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Manuel Espino, evolución de la laicidad y la libertad religiosa en México

Es claro que para entender la evolución de la religión en el México contemporáneo, es indispensable tener información histórica fidedigna. Las instituciones religiosas van más allá de las vidas individuales de sus creyentes. Por ese motivo la más reciente obra de Manuel Espino Barrientos se convierte en un trabajo obligado de consulta, pues desmenuza de forma ágil y didáctica, con fuentes y comentarios al margen, la evolución de la laicidad y la libertad religiosa en México. El principio que establece la separación entre la sociedad civil y la sociedad religiosa se le llama laicidad, separación entre el estado en cualquiera de sus formas y las organizaciones religiosas, también en cualquiera de sus formas. El que un Estado sea laico no significa que sea ateo. Significa simplemente que, desde el punto de vista jurídico, no habrá una religión o credo oficial en la Constitución Política. Incluso en una mañanera el presidente AMLO dijo: “Es muy importante definir qué es el Estado laico. En esencia es que no haya una religión oficial o predilecta, que el Estado no tenga preferencias por ninguna religión”.

Durante siglos, la iglesia católica fue la única presencia religiosa en las colonias españolas. Aproximadamente, una década después de que México declaró su independencia de España, hasta eso momento no existió evolución en lo referente a la laicidad y libertad religiosa. Ha existido evolución con respecto a que la libertad religiosa se encuentra regulada por la Constitución, pero en la práctica hemos avanzado muy poco, pongo tres ejemplos: En la visita del papa Juan Pablo II a México siendo Fox presidente, el de las botas sometió el estado mexicano al estado vaticano cuando por un instante le besó el anillo, ¿alguien dirá…y que tiene de malo? Pues mucho, López Mateos no entró a la basílica junto con Kennedy, que le preguntó: Acaso no es usted católico señor presidente; su respuesta fue que sí, pero representaba un estado laico, esa es la diferencia de un presidente de segunda o tercera a un presidente querido y recordado por los mexicanos.

Otro ejemplo es que la constitución mantiene vigente que los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Solamente podrán realizarse extraordinariamente fuera de ellos, en los términos de lo dispuesto en esta Ley y en los demás ordenamientos aplicables. Pero quien en su sano juicio se atrevería a suspender una procesión dedicada a la virgen el 12 de diciembre o al santo niño de Atocha, o aquí cerquita al señor de los Guerreros en el municipio de Indé, basta con recordar la guerra cristera para ni siquiera pensarlo.

Otro ejemplo sin duda constituye la religiosidad popular católica, como un retraso para el progreso de la población indígena. Es notable que el problema de la libertad de culto, todavía es un punto conflictivo con algunas comunidades indígenas, sino recordemos a Samuel Ruiz y al obispo Raúl Vera, conocido como el obispo rojo, el cura más rebelde de México. Porque se llega a esos extremos, justamente porque la evolución de la laicidad y la libertad religiosa en México ha sido muy lenta. Una vez más, el duranguense Manuel Espino Barrientos presentó un libro de tema más que interesante que sin duda despejará muchas dudas, ya que muestra datos precisos sobre el devenir histórico de la laicidad y libertad religiosa en México…felicidades.

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