«Las tradiciones encerradas en sí mismas se mueren»

Raimon Ribera, presidente del Centro Unesco catalán, presenta el Parlamento de Religiones, que se celebrará en Barcelona en julio de 2004

Habituado a barajar hipótesis y decidir con acierto, Raimon Ribera (Barcelona, 1951) adiestró sus habilidades gestoras tras años de trepidante actividad profesional en ámbitos tan dispares como el Departamento Internacional de Banca Catalana, la Fundación Joan Miró, el Tribunal de Cuentas Europeo y el Comisionado para la Defensa de los Derechos Civiles del consistorio barcelonés. Ahora se aplica en la dirección del Centro Unesco de Cataluña y anuncia con ilusión su proyecto compartido más inmediato. «Bajo el lema ‘Senderos de paz: el arte de saber escuchar, el poder del compromiso’, vamos a convocar entre el 7 y 13 de julio de 2004 en la Ciudad Condal – dentro del Fórum Universal de las Culturas- la cuarta edición del Parlamento de las Religiones del Mundo ». Y puntualiza: «Tras dos emplazamientos en EEUU y uno en Sudáfrica, ésta será la primera vez que se celebre en Europa».

Así se diluye el marchamo anglosajón de los encuentros anteriores, condicionado por la nacionalidad del propio Consejo organizador, con sede en Chicago. «Hoy por hoy, la vocación de este organismo es universal. Y a todos los niveles; es decir, en esta reunión no sólo se acogerá a portavoces institucionales y teólogos, sino principalmente a gente de base».

La cita multitudinaria -se prevé una afluencia de 8.000 personas- irá precedida por una asamblea de «400 líderes religiosos y sociales», dispuestos a zanjar «con fórmulas prácticas» conflictos que asedian la convivencia internacional: la escasez del agua, la situación de los refugiados y la violencia religiosa. Entre los participantes, destacará la presencia del Dalai Lama, el patriarca Bartolomé de Constantinopla y valedores de la teología de la liberación como Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez. Y quizás dé la sorpresa un religioso catalán fervorosamente comprometido con los más desfavorecidos en Brasil: «Ojalá no falte el obispo Pedro Casaldáliga».

En sintonía con la reivindicación del pragmatismo – «la religión tiene una vertiente política fundamental»-, Ribera recalca que el Parlamento de las Religiones del Mundo es una reunión democrática de raíz. «Su desarrollo lo determinará la gente que se inscriba. No existe una estructura piramidal que marque las pautas.» A lo largo de la semana, se distribuirán 500 actividades estructuradas en simposios, conferencias, talleres y exposiciones «que sentarán las bases de un acercamiento posible y útil». Aproximación también entre géneros: las protagonistas del Sínodo de Mujeres, que tuvo lugar el pasado verano en Barcelona, contarán con «un espacio para hacer públicas sus conclusiones».

No cabe vacilar: «Urge el debate en un país con un talante monolítico muy arraigado; la apertura hacia el ‘otro’ siempre ha sido muy difícil». A pesar de que la defensa exacerbada de la propia identidad es un camino suicida: «Las tradiciones que se cierran en banda a otras realidades están condenadas a morir». Por eso, la vitalidad de la Iglesia depende de «su capacidad para afrontar la modernidad y la legitimidad de otras confesiones». Este diagnóstico choca con el talante oficial de la jerarquía eclesiástica. No obstante, si cambia de actitud, será crucial: «Desde la caída del Muro, no ha habido novedades sociales ni culturales. En este sentido, el diálogo interreligioso es un reto. Nos ayudará a no perder el tren del futuro».

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