«Las mujeres deberían poder ser sacerdotes». Entrevista con Jordi Cervera

Se presenta con el hábito de capuchino porque le gusta ejercer de lo que es y conversamos a la hora del descanso, cuando los frailes, después de comer, reposan. Solo se oyen los pájaros del huerto. Hay paz. Aquí entiendes algo más de lo que debe de ser el recogimiento, la plegaria. Tiene 44 años, hace 22 se ordenó fraile y reconoce que, como los demás hombres, él también atraviesa la crisis de los 40, pero no se esconde. Habla desde el convencimiento de que, en su caso, la elección que hizo será para siempre.

–Nunca lo he entendido. ¿Por qué las misas son aburridas?
–No lo son. El ritmo y la estructura están muy bien pensados, pero nosotros las hacemos aburridas. Los tonos de voz, los gestos rutinarios con sermones largos y un lenguaje que cuesta seguir…

–Pues tendrán que espabilar si quieren conseguir que vaya gente joven.
–Los jóvenes no van porque ahora no toca ir a misa. Los padres tampoco van. Pero que no vayan a misa no quiere decir que no tengan sensibilidad religiosa.

–¿Y qué me dice de la acústica de las iglesias? Siempre se oye todo con eco.
–En los últimos tiempos han cambiado los micros de muchas iglesias, pero como la mayoría de curas son mayores y empiezan por no oírse a ellos mismos, esto pasa a ser un tema secundario. Lo mismo ocurre con los fieles, que cada vez son más mayores y están más sordos. También influye que las iglesias están vacías: si hubiera mucha gente, la acústica sería mucho mejor. El día de la misa del gallo, por ejemplo, pasa lo contrario: se oye poco porque asiste mucha gente.

–Han pasado 22 años desde que se ordenó fraile. ¿Cómo evoluciona la fe?
–Con subidas y bajadas, como en cualquiera. Se viven unos primeros años de enamoramiento, de pasión. Luego viene la etapa del equilibrio, de la madurez, y a partir de los 40… la crisis.

–¿Ha vivido usted la crisis de los 40?
–Síííí… Como todo el mundo. Mejor dicho, como todos los hombres: las mujeres, la crisis de los 40, no la viven. Pero yo sí y quizá, vaya usted a saber, quizá todavía dura…

–¿Dura?
–No lo sé.

–¿Cómo explicaría la crisis?
–Tengo 40 años, como mucho me quedan 40 más. Todavía tengo energía para empezar de nuevo. Uno se plantea si tiene sentido el ritmo de vida que lleva. Plegaria por la mañana, plegaria al mediodía y plegaria por la noche. Misa diaria por la mañana, y a partir de ahí las actividades que cada uno asume en el convento. Es una crisis existencial. Quién soy y de dónde vengo. Es una ITV del proyecto de vida. Es un interrogante, un misterio. También a esa edad, por mucha fe y confianza en el mas allá que tenga, uno se plantea la idea de la muerte.

–¿Pero, usted que es fraile, cree que todo se acaba en 40 años?
–Bueno, mi vida humana en la tierra seguro que se acaba. La otra… Dios dirá.

–Cuando uno dedica la vida a los demás, ¿corre el peligro de perderse a sí mismo?
–Sííííí. Es más, corres el riesgo de convertir las actividades en un huir de ti mismo. Las crisis que llegan se producen porque, en el fondo, uno se aleja de la esencia de su decisión, como en los matrimonios.

–¿Alguna vez se ha llegado a plantear la posibilidad de colgar el hábito?
–Ahora tengo claro que no, pero evidentemente que me lo he llegado a plantear. Pero justamente las crisis sirven para fortalecer.

–¿Y le gusta ser fraile tal y como se entiende hoy?
–Cuando digo que soy fraile es aceptando lo que me toca vivir, que no es lo ideal, pero es lo real.

–¿Los curas se tendrían que poder casar?
–Algunas iglesias lo permiten, y no me parecería mal que la Iglesia católica permitiera a los curas casarse. Pero yo quiero mi celibato.

–Si se pudiera hacer un referendo, ¿qué votaría?
–Votaría que sí.

–¿Votaría también que sí a que las mujeres pudieran ser sacerdotes?
–La Iglesia católica en Occidente y en Norteamérica, donde hay una clara presencia social de la mujer, debería permitirlo. La Iglesia anglicana y la luterana ya tienen mujeres que son pastoras. Y lo peor de la Iglesia católica es que no hace ningún esfuerzo en esta dirección. Si en los partidos políticos hay cuotas, no veo por qué en la iglesia no puede haberlas.

–Porque con la iglesia hemos topado.
–Sí, y soy escéptico con la capacidad de renovación de la Iglesia: veo una Iglesia en Europa envejecida. Hay una crisis muy fuerte de vocaciones, y la distancia que hay entre los curas mayores y los jóvenes que suben es cada vez mayor.

–Por cierto: ustedes ¿de qué viven?
–Vivimos de las jubilaciones de los frailes que hay en el convento, porque hay muchos frailes que ya son mayores. También contamos con lo que recogemos al pasar la bandeja, de los donativos, y del trabajo que algunos hacemos fuera de aquí. Yo, por ejemplo, soy profesor de la Facultad de Teología, y la miseria de sueldo que recibo por ello es para la comunidad.

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