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La ‘guerra escolar’ entre la Iglesia y la Segunda República, vista desde la propaganda católica de la época

Ricardo Zugasti analiza en su libro ‘Fariseos de la libertad’ la llamada “guerra escolar” del primer bienio republicano (1931-1933) a través del periódico ‘El Noticiero de Zaragoza’, la principal cabecera católica de Aragón.

La Segunda República Española se inició el 14 de abril de 1931, una nueva etapa que pretendía romper con un estado tradicional y confesional. El nuevo Gobierno buscaba una moderación de la cuestión religiosa, por lo que uno de sus primeros pasos fue la declaración de la libertad de culto en España en su Estatuto Jurídico promulgado ese mismo 14 de abril. Pero ¿cómo se tomó la Iglesia la implantación de este nuevo régimen laicista? 

“Se dibujaron dos posiciones que provocaron tensiones entre los católicos. Por un lado, estaban los leales a la Monarquía y al integrismo; por el otro, los posibilistas que secundaban las orientaciones de la Santa Sede y del nuncio a favor de un entendimiento con la República”, explica Ricardo Zugasti en su libro Fariseos de la libertad.

Mientras tanto, los sectores anticlericales consideraban las acciones del gobierno republicano con respecto a la cuestión religiosa demasiado lentas y cautas. Así surgieron movilizaciones populares para presionar a la autoridades republicanas que desembocaron en la “quema de conventos” iniciada en Madrid el 11 de mayo y que acabó extendiéndose a otras ciudades del país.

Es en este contexto cuando se inicia la denominada “guerra escolar” en la que se centra Zugasti para analizar el papel de la prensa católica y en concreto, de El Noticiero, en esta serie de conflictos. La “guerra escolar” se inicia, como explica Zugasti, “cuando los gobernantes republicanos empiezan a adoptar disposiciones para laicizar la educación y acabar así con la influencia de la Iglesia en el ámbito educativo. La primera medida la adoptó el Gobierno provisional con el muy moderado decreto del 6 de mayo de 1931, que suprimía la obligatoriedad de la instrucción religiosa. Estas medidas provocaron la movilización católica en contra, dando lugar a un conflicto en torno a la educación que supuso el clímax de la confrontación entre clericales y anticlericales durante la Segunda República”. 

Sin embargo, fue la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas aprobada en mayo de 1933 la que llevó a la Iglesia a dejar a un lado cualquier intento de negociación y posicionarse, de forma clara, en una estrategia de confrontación. Esta ley “prohibía a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza”, provocando “la ruptura del diálogo entre la Iglesia y el Gobierno”, afirma Zugasti.

El papel de El Noticiero en la “guerra escolar”

El Noticiero definía el panorama de la prensa diaria de Zaragoza durante la Segunda República junto al Herlado de Aragón y La Voz de Aragón. Nació en junio de 1901 y “ha pasado a la historia por haber sido el más importante órgano de la prensa católica en Aragón”, escribe Zugasti. El periódico alcanzó una tirada de cerca de unos 13.500 ejemplares en 1932, por lo que se convertía en “el segundo diario más vendido en Aragón tras Heraldo“. 

El papel de El Noticiero influyó en el desarrollo de la “guerra escolar” al igual que la prensa confesional de la época en su conjunto. El autor aclara que “la prensa confesional fue uno de los principales instrumentos empleados por el movimiento católico para oponerse a las políticas educativas gubernamentales, como palanca para la movilización católica, incluyendo la conformación de una vigorosa opción política católica que pudiera hacerse con el poder”.

El Noticiero cubrió “la guerra escolar” tildando de persecutoria y sectaria “cualquier iniciativa que pusiera coto a la considerable influencia de la Iglesia en el ámbito escolar y educativo, independientemente de que las medidas adoptadas por los nuevos gobernantes con tal fin fuesen meramente laicistas o se adentraran en el terreno del anticlericalismo”, apunta Ricardo Zugasti en su obra. En las páginas de El Noticiero, la República y los republicanos eran en todo momento un bando agresor, mientras que la Iglesia y sus miembros eran las víctimas, el bando agredido que debía defenderse de los ataques.

El Noticiero de Zaragoza jugó así un papel fundamental en la movilización católica “en tres niveles de activismo” según Zugasti. “Actuó como canal difusor de los diferentes y variados actos en que se concretó la movilización católica durante el bienio, (…) hizo llamamientos directos a sus lectores para que se movilizaran, (…) y ejerció como promotor de determinados actos de la movilización católica en el contexto aragonés”.

El periódico se valió de diversos argumentos para luchar contra la laicización de la escuela que resultaban en contradicciones. Defendía y reclamaba la libertad de enseñanza pero solo “cuando vio sus prerrogativas educativas amenazadas y la planteó en una sola dirección: libertad, pero para escoger la opción confesional”, concluye el autor.

Ricardo Zugasti destaca que su libro, Fariseos de la Libertad, “ofrece un análisis tanto de los argumentos empleados por el periódico como de sus acciones para movilizar a los católicos”. Con su obra, “es la primera vez que se analiza el papel jugado y el discurso ofrecido por El Noticiero durante los cruciales años del primer bienio republicano”.

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