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La Iglesia rusa se debate entre la ciencia y la negación

El Hospital Saint Alexis lanza un programa de inteligencia artificial aplicada a la medicina. Resistencia de los religiosos y fieles ortodoxos. Los monjes del monasterio de Valaam se niegan a vacunarse. El patriarcado procura una mediación.

El hospital Saint Alexis de la capital será uno de los centros piloto para el desarrollo de la inteligencia artificial en el campo de la medicina. La principal institución hospitalaria de la Iglesia Ortodoxa Rusa anunció la noticia en los últimos días.

El personal del Saint Alexis explicó que el centro médico será pionero en las nuevas posibilidades que ofrece la ciencia, tras asumir un compromiso con la firma de un acuerdo entre el hospital y el Centro Federal de Recursos de Diseño Universal y Tecnologías de Rehabilitación. Se crearán herramientas basadas en inteligencia artificial para aumentar la precisión de los diagnósticos en radiología y patología, y para monitorear la calidad de los tratamientos y la atención médica.

En declaraciones al sitio web Interfax-Religija, el director y jefe del hospital, Aleksej Zarov, dijo que “en 2020, nuestro centro fue uno de los primeros de Moscú en introducir un algoritmo de redes neuronales para el reconocimiento de la neumonía por coronavirus con la aplicación de la tomografía computarizada de los pulmones. Hoy seguimos ampliando nuestras investigaciones en este campo”. 

El Saint Alexis hospital y otros centros de Rusia que trabajan en red, aumentarán las posibilidades de tratamiento del cáncer y otras enfermedades gracias a los exámenes histológicos. Los médicos de todo el país y los pacientes podrán recibir a distancia datos y copias digitales de todas las investigaciones del centro médico.

El subdirector del área de Diagnóstico, Pavel Filisteev, afirma que “los datos son como el petróleo del siglo XXI, y su elaboración en el ámbito médico es el verdadero combustible que permitirá acelerar la calidad de la asistencia sanitaria”. Aunque la inteligencia artificial nunca podrá suplir al médico, puede hacer que su trabajo sea mucho más rápido y eficaz”.

Lo paradójico del caso es que el uso de la inteligencia artificial en medicina es enarbolado por aquellos que se oponen al tratamiento del Covid-19. Los negacionistas rusos sospechan que el coronavirus y las vacunas para erradicarlo no son más que un medio para controlar a las personas.

Entre los que apoyan esta idea, se encuentran más de 200 monjes del gran monasterio patriarcal (“stavropighiale”) de las islas Valaam, en Carelia, en el extremo norte de la Rusia europea. Se trata de uno de los santuarios más importantes de la ortodoxia rusa, y la negativa de los monjes a vacunarse impacta en el comportamiento de muchos otros religiosos y fieles de la Iglesia rusa, que critican fuertemente estos tratamientos sanitarios.

Para obligar a los monjes a vacunarse, el administrador patriarcal Savva (Titunov), obispo de Zelenograd, emitió un decreto especial el primero de julio. El texto establecía que los monjes que se negaran a vacunarse serían inmediatamente expulsados del monasterio, reducidos al estado laical y privados de cualquier forma de sustento.

Las autoridades ortodoxas citaron a los monjes el día 3 de julio para la vacunación obligatoria. La imposición provocó una fuerte reacción de la comunidad, y nadie se presentó a la cita. Ese mismo día, Savva tuvo que emitir un comunicado -que fue difundido en los medios- por el que se suspendía la obligación y amenaza de expulsión. En el texto se lee que “por el momento se suspende la obligación de vacunarse; el obispo Pankratij [superior del monasterio] tratará de convencer a la fraternidad con un espíritu paternal, y no habrá expulsiones en el monasterio”.

El higumeno Pankratij (Zerdev), obispo de Troitsky, quiso dar un buen ejemplo. Fue uno de los primeros en vacunarse con la Sputnik V. Ahora recibirá un refuerzo, tras haber enfermado con la variante india (Delta) de Covid, y permanecer en tratamiento en un hospital de Moscú. Pankratij había presionado para que se obligara a los monjes a vacunarse: ahora el patriarcado intenta mediar para evitar rebeliones difíciles de controlar.

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