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La maldad cotiza al alza

Las nostalgias imperiales de Putin están respaldadas por la Iglesia Ortodoxa, que ha rechazado la solicitud de mediación del Consejo Mundial de las Iglesias.

La maldad roza máximos históricos en todos los mercados donde se cotiza: Rusia, la Ucrania invadida, Yemen, Siria, Sahel, Eritrea, la Norteamérica republicana que apoya a Trump y cuyo partido acaba de aprobar la legitimidad del asalto al Congreso en enero de 2021, la Nicaragua del dictador Ortega, la franja de Gaza martirizada por Israel. En las redes sociales, el malismo también arraiga y dispara su apreciación como moneda de cambio en las relaciones más cotidianas.

La invitación al ahorro energético por parte de Josep Borrell y de la banquera Ana Patricia Botín han desatado la ira implacable de malas y malos de viejo y nuevo cuño, especialmente, en el caso de Botín porque las mujeres son el blanco preferido de la maldad humana.

A los hombres, si son políticos o famosos, se les consiente casi todo. No así a las mujeres, a las que se les aplica una doble o triple exigencia en función de su aspecto, edad o carácter. A la mitad de la población del mundo se le acosa en las redes por sus opiniones, por su talante vital y por su empoderamiento. Aunque a Ana Patricia Botín le ha costado lo suyo llegar a la cumbre de su banco, incluidas las reticencias de su propio padre, el trato en redes y en medios es discriminatorio como ocurrió con el ascenso de Marta Ortega al máximo liderazgo de Inditex. Las mujeres ricas también sufren la minusvaloración por parte de los hombres ricos.

Portarse bien, es denostado como buenismo por la extrema derecha planetaria y sus distintas franquicias nacionales, que cultivan el canallesco “sin complejos” para hacer lo que les venga en ganas en cada momento y negar las evidencias más palpables. Negar la violencia machista ya tiene recompensa y grande en Castilla y León.

Putin está cumpliendo su sueño de devolverle el honor perdido al pueblo ruso. Sus nostalgias imperiales y zaristas están respaldadas por la cristiana Iglesia Ortodoxa, que ha rechazado la solicitud de mediación del Consejo Mundial de las Iglesias, con sede en Ginebra, y ha aprovechado la ocasión para responder con el mismo argumentario del Kremlin. 

Kirill, el patriarca de los ortodoxos rusos, el mismo que ha dicho que la invasión de Ucrania es también una cruzada contra el mundo gay, puede estar a punto de llamar feminazis a todas las mujeres que se oponen a la guerra. En Moscú, ya han detenido a mujeres con pancartas en blanco.

Ángel Fernández Millán

Vicedecano del Colegio de Periodistas de Andalucía.

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