«La Constitución egipcia perjudica la justicia social y comercia con la religión»

No participó en los movimientos contra Hosni Mubarak hasta que no leyó en Facebook la leyenda «el pueblo quiere que el régimen caiga». Tres días después, el disparo de un Policía le dejó tuerto. Siguió en la calle y, a finales de 2011, perdió el otro ojo. Se ha convertido en uno de los iconos revolucionarios.

Ahmed Harara es uno de los símbolos de la revuelta egipcia. El 28 de enero de 2011, tres días después del levantamiento contra Hosni Mubarak, resultó herido en los enfrentamientos con la Policía en los alrededores de la plaza Tahrir. Perdió un ojo pero no se quedó en casa. Meses después, en noviembre, regresó a la calle Mohamed Mahmud para seguir peleando, en ese momento contra la Junta Militar que asumió el poder tras la marcha de Mubarak. El agente Mahmud Al Shinawwi acertó en la diana y Harara perdió el otro ojo. Desde entonces, este antiguo dentista de 32 años tiene que caminar ayudado por un compañero. Su desgracia le ha convertido en uno de los héroes de los revolucionarios egipcios. De hecho, resulta difícil charlas más de cinco minutos seguidos con él. Son muchos los que se acercan para darle ánimos. Sus heridas son la línea temporal que va desde el combate contra Mubarak hasta las marchas contra el Ejército. Ahora, representa la voz de quienes miran con desconfianza a los Hermanos Musulmanes. Pese a las dificultades, sigue vinculado a un movimiento que le levantó del sofá hace casi dos años y por el cual ha pagado un alto precio.

Usted constituye uno de los símbolos del proceso egipcio, tanto contra Hosni Mubarak como frente a la Junta Militar que le sucedió. ¿Cómo valora actualmente la situación política del país, marcada por el enfrentamiento provocado por el referéndum constitucional?

Vamos por el buen camino si tomamos en cuenta la lucha que está llevando el pueblo. Aunque no tanto por la dirección política de los Hermanos Musulmanes. Han escrito una muy mala Constitución. Perjudica la justicia social y comercia con la religión. La utiliza. El problema es que la Hermandad está gestionando el país de una forma prácticamente fascista. Sin embargo, tengo confianza en la gente. En los últimos días he visto cómo ha salido gente del «Partido del Sofá» (término con el que se denomina a las personas que han visto la revolución desde su casa sin implicarse) y ha comenzado a tomar parte con los revolucionarios. Eso es muy positivo.

Mañana está previsto que comience el referéndum constitucional. Ante una sociedad dividida, ¿qué cree que ocurrirá a partir de entonces?

No lo tengo claro. Incluso si la Constitución es aceptada, será un «sí» débil. No obstante, aunque el texto pase adelante seguiremos trabajando en contra. La situación en la que nos encontramos la han provocado los Hermanos Musulmanes, que son quienes han presionado para que se vote el texto. Ellos son los responsables.

Algunos de sus compañeros acusan a los Hermanos Musulmanes de «secuestrar» la revolución. ¿Está de acuerdo?

Evidentemente. Los Hermanos Musulmanes secuestraron la revolución. Se han presentado a sí mismos como si fuesen revolucionarios pero solo participaron durante los primeros 18 días. Luego firmaron un pacto con la Junta Militar que es el que nos ha llevado a esta situación. Son ellos, y su acuerdo con los militares, quienes luchan contra los revolucionarios, acusándonos de seculares, de estar en contra de la religión o de tomar drogas. Es evidente que han robado la revolución.

¿Qué camino le queda a los opositores?

El régimen militar ha quedado en el pasado. Ahora estamos en un Estado civil donde hay que luchar contra los Hermanos Musulmanes, que utilizan la religión para atacar a los revolucionarios. La idea de secularismo no ha sido bien explicada. Ellos plantean que ser secular es estar contra la religión, lo cual no es verdad. Así que tenemos que luchar contra ellos.

Tras el debate, el principal grupo opositor llama al «no» en lugar de boicotear. ¿Lo comparte?

Todavía no he tomado una decisión. En un principio, yo era partidario de boicotear. Tras comprobar que la mayoría ha decidido votar en contra, es posible que acuda a las urnas.

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