Los obispos afrontan “sin miedo” los cambios políticos

«Una cosa es lo que se dice en campaña y otra cuando se gobierna», argumenta su portavoz

“No hay miedo. Una cosa son los lenguajes que se usan en contextos electorales y otra cosa es lo que se hace cuando se gobierna”. Este es el estado de ánimo de los obispos españoles ante los cambios que se están produciendo en ayuntamientos y comunidades autónomas, y en previsión de otros que puedan originarse tras las próximas elecciones generales. Lo ha expresado esta mañana el portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el sacerdote José María Gil Tamayo.

La pregunta había sido directa: ¿Temen los obispos que ganen Podemos o el PSOE, que han prometido denunciar o reformar a fondo, respectivamente, los acuerdos de 1976 y 1979 entre España y el Estado Vaticano? Tamayo ofreció varias respuestas, a escoger. En primer lugar, apeló a un pasado no tan lejano. “Les recuerdo que Gobiernos que iban a denunciar esos acuerdos con la Santa Sede, después llegaron a acuerdos económicos muy positivos”.

Se refería, sin citarlo, al pacto firmado en 2006 por el Ejecutivo socialista y la Nunciatura (embajada) del Vaticano en Madrid, que incrementó un 34% la asignación a la Iglesia católica mediante el IRPF de sus fieles y elevó a definitivo ese exclusivo método de financiación religiosa pese a que el Estado de la Santa Sede se había comprometido en 1979 a buscar mecanismos para autofinanciarse en España.

Los obispos tampoco hacen un drama si, finalmente, se llegase a una revisión o supresión de lo concordado en Roma con rango de pacto entre Estados soberanos. “Los actuales acuerdos han sido eficaces en nuestra vida democrática, en alternancias políticas y gobiernos de todo signo, pero la Iglesia sabe también vivir en países donde no hay acuerdos”, dijo el portavoz Tamayo. En apoyo de su tesis, apeló a la tarea que hacen en organizaciones católicas como Cáritas o Manos Unidas, y a los 122.000 profesores que dan clases en los colegios católicos. “A ver qué otra corporación ofrece esas cifras, aparte el Estado, naturalmente. Si la Iglesia no estuviese en esos frentes, ¿cómo sería España?»

En contra de su costumbre, los obispos no han emitido este año la habitual instrucción pastoral para guiar el voto de sus fieles. No lo van a hacer, tampoco, ante las elecciones de final de año. “Los españoles tienen un largo tramo de vida democrática, ya no es necesario hacerlo”, dijo Tamayo. También esgrimió el argumento, novedoso, de que la Iglesia no es un contrincante político, sino solo “un actor social de primer orden en España”, ahora mismo severamente descontento con algunas cuestiones que los obispos consideran vitales para el futuro del cristianismo romano en España.

Se trata de la enseñanza de la región y la moral católicas en las escuelas  con profesores pagados por el Estado, pero seleccionados por los prelados para cada curso escolar, con un gasto público anual cercano a los 700 millones de euros. Preguntado por la salida del Gobierno del ministro José Ignacio Wert, responsable de la última ley educativa, la LOMCE, el portavoz de la Conferencia Episcopal no quiso valorar su marcha, pero aprovechó para denunciar el descontento episcopal por el desarrollo de la clase de Religión en esa ley. “La disminución horaria es un golpe perjudicial para la materia en el marco escolar, sobre todo en enseñanza Primaria, donde hay una masiva petición de los padres que ya quisieran para sí los políticos”, dijo.

Tamayo compareció ante la prensa para informar sobre los trabajos de la Comisión Permanente de la CEE, integrada por una veintena de prelados, entre ellos todos los cardenales y arzobispos en activo. Reunidos desde el martes, los jerarcas católicos siguen sin ultimar el anunciado plan pastoral que ha de recoger las ideas emitidas por el papa Francisco en la Evangelii Gaudium (Alegría del Evangelio), hace más de un año, además de estudiar a fondo el estado del clero católico en España, escaso, poco motivado y con una media de edad superior a los 64 años.

El Plan Pastoral, según Tamayo, busca situar al catolicismo español “en estado permanente de misión”. La hoja de ruta la ha marcado Francisco; lo difícil es cumplirla con los medios actuales, que la Comisión Permanente está estudiando a fondo antes de llevar su propuesta definitiva a la asamblea plenaria del episcopado. La idea es “ser incisivos y apremiantes en la misión evangelizadora”, concluyó el portavoz.

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