La tasa de católicos y la práctica religiosa caen drásticamente entre los jóvenes

La cifra de católicos ha caído 16 puntos en 20 años, y la práctica religiosa, 30 | El 44% de jóvenes no cree en Dios, 35 puntos más que entre los mayores

La tasa de católicos en la España que se dispone a recibir al Papa en las próximas semanas se ha reducido en 16 puntos en los últimos veinte años. Y la cifra de creyentes que no acude nunca a los oficios religiosos ha crecido en 30 puntos en el mismo periodo. Es más: hoy en día sólo uno de cada tres españoles considera necesarias las creencias religiosas. Son datos del CIS y sugieren que el principal enemigo de la fe católica no es el denominado "laicismo radical" sino la indiferencia y el distanciamiento silencioso de muchos ciudadanos.

La mejor radiografía de ese alejamiento la ofrece una segregación por edades de la actitud religiosa de los españoles. Para empezar, la tasa de católicos se reduce en 35 puntos entre los jóvenes de 18 a 24 años, en relación con los ciudadanos de más edad. Y si lo que se pregunta es la práctica religiosa y la asistencia a los oficios religiosos, el diferencial supera los 40 puntos. De hecho, mientras sólo un 16% de los mayores de 65 años confiesa que no reza nunca, ese porcentaje roza el 60% entre los menores de 24 años.

La propia creencia en Dios registra entre los jóvenes un grado de escepticismo muy acentuado: hasta un 44% de ellos afirma que no cree en Dios. Y lo más significativo es que más de la mitad de este grupo confiesa que antes sí creía, pero ahora ya no. Únicamente el 46% de los jóvenes ha creído siempre en Dios. En cambio, entre los mayores de 35 años el porcentaje de personas que aseguran haber creído siempre en Dios supera el 60%, y roza el 90% entre quienes tienen más de 65.

Ciertamente, es muy posible que las incertidumbres que surgen con la edad hagan a las personas más receptivas al hecho religioso a medida que cumplen años. Pero la tendencia de las últimas décadas revela un retroceso general en la fe católica que se alimenta del creciente distanciamiento que expresan las nuevas generaciones. Sin duda, el atrincheramiento en la literalidad del dogma ha permitido a la Iglesia consolidar un sólido e hiperactivo núcleo duro de seguidores y atraer a una nutrida minoría de jóvenes. De ahí, por ejemplo, que el rechazo a las relaciones sexuales prematrimoniales sea algo mayor entre los jóvenes de 18 a 24 años que entre las generaciones comprendidas entre 25 y 44.

Pero el precio del rigorismo moral se traduce en el alejamiento silencioso de la mayoría. No en vano sólo el 7% de los más jóvenes se atiene a la moral católica y rechaza el sexo antes del matrimonio, mientras que más del 80% de ellos lo avala sin reservas. Y parecidas actitudes se registran ante las relaciones homosexuales o el divorcio. Quizás porque la mayoría percibe la existencia de "pecados" más nocivos socialmente y sobre los que la Iglesia no parece mostrar tanta preocupación.

Sin embargo, hay dos indicadores que deberían llevar a la jerarquía eclesiástica a reflexionar profundamente sobre la imagen que proyecta hacia los ciudadanos y muy especialmente hacia los jóvenes. Por un lado, un 60% de los menores de 24 años dicen no confiar ni en la Iglesia ni en las organizaciones religiosas; una cifra chocante si se tiene en cuenta la vertiente social y asistencial del catolicismo. Por otro lado, más del 75% de los jóvenes rechazan los intentos de las autoridades religiosas de influir en las leyes o en el voto de la gente.

A partir de ahí, el futuro del catolicismo como una fe mayoritaria profesada consecuentemente por sus seguidores pasa por recuperar la sintonía con esa generación de escépticos. Y a la luz de los sondeos, eso exige una imagen de la Iglesia más consecuente, compasiva y comprensiva. Algo así como volver a Cristo y al espíritu fundacional del cristianismo.

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