La Transición o la metamorfosis democrática de la Dictadura. Sus consecuencias en la actualidad

Estas dictaduras militares se instauran como “estados de excepción”, y por lo tanto son temporales, para proteger los intereses del capital, de la moral y de la religión.

Hegel había dicho que lo que es necesario es real y, en consecuencia, lo que ya no es necesario deja de ser real. La pregunta es ¿cuándo, por qué y cómo la Dictadura franquista, nacionalclerical, dejó de ser real y por tanto, dejó de ser necesaria? ¿Para quién? Nada de original tiene, en la Historia, que una clase social dominante transforme su forma de dominación en función de la correlación de fuerzas en cada tiempo histórico. Ocurrió en Francia, ocurrió en Alemania, ocurrió en Italia… durante los siglos XIX y XX. Sus burguesías eligieron el bonapartismo, el fascismo y el nazismo, en otros países elegirán dictaduras militares, para hacer frente a la revolución social cuando las repúblicas democráticas eran impotentes de proteger sus intereses.

Pero, una vez derrotadas estas opciones, la misma burguesía, en una correlación de fuerzas que le era desfavorable, inició el proceso inverso: derrotado el totalitarismo se reorganizó en partidos llamados demócratas-cristianos o populares. Partidos cuyos fundamentos ideológicos no son la Declaración de Derechos sino la doctrina cristiana. La burguesía se limitó a cambiar su forma de dominación. Porque la democracia, que es una forma de dominación, es un sistema político interclasista en el que el capital impone sus prioridades. En la misma España y en el exilio, Gil Robles, el que fue líder de una alternativa totalitaria, la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas, organizada y controlada por la Iglesia católica, con el objetivo de acabar con los fundamentos ideológicos progresistas y democráticos de la República, sustituyéndola por una “democracia orgánica, el fascismo, se transformó, en el exilio, en monárquico, que nunca había sido, y en demócrata, que tampoco lo había sido. Sólo fue, siempre, católico.

Las dictaduras militares, a diferencia de los sistemas totalitarios de izquierdas o de derechas, están personalizadas en el dictador y no tienen vocación de permanencia, como las monarquías o los totalitarismos. Aunque su ideología sea totalitaria, no lo es su sistema. Estas dictaduras no existen para sí mismas por que el Ejército, como aparato represivo del Estado, no está al servicio de sí mismo sino al servicio de la propiedad de la clase dominante. Desde el siglo XIX hasta hoy, los dictadores no tienen sucesión. Su propia existencia no depende de ellos sino de quienes los apoyan o consienten. A nivel nacional o internacional. Estas dictaduras militares se instauran como “estados de excepción”, y por lo tanto son temporales, para proteger los intereses del capital, de la moral y de la religión. Pero como no están al servicio de sí mismas dependen de aquéllos intereses a quienes sirven. Franco se sirvió de esos intereses para mantenerse, en equilibrio, en el Poder. Mientras la coincidencia de intereses convergiera en la Dictadura, el dictador podría sobrevivir. En el momento en el que el capital, el poder civil, quisiera retomar en sus propias manos el Poder y por tanto el gobierno, pasado el estado de excepcionalidad, la Dictadura dejaba de ser necesaria para sus mismos protectores y protegidos.

Si nos fijamos en la evolución interna de personas vinculadas al Régimen, tenemos un ejemplo significativo en el periódico “El País”. Con la creación de este periódico se materializó la prueba evidente de la transformación del franquismo en un modelo de democracia capitalista. Fueron los propios franquistas, con la bendición del Departamento norteamericano de Estado, algo que hoy se muestra transparentemente, quienes decidieron ofrecerse como alternativa democrática así mismos.

Paralelamente el socialismo de Felipe y Guerra, apropiándose las siglas del PSOE, prácticamente liquidado por el franquismo en España, y rompiendo con la tradición ideológica republicana, anticlerical y revolucionaria del socialismo representado por los socialistas y republicanos del exilio, puso en marcha un proceso de revisionismo convergente con los franquistas de “El País”. Periódico que terminó siendo el intelectual orgánico del socialismo en competencia con la propia Iglesia. Que también estaba ofreciéndose como alternativa ideológica con la que llenar el vacío ideológico del socialismo revisionista. Bono es un ejemplo vivo y transparente del quintacolumnismo del franquismo y clericalismo en el seno de un PSOE sin ideología republicana, anticlerical y revolucionaria.

