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‘Identidad borrada’: La historia real de las terapias de conversión a homosexuales

Con el estreno en Netflix del documental ‘Pray Away: Reza y dejarás de ser gay’, en Fact-Fiction analizamos ‘Identidad borrada’, película basada en las memorias de Garrard Conley, un joven que tuvo que pasar por un programa de terapia de conversión apoyado por miembros de la Iglesia.

Hasta 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideraba la homosexualidad como una enfermedad. A pesar de todo, hoy en día continúa habiendo pseudoterapias de conversión en algunos países en los que ser homosexual no está penado con cárcel. El documental de Netflix Pray Away, producido por Ryan Murphy, ahonda en las consecuencias sufridas por los miembros del movimiento Exodus, un grupo cristiano nacido en 1976 que trataba de “curar” la homosexualidad.

Exodus fue una organización paraguas que conectaba otras muchas por todo Estados Unidos, pero no fue la primera. Otras, como Restoration Path, nacieron antes. Este grupo —que posteriormente se llamaría Love In Action— vio la luz en 1973 y es el punto de partida de la película Identidad borrada.

En la cinta, basada en una historia real, un chico de 19 años recién salido del armario es inscrito por sus padres en un programa de terapia de conversión para jóvenes homosexuales. La historia está basada en las memorias de Garrard Conely, que plasmó su vivencia en un libro para denunciar los hechos.

Un poco de contexto: El origen de las terapias de conversión para homosexuales

El psiquiatra Richard von Krafft-Ebing definió en 1886 en su obra Psychopathia Sexualis la homosexualidad como una parafilia. El psiquiatra creía que era una enfermedad que podía ser curada.

Hasta mediados del siglo XX hubo intentos médicos para “curar” la homosexualidad que pasaron por lobotomías, tratamientos hormonales o por electrochoque, terapias de aversión o hipnosis. Los nazis creían que podía curarse a través de la humillación y el trabajo duro. Además, los separaban, ya que pensaban que la homosexualidad podía propagarse. Mutilaron a presos y llevaron a cabo experimentos en humanos, sin obtener ningún conocimiento científico de los mismos.

Mientras que Freud creía en que la bisexualidad era innata y consideraba que las terapias de conversión apenas podían tener éxito, otros teóricos disentían. Tras su muerte y hasta los disturbios de Stonewall en 1969 —fecha en que la lucha por los derechos LGTBI adquirió una notable visibilidad— las pseudoterapias de conversión gozaron de la aprobación de la comunidad psiquiátrica.

‘Identidad borrada’, la historia real de unos fundamentalistas cristianos que buscaban “curar” la homosexualidad

En 2016, el estadounidense Garrard Conley, profesor universitario de Literatura inglesa, publicó Identidad borrada, un libro autobiográfico en el que relataba su paso por un programa de Love In Action en el año 2004, a los 19 años de edad. La película, que adaptó el libro en 2018, es bastante fiel a lo relatado por Conley en sus memorias, llevando a la pantalla una historia en la que muchos habrán podido verse reflejados.

El Garrard Conley de la ficción, interpretado por Lucas Hedges, lleva por nombre Jared Eamons, pero el núcleo de la historia es el mismo: Conley fue violado por un estudiante en la universidad. Después, el violador llamó por teléfono a los padres de Conley para tratar de cubrir sus actos, diciéndoles que su hijo era gay.

“Saber que era gay parecía más impactante que la noticia de mi violación”, relató posteriormente el escritor a la prensa. El padre de Conley, pastor baptista (interpretado en la adaptación fílmica por Russel Crowe) le dijo a su hijo que no volvería a poner un pie en casa si seguía adelante con esos “sentimientos” y que no le permitirían seguir adelante con su educación. Tras consultar la decisión con otros pastores, decidieron inscribirle en un programa de internamiento en el estado de Arkansas.

El joven aceptó, llegando a pensar que las personas LGTBI eran depravados y violadores, como el chico que le había asaltado —y que le reconoció posteriormente haber abusado de un chico de 14 años—. Al echar la vista atrás, Conley considera que tenía una visión muy limitada de la realidad. Vivía en un pueblo de apenas 100 habitantes y en su casa se promulgaba una visión fundamentalista del cristianismo en la que la Biblia se tomaba al pie de la letra.

La pseudoterapia, que consistía en diferentes métodos de tortura psicológica, estaba dirigida por el sacerdote John Smid (en la película el personaje se llama Victor Skyes y le da vida Joel Edgerton, también director del film). Entre otras técnicas, los líderes de Love in Action recrearon el funeral de Conley, le decían que Dios no le amaba y obligaron a sus compañeros a leer un obituario en el que decía que moriría de sida.

El precio por semana de terapia rondaba los 1.500 dólares, y había gente que llegaba a pasar un año allí. Tras dos semanas internado, Conley se armó de valor para llamar a su madre, que le sacó de la terapia cuando este le dijo que sería capaz de suicidarse si seguía allí. Hoy en día, el joven tiene buena relación con sus padres (su madre hasta visitó el set de rodaje de la adaptación), aunque su padre sigue creyendo en que ser homosexual es una elección personal.

El director, John Smid acabaría abandonando la organización y pidiendo perdón por todo el daño causado. En 2011 reconoció que seguía siendo homosexual y que nunca había conocido a nadie que realmente hubiese podido revertir su orientación sexual. Se casó con un hombre en 2014.

700.000 estadounidenses han pasado por terapias de conversión

Según un estudio de la Universidad de California, alrededor de 700.000 adultos han pasado por este tipo de pseudoterapias de conversión en EE.UU, la mitad de ellos como adolescentes. Dado que estas terapias no funcionan, la frustración y la desesperación que aparece en algunas personas lleva a la depresión o el suicidio. Algo de lo que alertó John Evans, uno de los creadores de Love in Action en 1993, tras el suicidio de un amigo suyo.

A pesar de que las principales asociaciones de salud del país, incluyendo la Asociación Médica Estadounidense, la Asociación Psicológica Estadounidense y la Academia Estadounidense de Pediatría se han opuesto públicamente en contra de las pseudoterapias de conversión por ser “dañinas e ineficaces”, estas no son ilegales aún en todo el país. Tan solo 24 estados y el Distrito de Columbia las prohíben.

La Ley LGTBI contempla ilegalizar las terapias de conversión en España

En nuestro país, fue la dictadura franquista la que comenzó a perseguir la homosexualidad, introduciendo en 1954 una modificación en la ley de vagos y maleantes de 1933. Algunos homosexuales fueron llevados presos a la Colonia Agrícola de Tefía, en Fuerteventura.

Ya en democracia, y tras la condena a las terapias de conversión y el cambio de posición de la OMS sobre la homosexualidad, en España se han producido algunas polémicas relacionadas con este tipo de pseudotratamientos.

En 2010, la Consejería de Salud de la Generalitat de Cataluña expedientó a la Policlínica Tibidabo de Barcelona por aplicar pseudoterapias para «curar» la homosexualidad a través de pastillas y tratamiento psiquiátrico.

Una investigación de eldiario.es destapó que se impartían pseudoterapias de conversión en las instalaciones del arzobispado de Alcalá de Henares. En su propia web indican que “si la práctica de actos homosexuales no se ha enraizado, pueden ser resueltos positivamente con una terapia apropiada”.

Este tipo de pseudoterapias solamente son ilegales en cinco comunidades autónomas, entre ellas Madrid. El anteproyecto ley trans y LGTBI prohíbe estas terapias considerándolas infracciones muy graves, por lo que se prevén multas de entre 10.001 y 150.000 euros.

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