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La religión como asignatura

Según estudiamos en aquel catecismo, la fe es un don sobrenatural que nos da Dios. Según este dogma, los que no hemos resultado agraciados en el sorteo divino de la fe, estamos eximidos de la responsabilidad de tenerla, pues por nosotros mismos no podemos adquirirla. Por tanto, se desprende de la teología cristiana que Dios nos hace libres, pero no necesariamente creyentes. Esto es lo que sirve de base para la tolerancia religiosa y la libertad de culto. Digo yo que será por eso que la mayoría de las democracias, a nivel religioso, se constituyen como estados laicos y aconfesionales. Al menos en España pareció ser así tras la muerte de aquel dictador al que amparó la Iglesia Católica convirtiéndose en la mejor legitimadora moral de su régimen ante los ojos del pueblo.

Pero el problema no es aquel Estado, sino el actual. El laicismo y el aconfesionalismo teórico no se corresponden con la supervivencia de tantas festividades civiles de origen religioso, de tanta romería ni de tanta presencia del catolicismo en nuestra vida pública, en general.Siempre he defendido el conocimiento de la religión cristiana (católica, apostólica y romana) porque, nos guste o no, es el centro neurálgico de nuestra cultura, y quien no conoce los fundamentos de su cultura —por definición— no sabe adónde está de pie. Esta tremenda contradicción alcanza su punto más lamentable en el mantenimiento de la Religión Católica como asignatura obligatoria en colegios e institutos públicos. En los privados es otra cosa; puede tener un sentido. Pero la religión o, mejor dicho, una religión concreta, no tiene cabida en la enseñanza pública, ya que la fe no es una cuestión pública sino estrictamente particular y privada. La enseñanza pública sólo ha de versar sobre conocimientos universalmente aceptables, y los conocimientos religiosos son los menos aceptados de modo universal, sencillamente porque ni siquiera alcanzan el rango de conocimiento, sino el de eterna hipótesis que varía en función de cómo te bombee la fe. Por eso jamás comprenderé que los gobiernos socialistas, tanto el de Felipe como el de Zapatero —tan laicos los dos—, no tuvieran los cojones que hubo que tener para dejar a la Religión Católica aparcada en la puerta de los colegios y los institutos y remitirla directamente a las parroquias, que son los otros edificios —inexplicablemente públicos también— donde la lógica más elemental invita a que se celebren todos los actos basados en la fe. Esta es la auténtica tolerancia religiosa. La intolerancia es, precisamente, la de pretender seguir manipulando por huevos la vida pública desde la Conferencia Episcopal, con el sólido respaldo de un mogollón de medios de comunicación que presumen de independientes.

Finalmente, por si faltaba algo, este gobierno consigue además que la nota de religión haga media en la ESO y Bachillerato. ¿Por qué? Os lo explico. Porque en clase de religión no se hace NADA. Pero si vienen a clase tienen un 9, y si su apellido es Gómez y marcan la tilde con claridad, tienen un 10. Olé. Es estadísticamente imposible que todos los alumnos matriculados en una asignatura tengan un 9 o un 10… salvo en Religión Católica. Y ese es el motivo por el que la mayoría de los alumnos aún se siguen matriculando en esta asignatura. A efectos sociales, y a partir de los datos que se desprenden de las matriculaciones, España sigue siendo un país beato. Otra gran mentira de nuestro sistema educativo. Si por lo menos esta hora de clase sirviera para que aprendieran algo de nuestros cimientos culturales, podría medio justificarse. Pero resulta que, para más INRI, los alumnos matriculados en Religión Católica son los primeros que no tienen ni puñetera idea de Religión Católica. No hay uno que se sepa los Mandamientos de la Ley de Dios, que manda huevos. Y lo peor: yo lo denuncio, pero TODOS los que formamos parte de la comunidad educativa —incluidos padres y alumnos— saben que esta gran mentira está ya normalizada como parte de la enseñanza pública. Dios puede existir o no. Eso es cuestión de fe. Lo que no es cuestión de fe, sino de razón, es la desvergüenza que preside el apellido de laico & aconfesional para un Estado como el nuestro. Franco ha muerto. A ver si se enteran. Coño.

* Profesor de Filosofía – Cádiz

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