La Iglesia tiene al Gobierno como rehén y actúa como 4o poder, según teólogo

El Gobierno socialista ha entrado en una etapa de «concesiones» que lo han convertido en «rehén de la Iglesia católica» y que permiten a ésta actuar como cuarto poder del Estado, ha afirmado hoy el teólogo Juan José Tamayo.

Tamayo ha hecho estas afirmaciones en el curso de verano 'Iglesia y Estado: la cuestión de la laicidad', que organiza la Universidad Complutense de Madrid.

El teólogo ha explicado que el Ejecutivo ha aprobado una legislación que aumenta el apoyo a la Iglesia, ha permitido que los colegios católicos adapten la asignatura de religión a su propio ideario y, además, ha celebrado un funeral de Estado (el del ex presidente Calvo Sotelo) presidido por el cardenal Antonio María Rouco Varela.

Al finalizar la ponencia, el profesor ha asegurado a los medios que el cambio en la actitud del Gobierno respecto a la primera legislatura se debe a que 'no quiere abrir un nuevo debate' y a que la revisión de los acuerdos con la Santa Sede o la reforma del artículo 16.3 de la Constitución (ninguna confesión tendrá carácter estatal) 'podrían suponer una pérdida de votos'.

La solución, según Tamayo, pasa por modificar la Ley de Libertad Religiosa y suprimir los acuerdos con todas las religiones, puesto que ahora mismo hay tres tipos de creencias: la católica, las que han firmado acuerdos con el Gobierno (protestantes, judíos y musulmanes) y las que no tienen representación institucional en la sociedad.

El teólogo defiende que la ley se debería basar en cinco principios: laicidad, igualdad, neutralidad estatal, respeto a la libertad religiosa y colaboración social y cultural entre todas las creencias.

La configuración religiosa de España ha cambiado desde que se aprobó la ley hace 28 años, ya que ha decrecido el número de católicos y con la llegada de la inmigración hay 6 ó 7 millones de creyentes de otras religiones, según Tamayo.

El teólogo asegura que el catolicismo español está 'roto' por la jerarquía católica y los sectores conservadores (comunidades catecumenales, Legionarios de Cristo, Opus Dei, etc) que 'llegan donde ella no puede', y que también existen comunidades de base, movimientos de mujeres y colectivos progresistas.

La jerarquía católica actual 'no está a gusto con la democracia y añora el nacional-catolicismo', que fue demolido en el Concilio Vaticano II, y, además, rechaza la secularización que este concilio vio como algo positivo, según Tamayo.

El profesor también defiende que esa jerarquía tampoco apoya los planteamientos de la asamblea de obispos y sacerdotes de 1971, que defendieron la ruptura del catolicismo institucional con la dictadura y se opusieron a la creación de un partido político católico.

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