Lamento masculino por el velo ajeno

Los hombres musulmanes se toman peor que las mujeres la prohibición en edificios municipales

«Aquí es muy difícil practicar mi religión: yo quiero tener una mujer con burka». Beggah Mouloud, un joven argelino de 23 años que frecuenta un bar de la calle del Nord de Lleida, quiere casarse con una chica que vista velo integral. Se ha fijado en su prima, de 21, que lo lleva en Argelia, pero no quiere traerla a la capital del Segrià, donde él vive desde hace tres años. «Iré yo, es mejor; aquí nos complican mucho las cosas», dice. Su hermana, que reside en Valencia, lleva niqab.

Mouloud no es el único magrebí que piensa volver a su tierra de origen, o que dice que lo piensa, a raíz del veto de la prenda en los edificios municipales. «Si las cosas se ponen mal, me iré a mi país», asegura un marroquí afincado en Lleida y casado con una mujer que lleva burka, según precisa él mismo.

La decisión del ayuntamiento ha sentado peor entre los hombres que entre las mujeres. Al Nissaa, marroquí, contaba ayer al salir del rezo de la mezquita del Nord que él prefiere a la mujer cubierta. Su actual esposa, musulmana, viste pañuelo. La anterior, boliviana, no lo llevaba. «Lo que quiero es que la mujer esté tapadita en la calle y sexi en mi casa, quiero que este guapa para mí solo, no que se arregle para salir y luego vuelva fea», explica en un bar. Al momento, insiste en que las chicas que usan velo integral se lo ponen por voluntad propia, no porque lo quieran sus esposos. «Es algo entre ellas y Alá», dice mirando hacia arriba.

Satisfacción femenina
Una limpiadora marroquí de 30 años que prefiere usar el seudónimo de Hanna Haidar para evitar que su marido la reconozca no opina lo mismo. «Pienso que las que llevan niqab lo hacen porque les obligan sus maridos, el islam no habla de que haya que taparse la cara». Poco antes de esta conversación, al acabar su jornada laboral, se encontró en la calle de Alfred Perenya con una mujer con burka. «He pensado en que para ella pueden cambiar las cosas, que quizá no sepa que hoy muchas personas han hablado pensando en mujeres como ella», cuenta.

Una conocida de Hanna Haidar con menos suerte que ella –no tiene trabajo ni papeles– está contenta de que Lleida sea la primera ciudad en España que restringe el uso del velo integral. «Es una maravilla que se haya hecho algo. También tendría que prohibirse en la calle». Ella no lleva pañuelo.

El médico y profesor de la Universitat de Lleida Jorge Soler, que trabaja en el CAP de Rambla Ferran, uno de los más frecuentados por inmigrantes, corrobora la idea de que son pocas las árabes que llevan velo integral en Lleida. El autor del libro ¿Por qué lloran los inmigrantes? cree que la prohibición puede ser un arma de doble filo. «Existe el riesgo de que algunas mujeres dejen de salir por miedo», avisa.

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