Los islamistas que quieren la caída de Erdogan

El Saadet Partisi (Partido de la Felicidad), partido de corte islamista, se ha aliado con la socialdemocracia laica y aspira a atraer los votantes religiosos desafectos con el presidente turco. La alianza del islamista Saadet Paritisi junto a los socialdemócratas rompe el esquema religión-secularismo que rige en Turquía.

El largo reinado de poder del islamista Recep Tayyip Erdogan hace tiempo que rompió el tablero político turco. Durante sus 15 años como primer ministro y presidente de Turquía, su estrategia siempre se ha centrado en explotar las divisiones y rencillas que los diferentes grupos opositores mantienen entre ellos.

Pero a medida que ha concentrado más y más poder y polarizado por completo la sociedad turca, los rencores de la oposición han ido quedando detrás del principal objetivo: derrocar al Reis (jefe), como los erdoganistas denominan a su líder.

Solo así se explica que el partido prokurdo HDP [Partido Democrático de los Pueblos] esté dispuesto a apoyar a un político de ideología profundamente nacionalista turca. O que el islamista Saadet Partisi [Partido de la Felicidad] haya entrado en una coalición con los socialdemócratas del CHP [Partido Republicano del Pueblo], formación política que lleva por bandera la separación completa de Estado y religión.

El Saadet es un pequeño partido de corte islamista que nunca ha superado el 2,5% de los votos, muy lejos del 10% mínimo necesario para obtener representación parlamentaria. Pero por primera vez tiene opciones de conseguir diputados gracias a que acude en coalición con el CHP y los ultranacionalistas del IYI Parti [Partido Bueno], lo que puede resultar más atractivo para el votante religioso desencantado con Erdogan. Y en unas elecciones que se prevén muy ajustadas, donde cada voto va a ser clave para determinar si el actual mandatorio supera el 50% y, por tanto, renueva su presidencia pero con poderes ampliados, el pequeño Saadet Partisi puede ser un factor determinante.

“Creemos que alrededor del 15% de los votantes no está contento con las acciones del Gobierno y está buscando otro partido. Creo que la mayoría vendrá a nosotros”, aseguraba en recientes declaraciones a Reuters el líder de la formación islamista, Temel Karamollaoglu.

Karamollaoglu procede de la misma escuela ideológica que Erdogan. En los años noventa formaban parte del mismo partido, el Refah Partisi [Partido del Bienestar]. Pero al ser este prohibido y desmontado por los poderes fácticos de la época, los dos islamistas siguieron caminos separados. Mientras Erdogan triunfó con su AKP [Partido de la Justicia y el Desarrollo], Karamollaoglu pasó a la irrelevancia política, pero sin llegar a desaparecer, con el Saadet Partisi.

Y ahora, con una campaña centrada alrededor del candidato y no del partido, con una utilización moderna y efectiva de las redes sociales y los anuncios televisivos, Karamollaoglu está apelando a un votante joven, y no solo religioso:

“Estoy casi convencido de que voy a votar al Saadet Partisi”, explica Kerem, un ingeniero de 33 años procedente de la provincia de Konya, uno de los bastiones de Erdogan. “Su líder habla con un lenguaje accesible a los más jóvenes, aunque a mí sobre todo me gusta porque habla de una manera muy técnica, como un ingeniero. Las ideas religiosas no me influyen demasiado a la hora de querer votar por él”, añade Kerem, quien en el pasado dio su apoyo en las urnas a Erdogan. “Al AKP y a Erdogan ya no los quiero votar más porque no comparto la filosofía que tienen de democracia, están haciendo de Turquía un país cada vez menos democrático”.

En el conservador y religioso barrio estambulita de Fatih, también se pueden encontrar votantes desafectos con el, hasta ahora, incombustible líder turco. “Yo le voté en las otras elecciones presidenciales [en 2014] y también voté ‘sí’ en el referéndum del año pasado [que cambió la Constitución e instauró un sistema presidencialista], pero en esta ocasión no voy a hacerlo”, asegura un joven camarero y estudiante de cine en la Universidad de Estambul. “Creo que está corrupto, él y su partido. Además, no me gusta cuando habla en público y utiliza palabras muy vulgares e insulta a la gente”.

La alianza del islamista Saadet Paritisi junto a los socialdemócratas rompe el esquema religión-secularismo que rige en Turquía muchos debates y polémicas políticas. En esta ocasión, pues, las elecciones son, casi en su totalidad, un plebiscito sobre la figura de Erdogan. Y en el último referéndum, el mandatario solo pudo ganar por la mínima (51,41% – 48,59%) y entre denuncias de irregularidades.

Partidarios del presidente turco Tayyip Erdogan asisten a un mitin electoral en Estambul. - REUTERS

Partidarias del presidente turco Tayyip Erdogan asisten a un mitin electoral en Estambul. – REUTERS

“El trabajo que el AKP podía hacer ya está hecho y su período ha terminado”, señala un profesor de 52 años sentado en una terraza junto a un vaso de té y una televisión con el Brasil – Costa Rica. “Por ejemplo, con la legalización del velo [en 2008 las turcas pudieron comenzar a ir a la universidad con el cabello tapado] . Eso fue algo bueno, resolvieron un problema que tenía el país. Pero ahora ya no. Antes Erdogan era uno de los nuestros, alguien de la calle, peroahora se ha aislado por completo. Y cada gobierno que forma el AKP es peor que el anterior”, añade. Por todas estas razones, este hombre votará “a quien quiera que se enfrente a Erdogan en las elecciones”. Su compañero de mesa, en cambio, disiente de la opinión mostrada.

Y es que a pesar de los problemas económicos, la polarización social, las muestras de cansancio en esta campaña, la represión de los opositores y lo conflictos diplomáticos con países aliados, Erdogan mantiene entre muchos turcos su legendario carisma.

“Es verdad que ahora Erdogan se rodea con gente menos brillante. Pero él sigue teniendo alma de líder”, asegura este financiero también de 52 años, antes de añadir que a los turcos les gusta “un poco de totalitarismo”. “Tenemos que ser fuertes frente al imperialismo porque si no nos dividirán, como intentaron el 15 de julio [día del golpe de Estado contra Erdogan en 2016]”.

Lo mismo ocurre también con el votante más religioso. “Erdogan es el líder más fiable que ha habido en este país desde 2002”, añade un antiguo político local islamista en una cercana barbería. Con una poblada barba blanca, un tesbih o rosario musulmán en la mano y traje tradicional islámico, asegura: “Esperemos y deseamos que el Gobierno continúe con sus políticas religiosas. Hasta ahora Erdogan lo ha hecho muy bien y, si Dios quiere, lo seguirá haciendo”.

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