La excusa de la religión en Sudán del Sur

Acusado históricamente de ser el principal causante de las miserias de Sudán del Sur, el «conflicto religioso» apenas es una mera anécdota estadística

Acusado históricamente (y de forma errónea) de ser el principal causante de las miserias de Sudán del Sur, en la actualidad, el «conflicto religioso» apenas es una mera anécdota estadística en el país africano.

Sin embargo, este clásico chivo expiatorio no es casual. Tampoco bien intencionado.

Como denuncia a ABC Agnes Kwaje, ministra de Género, en Sudán del Sur, «el imaginario enfrentamiento entre religiones es tan solo la excusa del norte para desestabilizar» al nuevo Estado que verá la luz el próximo sábado.

Según cifras del Gobierno local, en el sur, el 60% de la población profesa la fe cristiana, mientras que el 22% la musulmán (por cerca de un 90% en el norte). De igual modo, el animismo suele compaginarse con ambos credos.

Sin embargo, en los últimos meses se suceden las acusaciones que vinculan esta desigualdad estadística con un conflicto bélico entre Sudán del Norte y Sur, que tan solo responde a intereses económicos y étnicos.

700 mujeres en la cárcel

«En Sudán del Sur nunca hubo, ni habrá, una cruzada entre religiones» -reconoce Kwaje- «Pese a ello, es una fácil justificación para atacar a nuestro país y dilapidar los esfuerzos democráticos de nuestro pueblo».

De igual modo se posiciona Joseph Marial, miembro del foro musulmán para la independencia de Sudán del Sur, quien muestra su total adhesión a una convivencia pacífica entre culturas.

«El presidente del Norte, Omar al Bashir, es el principal acicate entre comunidades», asegura Marial a este diario. El pasado mes de diciembre, Bashir amenazó con extender la sharia -ley islámica- a todo el país en caso de producirse la independencia del sur.

«En la década de los 80, antes de la llegada de Bashir al poder, Sudán era uno de los estados africanos donde la población gozaba de mayor libertad. Ya no queda nada de eso», señala Marial.

El caso no es menor. En la actualidad, unas setecientas mujeres cumplen condena en las cárceles de Jartum por ir en contra de la ley islámica. La mayoría de ellas, sin apenas asistencia letrada.

Éste es el caso de la periodista Lubna Hussein, quien en 2009 fue detenida en la capital, junto a otras doce compañeras, por vestir pantalones. La acusación, simple: Vestir una prenda «indecente», que el artículo 152 del Código Penal castiga con una pena de hasta 40 latigazos.

Y mientras, sin embargo, la mirada del conflicto religioso se dirige hacia el Sur.

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