Hay de bodas a bodas

En el Bucareli anterior señalé la necesidad de reformar el artículo 40 de la Constitución agregándole la palabra laico. Dos días después, el miércoles, la Cámara de Diputados en comisiones aprobó por mayoría de 18 votos a favor (PRI, PRD, PT y PVEM) y cinco en contra (PAN) añadir esa característica para que el Artículo 40 quede así: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”. Será enviada al pleno y según los mismos diputados puede votarse en este periodo.

El paso es al tamaño del desafío. Ante la amenaza del fundamentalismo autóctono se levanta, otra vez, la voz del mexicano que desde hace 150 años ha luchado por la separación del estado de las organizaciones, sectas o feligresías religiosas. El licenciado Juventino Castro y Castro, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, dijo que como está la Constitución actualmente permite “graves intromisiones de la jerarquía católica en las constituciones de los estados y en sus leyes”. El diputado Nazario Norberto Sánchez indicó que aún “falta cerrarle la puerta a las Iglesias para que no se entrometan en asuntos políticos que no son de su incumbencia”. Insistía en Bucareli que no será fácil defender la postura de la libertad de cultos, el respeto a todas las creencias y la distancia entre religiones organizadas y gobierno. El ejemplo de Juárez es lección histórica: a su intento de sacar a México de la edad media le respondieron con un emperador extranjero. No será fácil decía y lo que estamos viendo lo prueba.

La reacción fue inmediata. El obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi, en una carta pastoral titulada Laicismo y laicidad, pide que se impartan clases de religión en las escuelas públicas y tengan validez oficial los estudios en los seminarios donde se forman sacerdotes. A quienes aprobaron la reforma del artículo 40 los llamó “Varios enemigos de la Iglesia católica se han aglutinado… es la misma trampa de cambiar conceptos, como lo han hecho al llamar salud reproductiva al aborto”. Y el diputado Carlos Alberto Pérez Cuevas, del PAN, quien participó en el debate y votación del miércoles, dijo que la reforma “deja en la indefensión a los ciudadanos” y amenazó: “Los derechos… pueden ser sujetos de revisión en la Corte Interamericana de los Derechos
Humanos”.

El problema es que la embestida cuenta con el apoyo del presidente Felipe Calderón, quien al tomar accidentada posesión de su cargo juró “Cumplir y hacer un cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen”, ante una Constitución no vigente, por lo menos en México, porque aprovechando que los japoneses hablan japonés el licenciado les explicó en español que la Carta Magna mexicana “habla explícitamente del matrimonio entre el hombre y la mujer”, frase ausente de nuestra ley fundamental. Defendía así un principio que la Iglesia considera indiscutible. Cualquiera se confunde.

Quedan menos de tres años y los enemigos de lo laico, de la laicidad y del laicismo hacen todo lo posible por ganar tiempo y salirse con la suya y lo nuestro. Inventarán una distinción entre lo laico moderno y antiguo, y se declararán en defensa del moderno para retrocedernos a lo arcaico. Compararán a México con otros países para que olvidemos nuestra historia irrepetible. No habrá recurso que desperdicien para lograr su objetivo en el corto tiempo de que disponen antes de entregar el Poder Ejecutivo.

El peligro no está en los matrimonios entre personas del mismo sexo, que no nos distraigan.

Eso es algo inherente a la libertad de decidir, a la posibilidad de cada hombre y mujer de escoger con quién y cómo quiere compartir su vida. El peligro inminente y cierto está en la unión ilegal aunque natural de un presidente y un cardenal. Esa boda sí es preocupante. Hasta antes de los últimos presidentes, incluido uno del PRI, la división era clara y el Gobierno Federal frenaba las intenciones religiosas de extenderse en todos sentidos. Pero hoy los propósitos coinciden, desaparecieron los linderos, ancha es Castilla y mueran los sarracenos.

Me pregunto si en la Constitución que don Felipe usa en sus viajes se habla explícitamente del matrimonio entre un presidente y un obispo. Si no, debería proponerse una reforma que, impulsada por la corriente laica moderna, garantizara esa posibilidad.

Antes de que la PGR interponga una acción de inconstitucionalidad contra los prejuicios.

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