«La yihad de la palabra» socava los cimientos de la República de Ataturk

Según sus propias palabras, era necesario formar a los niños que en el futuro asumirían los principales cargos públicos, tanto dentro de la Administración, como la Judicatura, la Educación o las Fuerzas Armadas

Si Ataturk levantara la cabeza, se revolvería en su tumba al ver cómo Said Nursi, defensor del islam y uno de los principales detractores de su proyecto político laico, le está ganando la partida un siglo después de fundar la República de Turquía.

Said Nursi fue un teólogo que alcanzó gran popularidad en plena revolución kemalista, cuando Ataturk (el padre de los turcos) propugnaba, al finalizar la I Guerra Mundial, la creación de un Estado moderno, secular y pro-occidental, además se suprimir la tradicional grafía árabe para sustituirla por la escritura latina.

Para Said Kurdi, como también era conocido al ser originario de Bitlis, una histórica ciudad kurda, el Imperio Otomano había sido derrotado porque la religión musulmana había abandonado la impronta científica y cultural de la Edad Media, mientras que los países europeos alcanzaban gran desarrollo económico precisamente por su dominio de la ciencia y las fuentes de riqueza.

La solución no era, por lo tanto, renunciar a la religión adoptando los valores morales de Occidente, como pretendía Ataturk, sino hacer compatible el islam con el desarrollo científico a través de las universidades, los centros educativos y la formación cultural. Frente a la yihad de la espada, había que impulsar la yihad de la palabra y reemplazar a los muyahidines por las élites intelectuales.

El cheik de Bitlis llegó a ser una seria amenaza para la República y Ataturk intentó integrarlo en su proyecto republicano creando, a su medida, un Ministerio de Asuntos Religiosos para las provincias orientales, pero Nursi rechazó la oferta. A partir de entonces, fue deportado a la aldea de Bala, en la región mediterránea, donde vivió en un exilio interior hasta su fallecimiento en 1960. Después y ante el temor de que su tumba se convirtiera en centro de peregrinación, fue enterrado en un lugar desconocido.

Seis años después, el testigo era cogido por un joven imam de 25 años, originario de Erzurum, que estaba destinado en una mezquita de Izmir. Se llamaba Fethullah Gulen. Él se encargó de actualizar el pensamiento de Nursi y de llevar a la práctica, creando el movimiento Hizmet, las ideas que el teólogo de Bitlis no pudo realizar durante el régimen militar de Ataturk.

Desde entonces, Fethullah Gulen no ha cejado en su trabajo de preparar a aquellos que un día se encargarían de ocupar los puestos claves del Estado, concentrando toda la actividad de su cofradía en la creación de centros de enseñanza superior, como la importante Universidad Fatih de Istanbul, residencias para los estudiantes (isikevi) y cursos de preparación universitaria (dershane), similares al antiguo COU del sistema educativo español.

Según sus propias palabras, era necesario formar a los niños que en el futuro asumirían los principales cargos públicos, tanto dentro de la Administración, como la Judicatura, la Educación o las Fuerzas Armadas; pero esta labor se debía hacer sin llamar la atención, trabajando de forma secreta dentro de las estructuras del Estado hasta llegar a los centros de poder.

Se ha llegado a afirmar que en torno al 70 por ciento de los jóvenes turcos que quieren acceder a la Universidad pasan por las dershane, cuyo cierre ha desencadenado la guerra abierta entre el Gobierno turco y el movimiento Hizmet, aunque lo más sorprendente ha sido su capacidad de infiltrarse dentro de la Policía y el Ejército, instituciones que parecían reservadas para los kemalistas defensores del laicismo.

Durante todos estos años el gulenismo ha sido un movimiento auxiliar del gubernamental Partido del Desarrollo y la Justicia (AKP). Ambos coincidían en el objetivo final de islamizar la sociedad turca, aunque el partido liderado por Tayip  Erdogán aceptaba el juego democrático en consonancia con su orientación reformadora dentro del integrismo, mientras que Fethullah seguía funcionando con tácticas propias de la mafia. Aunque ambos también rechazaban la yihad de la espada, Erdogán no ha tenido reparos en apoyar el yihadismo en Siria para aumentar su influencia internacional. Gracias a este periodo de cooperación, el movimiento Hizmet se ha beneficiado de las purgas puestas en marcha por el AKP dentro de la Judicatura, la Policía y el Ejército para desplazar de los puestos clave a miles de funcionarios con ideas kemalistas.

Este fenómeno político habría hecho las delicias de Antonio Gramsci, el teórico italiano que renovó el pensamiento marxista planteando la formación de “nuevos bloques históricos” a través de la hegemonía cultural de lo que denominaba “intelectuales orgánicos”. En este caso, nos encontraríamos ante el enfrentamiento, debido a intereses específicos, de dos sectores de un nuevo bloque histórico, cuyo objetivo sería poner fin al sistema kemalista.

El Gobierno Erdogán era consciente de esta amenaza desde que el año 2004 el Consejo de Seguridad Nacional estudiara posibles medidas legales para frenar la expansión de la cofradía dentro del Estado. Sin embargo solo cuando el propio Gobierno de Erdogán se ha sentido amenazado por las denuncias de corrupción impulsadas por policías y jueces gulenistas, ha reaccionado contra el movimiento Hizmet. Del poder que ha llegado a alcanzar da una idea que ahora Erdogán tienda la mano al Ejército, hasta ahora su principal enemigo, mostrándose dispuesto a revisar el “caso Ergenekon” e incluso estudiando la posibilidad de un indulto general para los casi trescientos militares condenados en ese proceso por intento de golpe de Estado.

Said Nursi    Fethullah Gulen

Said Nursi. / Wikipedia                                                 Fethullah Gulen. / Wikipedia

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