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La Inquisición saca las antorchas

La Inquisición ultraconservadora condena al fuego desde las instituciones y su manada sale con las antorchas a cumplir la sentencia.

El facherío campa a sus anchas con las antorchas encendidas. El domingo, una manifestación neonazi se paseaba por el barrio madrileño de Chueca gritando consignas homófobas y racistas sin que la policía hiciera nada ni la Delegación del Gobierno ordenara su detención por delito de odio. El martes, Vox montaba otro de sus numeritos en el Congreso donde el PSOE presentaba una proposición para penalizar a los grupos antiabortistas que acosan a las mujeres en las clínicas a las que van a interrumpir su embarazo. Un diputado ultra llamó “bruja” a una diputada socialista para dejar claro lo que son: la Inquisición que quiere llevarnos a la hoguera.

Es imperdonable la actuación de la Delegada del Gobierno en Madrid y que un gobierno que se dice de izquierdas la respalde. Ella sabía que uno de los convocantes de la manifestación nazi es un ex líder de Ultrasur y basta un vistazo en internet para ver que las “asociaciones” convocantes son reductos fascistas. Permitir una marcha de ideología homófoba por el barrio gay de Madrid y decir que no es culpa tuya, es como echar una cerilla en un bidón de gasolina y culpar al fuego del estallido. 

La señora Delegada tendría que haber prohibido o haber disuelto la manifestación por las mismas razones de seguridad por las que dice que no lo hizo. Puso en riesgo a los vecinos de ese barrio y provocó pánico autorizando la manifestación primero y dejando que continuase después. La incitación al odio está recogida en el Código Penal y las libertades de manifestación y expresión no protegen la intolerancia. No puedes ir por ahí gritando “fuera maricas, fuera sidosos” o “madrid libre de menas” y atacando la dignidad de las personas vulnerables. La policía podría haber actuado por delito de odio y por alterar el orden público, sin esperar a que la Fiscalía tipifique el delito a toro pasado, cuando la cornada ya se ha recibido.

Ésa es otra. La pasividad policial ante las concentraciones nazis y cayetanas no resulta noticiosa, tampoco la simpatía de algunos agentes por la ultraderecha. Es significativa la facilidad con la que cargan contra manifestantes que piden una vivienda digna y el pasotismo con el que dejan que se atemorice a colectivos discriminados. Los nazis portaban palos, bengalas y hasta un puño americano, pero por lo visto eso no pone en peligro el orden público. Lo peligroso es disolver una manifestación de ultras armados, no que los ultras lleven armas. Extraño criterio. Ahora les pondrán una multa, dicen. El mensaje que se envía es que pueden pagar la multita y salir de caza. 

También hay que parar a las turbas que acosan a las mujeres que abortan. La libertad de expresión no ampara el hostigamiento ni puede desamparar el ejercicio de otros derechos. En Francia las han prohibido. Aquí todo el Parlamento ha votado a favor de penarlas, excepto Vox y el Partido Popular. Tampoco es noticia que la llamada derecha vote y gobierne con la extrema derecha. Dime con quién vas… A Casado y Abascal les parecen bien los escraches a mujeres y les parece mal que las mujeres sean libres. A la hoguera por brujas, como vino a decir el otro, por cierto, un juez en excedencia. Da miedo pensar quién anda por ahí imponiendo su idea cavernaria de Justicia.

Son los mismos que dicen que hay que fusilar a 26 millones de españoles por rojos y separatistas. Los mismos que hacen prácticas de tiro con fotografías del presidente y los ministros. Los mismos que envían balas en sobres. Son la Inquisición que condena al fuego desde las instituciones y su manada que sale con las antorchas a cumplir la sentencia. 

Hay que pararle los pies a esta turba. Para eso están las autoridades, los medios, la policía y las leyes. El problema es que el poder en nuestro país está en manos de conservadores y ultraconservadores a los que les conviene la agitación fascista como ariete contra la izquierda y demás enemigos. Habría que rogarle al PP y a la prensa de derechas que hiciesen como en Francia o Alemania y dejasen de poner la madera para que prenda la llama del fascismo porque lo que va a arder en esa hoguera es el país y la democracia. 

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