Los cristianos de Sudán estrenan su propio Estado

El nuevo país cuenta con el 75 por ciento de las reservas de crudo del territorio sudanés

La República de Sudán del Sur ha nacido este sábado oficialmente tras el izado de la bandera del nuevo Estado, en una ceremonia en Yuba a la que han acudido ochenta delegaciones extranjeras y una treintena de jefes de Estado. El líder del Movimiento Popular de Liberación de Sudán, Salva Kiir Mayardit, ha jurado como presidente de la nueva República del Sur de Sudán.

«Nosotros, los representantes democráticamente elegidos por el pueblo, declaramos Sudán del Sur como un estado independiente y soberano», dijo el presidente del Parlamento de Sudán del Sur James Wani Igga leyendo la proclamación formal de la independencia.

En la ceremonia, que ha tenido lugar en el mausoleo dedicado al exdirigente rebelde John Garang, ha habido sendos sermones de dos dignatarios religiosos, musulmán y religioso respectivamente, ante un desfile militar del Movimiento Popular de Liberación del Sudán, los exrebeldes sudaneses.

La nueva bandera de Sudán del Sur fue izada bajo los aplausos frenéticos de la multitud. «No nos someteremos jamás, jamás», han gritado miles de sursudaneses, algunos de los cuales han llorado durante el izado de la enseña.

Igga ha llamado al combate del pueblo sursudanés «para la justicia, la libertad, la igualdad y la emancipación política y económica», añadiendo que la nueva república desearía «establecer un sistema de gobierno que respete el Estado de derecho, la justicia, la democracia, los derechos del hombre y la diversidad».

Dos millones de víctimas después, en Sudán del Sur comienza una nueva era. Desde este sábado, este nuevo país africano —de mayoría cristiana y animista—se convierte en la nación más joven del mundo al declarar su independencia del norte musulmán, tras más de dos décadas de guerra civil. Dos Estados muy diferentes, al menos en lo ideológico, y cuyo conflicto —falsamente tachado de religioso— podría recrudecerse una vez consumada la escisión.

Según cifras del Gobierno local, en el sur el 60% de la población profesa la fe cristiana y el 22%, la musulmana —religión que representa cerca de un 90% en el norte. De igual modo, el animismo está presente entre ambos credos. Sin embargo, como denuncia a ABC Agnes Kwaje, ministra de género de Sudán del Sur, «el imaginario enfrentamiento entre religiones es tan sólo la excusa del norte para desestabilizar al nuevo Estado, en el que siempre hubo una convivencia correcta entre credos».

La vinculación no es desinteresada. En la actualidad, Sudán —norte y sur— es el tercer mayor exportador de crudo del África subsahariana, con una producción cercana a los 480.000 barriles diarios. No obstante, pese a encontrarse casi el 75% de las reservas en el sur, los acuerdos de paz de 2005 estipulan que ambas regiones se dividan los ingresos del petróleo a partes iguales. Y aquí es donde surge el conflicto en las regiones fronterizas —y petrolíferas— de Abyei y Kordofán del Sur en disputa entre el sur y el norte. Desde junio, al menos 150.000 personas han huido tras aumentar el gobierno norteño la presión sobre las zonas en conflicto, en las que, además, el referéndum de independencia quedó aplazado «sine die». De igual manera, Naciones Unidas denuncia la posibilidad de que se esté cometiendo en la región «un genocidio» contra los miembros de la etnia Nuba, una comunidad fundamentalmente animista.

Sin embargo, las miserias de la actual Sudán del Sur no se limitan tan solo al expolio protagonizado por el gobierno de Omar al Bashir. En 2005, finalizada la guerra civil, el país africano tan sólo contaba con cerca de 20 kilómetros asfaltados de carretera y el 90% de su población era analfabeta. Seis años después, el panorama no ha cambiado demasiado, con una dependencia extrema de la ayuda exterior.

Según un reciente informe de la organización Norwegian People's Aid, desde el fin del conflicto, el 9% de la superficie total del nuevo estado ha sido adjudicada ya a empresas de capital extranjero. Como asegura a ABC el cónsul chino de comercio para el sur de Sudán, «el petróleo sigue siendo la columna vertebral de la economía del norte y del sur, por lo que esperamos continuar una excelente relación con ambos Estados».

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