La asignatura de Religión y el acceso a la Universidad

La Iglesia católica ha hecho de la enseñanza uno de sus principales campos de batalla. No hay mejor púlpito que un aula de un colegio o Instituto, con un catequista (profesor o profesora de Religión) al frente, para adoctrinar contra los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, contra el derecho a decidir el final de nuestra propia vida, cuando ya resulta insoportable, o contra los derechos de las personas a constituir familias diferentes a las heteroparentales, o dicho en su argot, «familias como Dios manda». Las iglesias se vacían (como pone de manifiesto cada mes las encuestas del CIS), los fieles dejan de ser tan fieles y prefieren otras ocupaciones los domingos. Para compensar, la Iglesia Católica pretende llenar sus aulas de alumnos ávidos de «dieces» que cuentan para el acceso a la Universidad. La sociedad se seculariza a pasos agigantados mientras que la asignatura de Religión ocupa cada vez más espacio en el currículum de los estudiantes valencianos.Para el curso que viene, y por gentileza del TSJ valenciano, la asignatura de Religión contará con tres horas en primero y con cuatro horas en segundo de Bachillerato, a la semana.

En primero de Bachillerato el alumnado puede elegir entre Religión, Anatomía Aplicada o Cultura Científica. En segundo de Bachillerato, entre Religión, Psicología, Tecnología y Ciencias de la Tierra (entre otras). Esta oferta de optativas (disyuntiva más propia de la Edad Media que del siglo XXI: ¡razón o fe!), pone en una encrucijada al alumando. ¿Elegir el conocimiento racional y científico o elegir la fe y el dogma? No! La verdadera disyuntiva que se le plantea es: elegir entre tener un 10 con poco o ningún esfuerzo, o estudiar sin garantías de conseguir ese preciado 10. Muchos alumnos, acuciados por el cada vez más selectivo acceso a la Universidad, optan por la vía fácil del 10 en Religión. Aunque se tengan que pasar todo un curso recibiendo mensajes que culpabilizan a la mujer (y su manera de vestir) de la violencia sexual y machista; mensajes sobre la necesidad de curar la homosexualidad y opiniones extravagantes sobre dotar de personalidad jurídica a quien no ha nacido.

Y mientras esto ocurre, las familias, el profesorado, los sindicatos, los partidos de izquierdas, los colectivos en favor de la libertad de conciencia y las gentes de bien que creen que la enseñanza debe promover el concocimiento científico en un sentido amplio y alejarse de dogmatismos, sectarismo, y adoctrinamientos morales, se muestran indiferentes o tibios. Mientras la ley educativa del Partido Polular, la LOMCE, siga vigente y la ciudadanía la acepte con resignación, como algo inevitable, como si de una plaga bíblica se tratara, tendremos adoctrinamiento moral y religioso para largo. Luego nos quejaremos.

Eugenio Piñero Almendros. Profesor de Filosofía y vicecoordinador de Valencia Laica

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