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El 20 de noviembre moría Franco y Juan Carlos fue proclamado rey dos días después. El 27 de noviembre de 1975 en Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real, el Estado Vaticano, representado en el exilio por Gil Robles, cabeza de los representantes monárquicos, y en el interior por la alta jerarquía de la Iglesia Católica, en su mayor parte vinculada al Régimen, tomó posiciones por boca del cardenal arzobispo de Madrid, Tarancón, favorable a la restauración de la monarquía, quien, ante la presencia del rey y de los invitados de todos los países democráticos europeos y Estados Unidos, dijo, entre otras cosas:

…“ La Iglesia, que comprende, valora y aprecia la enorme carga que en este momento echáis sobre Vuestros hombros, y que agradece la generosidad con que os entregáis al servicio de la comunidad nacional, no puede, no podría en modo alguno regatearos su estima y su oración. Ni tampoco su colaboración: aquella que le es específicamente propia”…

Precisamente por eso, porque fue el Estado Vaticano y no la jerarquía católica española, en su conjunto, que, identificada con el franquismo y con una actitud guerracivilista, no deseaba la transición, es por lo que el cardenal Tarancón, portavoz del Vaticano, tuvo que reunir, un mes después, el 15 de diciembre de 1975, la XXIII Asamblea Plenaria del Episcopado, para exponer ahí la posición del Vaticano y tratar de vencer la resistencia de los obispos a la transición, con este discurso:

“Una figura auténticamente excepcional (Franco) ha llenado casi plenamente una etapa larga – de casi cuarenta años – en nuestra Patria…La jerarquía eclesiástica española no puso artificialmente el nombre de Cruzada a la llamada guerra de liberación…Pero esta consigna que tuvo aires de grito guerrero y sirvió indudablemente para defender valores sustanciales y permanentes de España y del pueblo católico, no sirve para expresar hoy las nuevas relaciones entre la Iglesia y el mundo, entre la religión y la Patria, ni entre la fe y la política.[1]

La Iglesia no perdía nada en el cambio y no sólo porque nadie le pidió responsabilidades por ser nada menos que el aparato ideológico del franquismo, la ideología del franquismo y su conciencia de clase, sino porque el Monarca renunció nada menos que a un privilegio que tradicionalmente habían tenido los reyes españoles, desde los Reyes Católicos, al menos, el derecho de presentación de los obispos, que tan escrupulosamente ejerció Franco. En cualquier caso los cambios de posición política de la Iglesia no deben ser interpretados como cambios de su posición ideológica o moral. Estos nunca cambian porque sería como cambiar su identidad sustancial.

Maquiavélicamente la Iglesia saltaba de Franco a la monarquía. En fin, que era necesario apoyar la transición apoyando al Rey. La alianza tradicionalista entre el Altar y el Trono volvía a ser la consigna. Pero la Iglesia no se limitará a apoyar la transición monárquica sino que, como hizo con la CEDA, contribuirá activamente a reorganizar a la derecha tanto en Alianza Popular como en la UCD de Suárez. En ambos casos, el sacerdote Martín Patino, consejero de Tarancón, tuvo un determinante protagonismo.

El papa León XIII elaboró en otra encíclica, “Au milieu des sollicitudes” y desarrolló en otras, el concepto de “accidentalidad de las formas de gobierno” para intentar que la Iglesia pudiera sobrevivir durante la anticlerical IIIª República francesa. Según este concepto la Iglesia no debía cuestionar la forma de gobierno, para no enfrentarse a las fuerzas progresistas y republicanas, debería acatarla pero sí debía criticar las leyes de esos gobiernos y atacarlas. Y luchar por conquistar el Poder por la derecha clerical y restaurar la moral cristiana que se impone por la vía de la legalidad parlamentaria. Este concepto de la “accidentalidad de las formas de gobierno” va vinculado a una determinada estrategia, elaborada durante el siglo XIX, en la que la Iglesia distingue, hegelianamente, entre posición de “tesis” y posición de “hipótesis”. La “tesis” es una situación en la que la Iglesia domina el Poder y la hipótesis en la que está fuera del Estado y trata de sacar todo lo que puede. Hasta invertir la correlación de fuerzas a su favor.

[1] Chao Rego, R., La Iglesia en el franquismo, Ediciones Felmar, Madrid, 1976 pg. 387

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La tercera consecuencia fue la de dejar intactos los intereses del franquismo sociológico, reunido en torno a la Iglesia católica y representado por Fraga. No tendría, sin embargo, la fuerza que tuvo la CEDA, pero la transición les dio el margen de libertad necesario para reagruparse y pasar a la ofensiva política. Favorecida ésta por la descomposición de la UCD. Tuvo que dar una imagen centrista para atraerse los votantes que abandonaban UCD. Pero su ideología tradicionalista y católica no había sido abandonada. Tendría que reaparecer beligerantemente en el momento oportuno. Hace años, Aznar y Fraga hablaban de la necesidad de poner en marcha la “Segunda transición”. A qué se estaban refiriendo? Habría que preguntárselo. Pero por sus obras ya lo sabemos. Sus objetivos son: privatizar el Estado de bienestar no sólo para beneficiar al capitalismo, una paradoja porque ellos como franquistas fueron estatalistas e intervencionistas reconvertidos hoy en neoliberales, sino para destruir una de las bases sociales de la izquierda y por otra parte, para imponer su ideología, la doctrina cristiana, sacralizando la sociedad allí donde la secularización había pasado los límites del cristianismo. Sacralización que se han propuesto imponer mediante:

