Macron se hizo con el voto católico, protestante y musulmán en las presidenciales franceses

Emmanuel Macron nuevo presidente de Francia 2017

Lejos de ser el candidato «antifamilia», defiende la enseñanza religiosa y los derechos de los pobres

Pese a las escasas observaciones que les ofrecieron sus pastores, al final los católicos franceses eligieron con la cabeza. Así desprende de un sondeo publicado este lunes en La Croix que evidencia que la mayor parte de la Iglesia gala –más de tres de cada cinco católicos del país– votó este domingo para asegurarse de que fuera el independiente Emmanuel Macron, y no la ultraderechista Marine Le Pen, quien finalmente se hiciera con las llaves del Eliseo.

Los resultados de la encuesta del portal católico francés son así de tajantes. Un total del 62% de los franceses que se identifican como católicos votaron por el candidato de En Marcha, de una muestra de 4.330 votantes. Entre los católicos del país que practican su fe de forma «regular», el porcentaje de los que eligieron a Macron subió hasta el 71%: cifra que bajó hasta el 54% para los que se retratan como practicantes «ocasionales». El número de católicos no practicantes que prefirieron pararle los pies a Le Pen al elegir el candidato centrista fue muy parecido al número global de católicos que le apoyaron a éste: en concreto, un 61%.

Macron no solo se hizo con el voto católico, no obstante. También se llevó el protestante y musulmán, con el 67% y el 92% de las papeletas de votantes de estos colectivos respectivamente.

Cabe recordar que representantes de estas dos religiones, junto con otro de la religión judía, pidieron abiertamente el voto para Macron en vísperas de la segunda vuelta de las presidenciales. «Nada viene antes que la paz y sólo un voto republicano por Emmanuel Macron garantizará una Francia fortalecida», escribieron en un comunicado conjunto los líderes de estas tres minorías religiosas. Mensaje que los obispos católicos se abstuvieron de firmar, alegando que -aún con el extremismo económico, social y xenófobo que Le Pen representaba- el papel de la Iglesia se limita a ofrecer solo «elementos de discernimiento» político, y no de pedir el voto por uno u otro candidato.

Los resultados de la segunda vuelta retratan, así pues, una cierta tensión entre los católicos franceses de a pie y los prelados que les acompañan. También entre los fieles normales y corrientes y grupos católicos extremistas como el de Manif pour Tous, que no cansó durante la campaña de intentar pintarle como un candidato «anti-familia» por su apoyo a políticas sociales ya ampliamente aceptadas en Francia como el matrimonio homosexual o el género fluido.

Macron no solo se formó en el colegio jesuita de La Providence en París, no obstante. Tampoco deja de reflexionar de forma «permanente» sobre las creencias que «alimentan» su pensamiento, como declaró una vez, aunque no como acto «reivindicativo». También es un firme defensor tanto de la enseñanza del hecho religioso en la escuela pública como de la doctrina social de la Iglesia.

«Ser católico es defender los derechos de los pobres», dijo el centrista un momento durante la campaña al quien era entonces un principal rival, Francois Fillon: «no luchar para quitarles los derechos a hombres y mujeres».

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