Las guerras religiosas en las escuelas de Florida

La Legislatura de la Florida parece haber olvidado que hace mucho tiempo la Corte Suprema de Estados Unidos decidió que los directores de las escuelas públicas no pueden imponerle a los estudiantes ni rezar ni ningún tipo de religión. Sin embargo, ello no ha impedido que legisladores cristianos busquen una medida para que la religión entre a toda máquina en la vida de las escuelas públicas.

De tener éxito, los estudiantes musulmanes, por ejemplo, podrían llevar a las escuelas sus alfombras y arrodillarse para orarle a Alá. ¿Por qué no? A ninguna práctica religiosa se le podría prohibir espacio en los terrenos escolares. Si se permite que aumenten los derechos religiosos de un determinado grupo, entonces habrá que hacer lo mismo con los demás. Y los ateos y agnósticos no podrían ser perjudicados por no participar en actividades religiosas. Ellos también tendrían su espacio para expresar sus puntos de vista en igual medida que los religiosos expresan su fervor.

Esta idea terrible goza de un gran apoyo. Así que preparémonos para las guerras religiosas en las escuelas de la Florida.

La semana pasada se aprobó un proyecto de ley en la Cámara con una votación de 114 a favor y sólo tres en contra, que ordena que la religión regrese a la vida escolar de forma oficial. Un proyecto de ley del Senado, que también se aprobó con gran respaldo hace dos semanas, le exige a las escuelas que los estudiantes tengan “un foro público limitado” para rezar y expresar sus creencias en reuniones escolares y en otras actividades que organiza la escuela. Los estudiantes también pueden vestir ropas y accesorios religiosos, como si no estuvieran haciendo esto desde siempre. No he escuchado que a nadie le hayan pedido que se quite la cadena con la medalla de una virgen o la estrella de David. Incluso he visitado aulas donde las musulmanas jóvenes usan hiyab. Se trata de una parte orgánica del estilo de vida multicultural, pero quizás en otras partes de la Florida haga falta la fuerza de la ley.

Los legisladores quieren también que se permitan grupos de oraciones y eventos religiosos en las escuelas del mismo modo que funcionan los clubes seculares. Así, los musulmanes y los cristianos evangélicos pueden compartir espacio con el Key Club y los actores dramáticos. Se me ocurren un sinfín de mezclas. ¿Qué les parece los santeros con el club de francés?

Lo más increíble de las propuestas legislativas es que pretenden que la religión y temas seculares tengan la misma importancia en los planes de estudios.

Esto me hace recordar la práctica en Cuba de obligar a los maestros a incorporar el dogma comunista en las clases de Gramática, Historia, Geografía, etc. Que me perdonen por siempre sacar como ejemplo a Cuba, pero es un tema que conozco bien. No solamente porque mi madre era maestra y tras negarse a hacerlo tuvo que renunciar, sino porque estudié en la isla hasta que empecé el sexto grado. Recuerdo con claridad las dificultades de tratar de reconciliar el adoctrinamiento político con lo que veía y escuchaba en mi casa y en las calles y con lo que estaba pasando en Cuba. Me acuerdo de una composición que tuve que escribir sobre líderes de la revolución. Otros niños hicieron empalagosas odas. Yo mantuve mi trabajo estrictamente biográfico y desde entonces los datos son mis mejores amigos.

El adoctrinamiento religioso es muy parecido y no debe permitirse en las escuelas públicas. La religión, como asignatura, se enseña a nivel universitario bajo el escudo de humanidades sin proselitismo. Las ciencias están en otro nivel. No son iguales.

Los derechos a la expresión religiosa ya están protegidos por las constituciones de EEUU y de la Florida. Entonces, ¿por qué dedicar toda esta energía legislativa a este tema? Aquellas personas que quieran que sus hijos reciban una educación religiosa pueden mandarlos a una escuela religiosa.

Si la libertad religiosa ya se garantiza en las escuelas públicas, entonces ¿qué sentido tiene esta propuesta?

La Legislatura de la Florida quiere que la devoción religiosa se convierta en la política de las escuelas públicas, pero eso constitucionalmente no tiene mérito.

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