezquita “universitaria”, y de la mezquita a la sinagoga “universitaria”, sin olvidarse de pasar, por qué no, por alguna tenida masónica “universitaria”, antes de, extenuado, comenzar el “paseillo” hacia el Hospital Real. El apartado de “Otros actos” del Programa de Inauguración de Curso Universitario, donde ahora se “oculta” la misa, debería tener entonces una longitud acorde para acomodar tantos rezos e invocaciones a Dios, Ala, Yavhe o el G.A.D.U. O quizá el Rector, por la cuenta que le trae, asistiría sólo a uno de estos ritos religiosos, según parecen amenazar estos académicos demócratas (“hablamos de votos, señores”).

La libertad religiosa de estos universitarios se vería, al parecer, menoscaba, si se eliminara la misa de inauguración de curso universitario. ¡Que tortura será para ellos ver que todos los colegios e institutos públicos comienzan el curso sin el preceptivo rito!. ¡Y también el curso judicial!. ¡Y el año fiscal!. ¡Y la Copa del Rey!. La ausencia de una misa en todos estos casos es, según parece, una clara discriminación, y un abuso contra su (de ellos) libertad religiosa. Aunque tengan el mismo nombre, ellos hablan de la Libertad Religiosa del Derecho Canónico, no del Civil. ¿Será esto la ”santa desvergüenza”?, ¿Será la ”santa intransigencia”?. ¿Y la amenaza electoral?, ¿será la “santa coacción”? (Camino, 387).

El laicismo tiene, ha tenido y siempre tendrá fuertes enemigos, soldados preparados y entrenados para defender cualquier injusticia si es Ad majorem gloria Dei. Pero estos antilaicistas olvidan que la Libertad Religiosa, o es de todos o no es libertad, y para recordárselo estaremos aquellos a quienes nos ofenden, no los ritos religiosos, sino la burda instrumentalización de la Universidad, de sus festejos y sus actos académicos.

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