La legalización y apoyo a la segregación por sexos en la enseñanza. Los justifican en argumentos de psicología masculina y femenina, con lo que están confirmando su posición machista al establecer diferencias en función del sexo cuyo origen no es otro que la religión y la tradición. Cuando en realidad lo que están haciendo es imponer las recomendaciones de los años treinta del siglo XX, de la encíclica del papa Pío XI, “Divini illius magistri. Sobre la educación cristiana de la educación”. En la que se dice:

“…10. En primer lugar, la educación pertenece de un modo supereminente a la Iglesia por dos títulos de orden sobrenatural, exclusivamente conferidos a ella por el mismo Dios, y por esto absolutamente superiores a cualquier otro título de orden natural…

…52. Igualmente erróneo y pernicioso para la educación cristiana es el método de la coeducación, cuyo fundamento consiste, según muchos de sus defensores, en un naturalismo negador del pecado original y, según la mayoría de ellos, en una deplorable confusión de ideas, que identifica la legítima convivencia humana con una promiscuidad e igualdad de sexos totalmente niveladora.”

Pretenden, también, imponer la represión sexual a los menores de 16 años, elevando el derecho al placer de los 13 años a los 16. Uno se pregunta a qué razones se debe que si durante los gobiernos socialistas la mayoría de edad estaba establecida a partir de los 13 años, ahora con el Partido Popular se pretende elevar a los 16 y penalizar la libertad sexual desde los 13 años. La respuesta la encontramos en muchos documentos religiosos. En la misma encíclica citada donde este papa añade:

“49. Peligroso en sumo grado es, además, ese naturalismo que en nuestros días invade el campo educativo en una materia tan delicada como es la moral y la castidad. Está muy difundido actualmente el error de quienes, con una peligrosa pretensión e indecorosa terminología, fomentan la llamada educación sexual, pensando falsa-mente que podrán inmunizar a los jóvenes contra los peligros de la carne con medios puramente naturales y sin ayuda religiosa alguna; acudiendo para ello a una temeraria, indiscriminada e incluso pública iniciación e instrucción preventiva en materia sexual, y, lo que es peor todavía, exponiéndolos prematuramente a las ocasiones, para acostumbrarlos, como ellos dicen, y para curtir su espíritu contra los peligros de la pubertad.”

Estas razones se repiten en la encíclica “Castii connubi”, del mismo papa y en el documento más reciente que El Pontificio Consejo para la familia publicó titulado “Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en la familia (8 de diciembre, 1995). Donde no deja de insistirse que lo jóvenes deben ser educados en la castidad y por lo tanto abstinencia sexual. Llegando a exigir a los mismos padres que tengan una conducta basada en la castidad matrimonial. La Iglesia, integrada y dirigida por una asociación de hombres que reniegan del placer, jurando voto de castidad, y que, por tanto, tienen una conducta patológicamente sexofóbica que reprime la sexualidad para dominar la voluntad individual, entiende la educación sexual como una forma de educar contra la sexualidad. De negar el ejercicio del placer sexual.

Y siguen tomando todo tipo de medidas contra las libertades morales e individuales. En el ejercicio de una ideología y religión machista, han decidió imponer a la mujer la condición de madre. Idealizada la mujer como madre es enajenada de todos sus capacidades. Las mismas que realiza el hombre, que nunca ha sido idealizado como padre sino por sus funciones sociales. Atacando el derecho de la mujer a realizarse más allá de su capacidad biológica para ser madre pretenden reducir el aborto a la mínima expresión. Y todo porque la Iglesia católica trata de imponer a cada individuo su voluntad.

Y así podríamos seguir con la batalla puritana y moralista que mantiene el Partido Popular contra todas las libertades conquistas por homosexuales, feministas, lesbianas, heterosexuales…De esta contrarrevolución moral se alimenta su llamada “Segunda transición”. La pregunta es, quién es el Estado o la Iglesia para imponer a los individuos ninguna moral, para dirigir la moral de los individuos, para codificar en el Código penal las libertades sexuales. ¿Quiénes son estas instituciones para imponerse contra las libertades morales y los derechos individuales?

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La Transición o la metamorfosis democrática de la Dictadura de Javier Fisac 2015

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