La vertiginosa caída de fieles preocupa a la jerarquía de las tres diócesis vascas

Un 15,2% se declara no creyente, un 7,2% se pronuncia como abiertamente ateo y un 2,1% se define creyente de otra religión.

La basílica de Begoña. (David de Haro)

CAYENDo en el tópico fácil, se podría decir que ni Dios va a misa. Porque los feligreses dejan el millar de iglesias vascas cada vez más vacías y, según el último barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), menos de un 13% de los ciudadanos que se declaran católicos acude a los oficios religiosos. Junto a Catalunya, Euskadi es ya la autonomía más secularizada del Estado. La vertiginosa caída de fieles preocupa a la jerarquía de las tres diócesis vascas, consciente de que la asistencia a misa se ha desplomado un 20% en la última década. El nuevo obispo titular de Bilbao, Mario Iceta, admite la "debilidad de nuestra iglesia que también se traslada a las misiones y al número de vocaciones". "Cada tiempo tiene sus dificultades", sentencia. Éste es uno de los retos que deberá afrontar el nuevo obispo. Porque en Euskadi se elevan pocas plegarias al cielo a pesar de que en Bizkaia haya una parroquia para un rebaño de 3.839 habitantes y en Gipuzkoa, una por cada 3.116 y Araba disponga de una iglesia para cada 723 ciudadanos. Además, la CAV es, según la estadística, una de las comunidades donde existe más riesgo de encontrarse un ateo. Un 15,2% se declara no creyente, un 7,2% se pronuncia como abiertamente ateo y un 2,1% se define creyente de otra religión.

El escaso predicamento del catolicismo es una evidencia palpable y el propio Ricardo Blázquez, hasta hace cinco meses prelado de Bilbao y actual arzobispo de Valladolid, admite como "obvio" que el número de participantes en la misa de los domingos ha disminuido. El anterior obispo de Donostia, Juan María Uriarte, también había expresado su preocupación por el descenso de las personas que acuden a misa, la disminución de los jóvenes en la comunidad cristiana y la falta de vocaciones.

Jesús Garitaonandia, rector del santuario de Begoña, confirma que la pertenencia a la Iglesia ya no implica una adhesión tan firme como antes, y que su influencia en la sociedad civil se ha debilitado. Es consciente de la alarmante bajada de fieles aunque no viva en carne propia el descenso. "Yo tengo muchísima suerte porque la asistencia de fieles al santuario es enorme. En la Basílica de Begoña hay muchísima devoción y llega gente de todo el territorio a honrar a la amatxu".

Sin embargo, Garitaonandia no es ajeno a la escasa vitalidad del catolicismo. "Pero hemos detectado que mientras la afluencia a las parroquias ha bajado terriblemente, la asistencia a los santuarios no deja de crecer". A su juicio, obedece a que el "santuario tiene un olor especial y a que aquí se encuentra una suerte de espiritualidad y de cristianismo que no existe en otros lugares". "Quizá en las parroquias se pide a los fieles otro tipo de militancia, otro tipo de participación más constante que en los tiempos que corren, llega a molestar".

A su juicio, el hecho de que los cristianos sólo acudan de manera destacada a oficios de celebración como bodas, bautizos, comuniones o funerales, no es una actitud hipócrita. "En cualquier caso, se podría decir que los asistentes no son consecuentes con las obligaciones de sus creencias", precisa Garitonandia, "pero no se le puede exigir a nadie que acuda por compromiso".

Una sociedad más abierta y con más actividades resta también asistencia. "Quizá en la sociedad actual lo que se produce es una reacción en negativo a la obligación de oír misa los festivos o las fiestas de guardar. Si los fieles vienen un domingo o dos, o una festividad importante, bienvenidos sean, lo que no se puede es abroncarles porque no venían, como ocurría antes", se disculpa el rector, a sabiendas de que a la basílica acude gente durante todo el año, porque además es la que más horas permanece abierta. "Y todo el mundo acude con mucho respeto y sentido de la fe", se congratula.

calvas y canas Curiosamente, la CAV superaba hace unas décadas las tasas de religiosidad en comparación con el nivel medio español. En 1972, la media de asistencia a misa dominical era del 71, 3% y en España del 34, 6%. Pero desde esa fecha los índices caen drásticamente y a partir de 1983, empiezan a acercarse a los registros del resto de España, según señalan Alfonso Pérez Agote y Gloria Gómez, sociólogos de la UPV.

En 1998, el porcentaje de católicos practicantes en el País Vasco era del 80% entre los mayores de 60 años, pero sólo del 16% entre los jóvenes de entre 18 y 25 años. Y es que, en la actualidad, sólo las calvas y las canas pueblan algunos bancos de las parroquias.

Pese a este descenso de feligreses, Ricardo Blázquez considera que hay otros muchos signos de participación con la Iglesia católica como el apoyo creciente a Cáritas y que el número de padres que solicita la asignatura de religión para sus hijos se mantiene pese a obstáculos como que cada curso tienen que reiterar que quieren esta enseñanza. Respecto a Cáritas, monseñor Blázquez señala que en la Diócesis de Bilbao la aportación económica de los fieles desde que "la crisis empezó a golpear con mayor dureza" se ha incrementado un 40 %, multiplicándose el trabajo de los voluntarios.

Pero el mayor reto para los creyentes, es que los jóvenes hayan decidido dar la espalda a la Iglesia. Quienes brindan más apoyo a la religión son las mujeres y las personas mayores, mientras que apenas un 11% de los jóvenes se declara "altamente religioso". Y eso que nueve de cada diez menores de 30 años admite haber sido educado en esa creencia. Además la fe en España ha quedo relegada por debajo de países con larga tradición católica en Europa (Polonia e Italia), tanto en número de practicantes como en la importancia que se da a la religiosidad.

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