Las voces críticas de la Iglesia ante la JMJ

Sacerdotes, religiosos y movimientos cristianos de base censuran el alto coste de la visita del Papa y lamentan la alianza entre la Iglesia y el poder económico para financiar un evento en el que no se sienten representados

No se oponen a la visita del Papa ni a la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud pero sí rechazan los modos en los que se ha organizado y financiado esta visita, bajo la batuta del poderoso cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Aseguran que es un dispendio inaceptable en una situación de crisis y se aleja del mensaje de Jesús

"Así no queremos que venga Benedicto XVI". La afirmación del sacerdote Evaristo Villar, miembro de Redes Cristianas, movimiento que agrupa a 150 organizaciones de curas, seglares, laicos y religiosos, no puede ser más explícita. Eubilio Rodríguez, párroco en la Cañada Real, una de las zonas más deprimidas de Madrid reclama "el derecho a disentir y a expresar una opinión diferente dentro de la Iglesia". "No pretendemos tener razón pero sí aspiramos a poder manifestar nuestro punto de vista, que comparten por cierto muchos de nuestros feligreses". Una de las objeciones principales es el alto coste económico del evento. Al margen de las polémicas sobre quién y cómo se financia, los movimientos cristianos de base consideran un "escándalo social" el dispendio económico de una cita de esta naturaleza en el contexto actual de crisis económica. Tampoco les gusta el "boato" que dicen percibir en un evento diseñado más como demostración de poder de la Iglesia Católica que como expresión del mensaje primigenio del evangelio, basado en la humildad y el acercamiento a los pobres y desheredados.

"Sólo se ha tenido en cuenta a las parroquias para facilitar duchas y camas"

En esa idea insiste el documento hecho público por el Foro de Curas de Madrid, 120 sacerdotes de otras tantas parroquias, que han enviado al cardenal Rouco una carta en la que expresan su malestar ante la "alianza entre la Iglesia y las grandes empresas que patrocinan la Jornada Mundial de la Juventud". "Ese pacto con las fuerzas económicas y políticas refuerza la imagen de la Iglesia como institución privilegiada y cercana al poder y la aleja de una sociedad cada vez más secularizada", lamenta el sacerdote Rafael Rojo, cura en el barrio madrileño de Canillejas.

Estos colectivos lamentan también que no se haya tenido en cuenta a la iglesia de base en la organización de la jornada, salvo para cuestiones logísticas. "No se ha hablado con nosotros de mensajes, de compromiso social, de la modernización obligada de la Iglesia en el mundo actual, tan sólo se nos ha llamado para ver cuántas duchas podíamos ofrecer o cuántos peregrinos podíamos alojar en nuestras parroquias", lamenta Eubilio Rodríguez.

"Oportunidad perdida para que la Iglesia recupere el crédito moral perdido"

Otra de las asignaturas pendientes que señalan es el papel subsidiario que la Iglesia Católica sigue concediendo a la mujer. Elena Sanz, de "Somos Iglesia" es una joven bilbaina que hace tres años presentó simbólicamente su candidatura a la presidencia de la Conferencia Episcopal y que ahora observa con distancia los preparativos de la visita del Papa. "La Iglesia sigue viendo a la mujer como alguien de segunda, sin reconocernos el papel que desempeñamos en las comunidades cristianas y en la propia sociedad. Lamentablemente, la jerarquía sigue controlada por una Iglesia de hombres poderosos y de derechas, para hombres poderosos y de derechas", asegura.

Por todo ello hablan de la JMJ como una gran oportunidad perdida para que la Iglesia pueda recuperar el crédito social y moral perdido en los últimos tiempos. Una regeneración imprescindible, dicen, para la pervivencia de un mensaje: el de Jesús de Nazaret, más vigente y necesario que nunca en los tiempos que corren.

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