Los miembros de una secta que esperaban el fin del mundo en una cueva en Rusia dejan su encierro

La muerte de dos integrantes del grupo, que se recluyó en noviembre pasado, ha precipitado su salida a la superficie

Los miembros de una secta religiosa que desde hace medio año esperaban el fin de mundo en una cueva a unos 600 kilómetros al sureste de Moscú han puesto hoy término a su encierro subterráneo. La advertencia por las autoridades de que existía riesgo para su salud por la presencia en el refugio de los cadáveres de dos sectarias, fallecidas hace varias semanas, ha sido determinante para el abandono de la cueva, ha señalado el jefe de la administración del distrito de Bekosvk, Vladímir Provorótov.

"Se encuentran bien", ha asegurado Provorótov, citado por la agencia Interfax, al referirse al estado de salud de los fanáticos tras su prolongado encierro bajo tierra. Tenían previsto salir de la cueva a mediados de junio, para la festividad de la Trinidad.

El vicegobernador de la región de Penza, Oleg Mélnichenko, ha indicado que los equipos de rescate exhumaron la pasada madrugada los restos de las dos mujeres, que fueron trasladados a un depósito de cadáveres de un hospital local, donde serán practicadas las autopsias.

Los miembros de la secta apocalíptica aseguran que una de las mujeres falleció por un ayuno severo, y la otra, de enfermedad, según fuentes de la Fiscalía citadas por la agencia RIA-Nóvosti.

El encierro comenzó en noviembre del año pasado, cuando 35 miembros del grupo La auténtica iglesia ortodoxa rusa entraron en la cueva, acondicionada previamente, para esperar la llegada del fin del mundo. Los sectarios había hecho acopio de víveres y combustible para vivir meses o incluso años, y contaban con un pozo para cubrir sus necesidades de agua. Para llevar la cuenta del tiempo, los encerrados utilizaban relojes y un calendario, y también podían ver la luz del día a través de los orificios que habían abierto para ventilar la cueva.

Nada más comenzar su encierro, amenazaron con quemarse a lo bonzo si las autoridades intentaban sacarlos por la fuerza.

Un líder perturbado

El líder de la secta, Piotr Kuznetsov, un ingeniero de 43 años al que hace varios años le diagnosticaron una esquizofrenia después de proclamarse profeta, fue detenido en noviembre. Un grupo de psiquiatras de la Fiscalía ha declarado que Kuznetsov, quien anunció la llegada del anticristo para este mes de mayo, está con sus facultades perturbadas. Sin embargo, Kuznétsov, que hace varias semanas intentó suicidarse, podría ser condenado a tres años de cárcel por crear una organización religiosa por medios violentos, incitar al odio religioso y estar en posesión de literatura extremista.

A finales de marzo y principios de abril, 24 sectarios, entre ellos cuatro niños, salieron a la superficie tras varios derrumbamientos de tierra.

Los fanáticos, en su mayoría mujeres procedentes de Bielorrusia y Ucrania, habían anunciado su intención de abandonar su encierro el 27 de abril, cuando se celebró la Pascua ortodoxa en Rusia, pero luego desistieron de su propósito y anunciaron que saldrían a mediados de junio, para la festividad de la Trinidad.

"Podemos alegrarnos de que las personas que se encerraron en la cueva regresan a la vida normal", ha declarado a Interfax Gueorgui Riabij, secretario de Relaciones Públicas del Patriarcado de Moscú de la iglesia ortodoxa rusa. Riabij ha expresado su esperanza de que "con la ayuda de Dios esa gente pueda sanar física y espiritualmente y tenga fuerzas para volver a las normas de la vida cristiana normal, por las que la iglesia ortodoxa vela".

Según la Asociación de Centros de Estudio de Religiones y Sectas, en Rusia existen en torno a 80 sectas y cultos con entre 600.000 y 800.000 adeptos

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