Los cristianos soportarán la convivencia con el Islam en Ceuta «mientras tengan su status dominante»

«La religión no solo mantiene su prevalencia en las relaciones sociales sino que se convierte en el principal elemento de división y confrontación», alerta

La convivencia entre las distintas comunidades religiosas y culturales que integran la sociedad ceutí, singularmente entre las dos mayoritarias, la “de nacionalidad española, origen peninsular y raíces religiosas y culturales católicas.” y la “de nacionalidad española (ya sean de origen o adquirida), origen magrebí y raíces religiosas y culturales islámicas”, no es un modelo “exportable”. “La convivencia de una minoría islámica en una sociedad europea es posible, al menos en el caso de Ceuta, pero que su consecución y mantenimiento requiere asumir unos costes sociales”, advierte el doctor en Ciencias Políticas y Sociología Carlos Rontomé en ‘Ceuta, convivencia y conflicto en una sociedad multiétnica’, el libro que presentará oficialmente el próximo martes en el Palacio autonómico, que conducen, si no hacia la “marroquinización” de la ciudad, sí hacia su “islamización”.

El trabajo, que recoge los resultados de su investigación sobre las características actuales de la población de la ciudad autónoma «desde un enfoque sociopolítico y con la objetividad y método científico propio del trabajo de estudio universitario» y a cuyo contenido ha tenido acceso Ceutaldia.com, concluye que “la convivencia entre una mayoría de origen europeo y una minoría islámica ha sido posible gracias a un frágil equilibrio y a fuertes deficiencias socioeconómicas” y que “el futuro de Ceuta dependerá en gran medida de la actuación de las élites políticas y religiosas musulmanas”.

En este sentido, resulta «fundamental» la penetración de «corrientes rigoristas, especialmente el tabligh, que se han convertido gracias a su líder [Laarbi Maateis], en la cabeza visible de la mayoritaria UCIDEC» y «también las actuaciones de las élites políticas pertenecientes al partido hegemónico de la ciudad, el Partido Popular», que «para lograr un acercamiento al electorado musulmán» ha optado en ocasiones por «asumir las propuestas de los partidos de corte étnico-religioso».

A juicio del autor, la convivencia “se ha convertido en el gran valor de los ceutíes” y es “el pilar sobre el que sostienen las relaciones interétnicas entre ambos grupos “con la certeza de que es la única vía para mantener lo logrado hasta la fecha”, pero según su criterio “este acuerdo tácito no puede ocultar que la convivencia se mantiene sobre la desigualdad social y la segregación residencial”.

“Los cristianos mantienen un fuerte rechazo a lo islámico a pesar de que las circunstancias les obligan a aceptar esta realidad”, apunta Rontomé, quien no duda de que a la comunidad todavía mayoritaria “la situación les resultará soportable mientras su status socioeconómico de grupo dominante se mantenga”.

Los «costes» de la convivencia

Según el sociólogo, “uno de los costes de la convivencia ha sido la mutación de la identidad de Ceuta”, donde “lo cristiano se está diluyendo al ritmo de la emigración de esta población y de las necesidades de oportunidad política de los partidos”. Para Rontomé, la introducción en el calendario laboral de la Pascua musulmana del Sacrificio es “el más claro exponente de esta realidad”.

“El crecimiento de la población musulmana y las estrategias partidistas encaminadas a obtener el favor electoral de esta, han convertido a Ceuta en una ciudad que se transfigura del territorio- frontera cristiano que era hasta finales de los años ochenta del siglo XX […] a una ciudad de difícil definición, donde la religión sigue siendo el principal de los rasgos definitorios de la identidad, pero esta religión no es ahora la católica sino la islámica que constituye el rasgo emergente de la nueva identidad ceutí”, diagnostica.

En paralelo, “la religión no solo mantiene su prevalencia en las relaciones sociales sino que se convierte en el principal elemento de división y confrontación” de tal forma que “el multiculturalismo ha acabado penetrando en la sociedad ceutí hasta el punto de que los protagonistas de esta ya no son los individuos, sino los grupos religiosos”.

Marroquinización, no; islamización, sí

El libro augura que la marroquinización de la ciudad, entendida como la “modificación de la identidad de Ceuta hasta asimilarse a la sociedad marroquí”, no resulta “un escenario probable”, pero sí su “islamización”, es decir, “el predominio de la población musulmana y del islam en la vida pública”. “Tras la consecución del reconocimiento de las fiestas islámicas”, prevé Rontomé, “los próximos pasos se encaminarán a la consecución de otro tipo de reconocimientos que terminarán por asentar la identidad islámica de la ciudad”. “No será necesario activar algún tipo de ciudadanía diferenciada, sino una ciudadanía acorde con la nueva realidad socio-religiosa”, señala.

“La Ceuta actual es una ciudad en situación de transición desde el modelo de ciudad española del sur peninsular al de una ciudad de identidad islámica”, resume el politólogo sobre un tránsito que “se inició con las nacionalizaciones de finales de los años ochenta y es ya un proceso social imparable”.

Imparable pero «no exportable». Nuestra situación geográfica como espacio-frontera «ha sido un elemento favorecedor de la convivencia entre musulmanes y no musulmanes», contextualiza Rontomé, pero también hará «improbable»que la evolución multiculturalista de la ciudad se pueda producir en otros espacios del territorio nacional, «tal y como muestra el hecho de que con menores porcentajes de población musulmana en regiones cómo Cataluña, se hayan dado pasos en el sentido de limitar la visibilidad de ciertos rasgos islámicos como los velos integrales».

Desde su punto de vista, “los bajos indicadores educacionales de los musulmanes ceutíes” constituyen “el principal escollo para la viabilidad de la ciudad”. “Esto, unido al éxodo de la población no musulmana y de los individuos más capacitados”, anuncia, “mantendrá a la ciudad dentro de los niveles de pobreza y subsidiariedad actuales, e incluso es previsible una profundización de estos aspectos y de la necesidad de que la administración sea su primer mantenedor económico”.

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