La comunidad judía irrita a un equipo arqueológico

Restos hallados en Tàrrega fueron retirados y enterrados sin previo análisis en Collserola Un centenar de científicos denuncian presiones de grupos tradicionalistas

Encontronazo entre tradición y ciencia. Más de un centenar de arqueólogos han firmado un manifiesto en el que muestran su disconformidad por la retirada de 158 restos correspondientes a otros tantos individuos de una necrópolis judía de Les Roquetes en Tàrrega (Urgell), de hace 500 años, antes de que hubieran finalizado las investigaciones. El desalojo, autorizado por la Generalitat, fue efectuado en julio por dos representantes de la comunidad judía que no lograron el cierre del yacimiento, como solicitaban, y que han anunciado que regresarán en breve a Tàrrega a recoger otros 80 cuerpos desenterrados con posterioridad.
David Stoleru y Dominique Tomasov, arquitectos, representan a las tres comunidades judías afincadas en Barcelona y se han responsabilizado del traslado de los restos con la asesoría de arqueólogos de la organización Atra Kadisha, una especie de policía cultural que se encarga de preservar antiguos cementerios por todo el mundo. Ambos se encargaron de recoger las cajas que contenían los 158 restos del Museu d'Urgell, antes de que, según denuncian los responsables de la excavación, se hubieran registrado correctamente todos los datos y completado el examen antropológico de todos los individuos, que debían trasladarse a un laboratorio de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona).

PROHIBIDO EXCAVAR
Stoleru explicó a este diario que "no hay fecha de caducidad para una persona judía enterrada ya sea hace ocho días u ocho siglos". Según su tradición, está prohibido excavar y exhumar cuerpos. En caso de que se encuentren cadáveres o restos, estos deben ser enterrados inmediatamente. Acogiéndose a este precepto, recogieron las cajas y al día siguiente enterraron los restos individualmente, en pequeñas cavidades tal y como señala la ley hebrea, en una tumba colectiva del cementerio judío de Collserola y con la presencia de un rabino. Esta tumba se cerrará, señaló Stoleru, cuando se trasladen la totalidad de los cuerpos que van apareciendo en la excavación. Después se colocará una matseva o lápida conmemorativa que les recuerde.
El representante de la comunidad judía dijo que no es imprescindible analizar científicamente los restos para conocer las costumbres culturales o el estado sanitario de aquel grupo, datos que se incluyen en todos los estudios arqueológicos. "No es necesario coger un fémur y hacerle pruebas de laboratorio porque todos los datos de esa gente están en los libros y documentos", insistió.

PRESIONES
El manifiesto de los arqueólogos recrimina al Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació que se haya dejado influir por "presiones de grupos tradicionalistas" y denuncia que "con su actuación se ha producido una pérdida irreparable de información histórica muy importante". Un portavoz del área de Patrimoni rechazó estos reproches, indicó que se habían reunido para ofrecer información pormenorizada y aseguró que en este conflicto Cultura "trató de conciliar la investigación con el respeto a la cultura judía". También negó que hubieran recibido presiones. "Ellos pedían que paráramos la excavación ya que era para ellos una profanación, a lo que no accedimos", dijo.
Finalmente, el mismo técnico insistió en que "el material está suficientemente estudiado" y reconoció que el conflicto ha surgido ante la falta de un protocolo concreto para actuaciones en necrópolis judías. El Plan Integral d'Arqueologia que elabora la conselleria incluirá, indicó, un procedimiento pormenorizado que evite futuros problemas.

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