La Iglesia católica se reclama la única heredera de Cristo

El Vaticano aprecia «defectos y carencias» en las restantes confesiones cristianas

La Iglesia católica no ha renunciado a presentarse como la verdadera, la única heredera de Cristo. Que nadie se llame a engaño: ortodoxos y protestantes padecen "defectos" y "carencias objetivas" que hacen que sus iglesias sean incompletas, sostiene el Vaticano en un documento dado a conocer ayer. Ahora bien, se les concede el privilegio de ser "medios de salvación", algo que resulta relativamente novedoso.
La pretendida unidad de las iglesias cristianas que Benedicto XVI presenta como una de sus prioridades se ha convertido en un camino plagado de obstáculos. En ocasiones es la propia Iglesia católica, que cíclicamente muestra su disposición a marcar sus diferencias con las iglesias hermanas, la que siembra cizaña. Éste es el caso del documento titulado Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia firmado por el prefecto de la Congregación para la Doctrina del Fe, el cardenal William Levada, y "aprobado y confirmado" expresamente por el Pontífice.
El texto, basado en cinco preguntas a las que la congregación que desde 1965 desempeña la labor del antiguo Santo Oficio de la Inquisición da respuesta, quiere precisar "el significado auténtico" de algunos aspectos que no todos los teólogos interpretan rectamente, dice.
La expresión según la cual "la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica", por ejemplo, se refiere a que "ésta es la única Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica. Esta Iglesia, constituida y ordenada en el mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él", aclara el documento citando la Constitución Lumen gentium.

BENEVOLENCIA
Ahora bien, "el espíritu de Cristo no ha rehusado servirse" de ortodoxos y protestantes como "medios de salvación", reconoce la declaración. En ese punto, el documento se muestra benévolo con "las iglesias hermanas" y "las comunidades cristianas", como el Vaticano les denomina, al menos si se compara con la declaración Dominus Iesus, promulgada en el 2000, cuya paternidad se atribuye al entonces cardenal Joseph Ratzinger. Allí se prefería decir que el catolicismo retenía "la plenitud de los medios de salvación".

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