La Iglesia se resigna y pierde «su» caja

Córdoba se prepara para el cambio de poder en la entidad tras la fusión de Cajasur

La Iglesia católica tiene en sus manos desde hace generaciones dos de los símbolos más importantes de Córdoba: La mezquita y Cajasur. Y al clero cordobés se le está escurriendo entre los dedos su caja. A regañadientes, los sacerdotes han tenido que aceptar la fusión con Unicaja, que, en la práctica, es una absorción. Están resignados. "Para la Iglesia es un matrimonio no deseado… Pero si no hubiera fusión ahora estaría intervenida por el Banco de España", sostiene un responsable de la entidad que conoce de primera mano los números de la caja. La mala gestión implantada en la entidad desde hace años ha obligado a una solución que diluye el poder de la Iglesia. Y el poder era inmenso.

La paloma, símbolo del espíritu santo y logotipo de la caja cordobesa, cubre la ciudad. Está estampada en las puertas de los taxis, en los burladeros de la plaza de toros, en las calles más concurridas, en las exposiciones más importantes, en las camisetas de los jugadores del equipo de fútbol… Cajasur llegó a patrocinar hasta 23 formaciones deportivas hace cuatro años. Hoy el número se ha reducido a la mitad y el único que se ha asegurado explícitamente el patrocinio en el acuerdo de fusión con Unicaja ha sido el club de fútbol de la ciudad.

Pero no sólo es una cuestión de imagen de marca y patrocinios. Esta entidad domina alrededor del 50% del negocio financiero de Córdoba. "La caja controla el músculo económico de la ciudad", reconoce otro miembro de la entidad. "Lo que pedimos y también ha hecho Cajasur es que los órganos de decisión se queden en Córdoba para que el tejido empresarial y los clientes tengan más fácil el acceso a estos órganos", sostiene Miguel Angel Tamarit, presidente de Asociación de Empresas Fabricantes y de Servicios de la ciudad. Y la intención de la Iglesia católica era reservarse el derecho de nombrar al director territorial en Córdoba. Finalmente, el Cabildo catedralicio lo que podrá hacer es sólo "proponer" el nombre, pero no hacer y deshacer a su antojo. Braulio Medel, presidente de Unicaja, utilizó un buen símil hace una semana: en una fusión "no caben muñecas rusas donde dentro de una empresa hay otra y dentro de ésa, otra".

"Hace falta un referente, un motor en la ciudad", sostiene el alcalde Andrés Ocaña (IU). Las fuentes consultadas reconocen que en la ciudad hay cierta confusión. No se sabe ni quién ni cómo ocupará el hueco de poder que deja Cajasur y, por tanto, la Iglesia.

El desconcierto también se ha apoderado de la plantilla de la entidad, formada por 3.100 personas. Cajasur es la empresa cordobesa que más empleados tiene en la ciudad. Esta entidad tiene 950 trabajadores más que Cajamurcia, una caja que por activos es algo mayor que la cordobesa.

El área de recursos humanos ha sido durante años también una herramienta de poder. "A un padre al que metes un hijo en la caja lo tienes ganado para toda la vida", señala un responsable de Cajasur. En la época del sacerdote Miguel Castillejo, que dejó la presidencia en 2005, entraban a trabajar en la caja alrededor de 100 personas al año y "se metían directamente". Ahora, cuando la oferta de empleo se ha reducido considerablemente, se reserva sólo un 10% de los nuevos contratos a los denominados "compromisos institucionales".

Con la fusión con Unicaja se han detectado unas 200 oficinas que están en una situación de solapamiento. Curiosamente, estas duplicidades no se dan en Córdoba, donde Unicaja no tiene una gran implantación, sino principalmente en Jaén.

Cuando Cajasur recibió los primeros avisos del Banco de España por su mala situación, la entidad anunció un plan para reducir el número de oficinas. En este momento tiene 475. Y unas80 están en una situación de pérdidas. Se trata, fundamentalmente, de las que se abrieron durante el ciclo económico bueno en el arco Mediterráneo. Cuando el ladrillo era la estrella de Cajasur.

El ladrillo ha sido su condena. "El problema han sido las empresas participadas", señala un responsable de la entidad. De Córdoba salieron tres de las grandes constructoras de Andalucía: Arenal 2000, Noriega y Prasa. Y lo hicieron gracias en parte al respaldo de la caja a través del grupo de empresas. Cuando la crisis reventó el sector, Cajasur fue detrás: la entidad tiene atrapados en el sector inmobiliario 1.700 millones de euros, repartidos entre suelos y viviendas.

"Es cierto que Córdoba ha sido sede de potentes empresas del sector de la construcción y que, como la ciudad no es una isla, también se ha visto afectado por la crisis del sector", señala Ocaña. El alcalde apuesta por orientar la ciudad hacia otros sectores como el turismo, los transportes o las renovables.

Lo que está claro es que la Iglesia no va a pilotar este cambio productivo. "Ellos tienen la sensación de haber entregado la cuchara", señala un miembro del Consejo de Administración: "Se les nota que han hecho la fusión de mala gana".

El clero sí ha logrado mantener su cuota de influencia en Córdoba a través de una fundación que controlará el Cabildo y que el primer año de vida gestionará ocho millones. Dentro de esta nueva fundación se incluirá el 7% que Cajasur posee ahora de la cadena Cope.

La actual Fundación Cajasur reparte importantes ayudas económicas a unas 40 asociaciones y organizaciones. En el listado figura, por ejemplo, la Federación de Peñas, que se dedica a dedicada a actos lúdicos y tiene un gran peso social. Pero también están muchas asociaciones y ONG dedicadas a la asistencia. "Muchas están vinculadas a una ideología católica", se lamenta un responsable del PSOE en Córdoba. El Banco de España alertó en 2005 del descontrol de la Obra Social. El presupuesto de 2004 fue de 21 millones y 15,6 no tenían un destino detallado.

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