La primera visita papal a Israel despierta recelos e indiferencia

La desconfianza judía nace del apoyo de Benedicto XVI a los más conservadores Los expertos advierten de que ha cometido errores que han reabierto heridas

"La historia de las relaciones entre Israel y la cristiandad está saturada de sangre y lágrimas. Después de Auschwitz, la reconciliación y el reconocimiento no pueden postergarse". En 1994, el entonces cardenal Josef Ratzinger pronunció estas palabras durante una conferencia en Jerusalén. Del 11 al 15 de mayo Ratzinger retornará a Israel en su primera visita papal. Varias de sus decisiones han enturbiado la armonía fraguada durante el pontificado de Juan Pablo II, el primer Papa en pisar una sinagoga y reconocer políticamente al Estado judío.
Los deseos de reconciliación de Benedicto XVI no van por el mejor camino. En Israel se han elogiado sus posturas frente al islam y en contra del sincretismo religioso, pero su celo por contentar a los sectores más integristas de la Iglesia ha acabado salpicando las relaciones con el mundo judío. Las primeras protestas llegaron con la restauración de la oración del Viernes Santo, donde se pide veladamente por la conversión de los hebreos, al invocar a Dios "que ilumine sus corazones para que reconozcan a Jesucristo como salvador de todos los hombres".

SIN PISAR EL MEMORIAL
Más rechazo despertó su impulso por beatificar a Pío XII, al que muchos historiadores acusan de neutralidad y connivencia frente al genocidio nazi. Entre los defensores de la tesis está el Museo del Holocausto de Jerusalén. Un panel informativo, junto a su foto, acusa a Eugenio Pacelli de "silencio" frente al Holocausto, una interpretación que ha levantado ampollas en Roma. Tanto es así que el Papa visitará el memorial del Holocausto pero sin poner el pie en el museo.
"No creo que el Papa sea un mal hombre, pero ha cometido errores terribles que han reabierto algunos fantasmas del pasado", opina el profesor de Historia Antigua Judía, Moshe Herr. El mayor escándalo se produjo con el indulto al obispo lefevrista Richard Williamson, quien ha negado las cámaras de gas y cuestionado la Shoa. "Benedicto ha tratado de apaciguar el malestar judío condenando la negación del Holocausto, pero es decepcionante que haya mantenido a Williamson", afirma el experto vaticanista y exfuncionario de Exteriores, Itzhak Minerbi.
En la calle la expectación por el viaje del Papa es imperceptible. Es difícil toparse con carteles relativos a su visita o con mercadotecnia para la ocasión. Al fin y al cabo solo hay 150.000 cristianos en Israel, un 2% de la población. Entre los judíos, salvo un puñado de teólogos y ecumenistas, la indiferencia es casi absoluta. La otra excepción es el Gobierno, que espera que la visita sirva para reconducir las relaciones con el Vaticano y apuntalar el turismo cristiano.

EL CONFLICTO CON LOS ÁRABES
"No creo que en Israel haya antagonismo hacia el Papa o los cristianos pero sí un aire de sospecha y desconfianza hacia la Iglesia", afirma Herr. Ese resquemor histórico se aprecia, por ejemplo, en la postura del rabino del Muro de las Lamentaciones. Hace unas semanas pedía al Papa que no acuda al muro con un crucifijo porque "es un símbolo que hiere la sensibilidad de los judíos".
El profesor Minerbi explica los motivos de la desconfianza: "Durante siglos la Iglesia Católica ha inculcado el desprecio hacia los judíos acusándoles de haber matado a Cristo". El acercamiento a Israel comenzó con el Concilio Vaticano II, pero pasaron 45 años hasta que Roma reconoció al Estado judío en 1993. Noventa años antes, cuando el padre del sionismo, Theodor Herzl, pidió a Pío X que apoyara la creación de un Estado hebreo en Palestina, el pontífice le respondió: "Los judíos no reconocieron a nuestro Dios, por lo tanto nosotros no podemos reconocer ningún derecho sobre Tierra Santa".
Todavía hoy siguen molestando las posiciones de la Iglesia respecto al conflicto con los árabes. La analogía de Gaza con "un campo de concentración" hecha por el cardenal Renato Martino durante la reciente ofensiva militar en la franja despertó la indignación en Israel. Benedicto XVI se enfrenta por tanto a la difícil misión de reconducir las frágiles relaciones entre los pueblos de las dos religiones del Libro.

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