Hatun Surucu fue asesinada por sus hermanos por «honor»

La turca que vivía como una alemana El asesinato en plena calle de una joven turca, a comienzos de febrero en Berlín, ha suscitado en Alemania las últimas semanas una toma de conciencia sobre un fenómeno largamente subestimado, los "crímenes de honor".
El 7 de febrero pasado, en una parada de autobus, alguien se acercó a Hatun Sueruecue, una chica de 23 años, y le descerrajó varios balazos en la cabeza. Harun tenía 23 años. Pocas horas después, la policía germana detuvo a los tres hermanos de la muchacha. Los hombres confesaron haber perpetrado el crimen para lavar "el honor de la familia", y argumentaron que Harún era turca "pero vívia como una alemana".

   No es ésta la primera vez que una calle alemana es escenario de un asesinato "por honor", digno de las comarcas más atrasadas de la Turquía rural.

Entre 1996 y 2004 se cometieron al menos 45 asesinatos de este tipo en Alemania, 13 de ellos en Berlín, según la asociación berlinesa "Papatya", de ayuda jóvenes turcas que tienen dificultades con sus familias.
   "Lo nuevo aquí es el eco que suscitado el hecho en los medios de comunicación", reconoció Myria Boehmecke, de la organización no gubernamental de derechos humanos Terre des Femmes.
   La carta abierta del director de un instituto de estudios secundarios ha echado más leña al fuego al desvelar que algunos de sus alumnos habían opinado que Hatun había tenido lo que se merecía, porque "vivía como una alemana".
   "Estos alumnos destruyen la paz del centro de estudios, cuando aprueban el asesinato, afirmando que la joven se comportaba ’como una alemana’, y cuando provocan y ofenden a sus compañeras de estudios porque no se cubren la cabeza o viven de otra manera", afirmó Volker Steffens en su carta abierta.
   Obligada a casarse a los 15 años con un primo de Turquía, Hatun Sueruecue puso fin a su relación y regresó encinta a Berlín, donde tuvo un hijo a los 17. Posteriormente vivió como madre soltera, rompió con su familia, dejó de cubrirse la cabeza y se maquillaba.
   Entre las jóvenes que atiende "Papatya" y que han sufrido destinos similares figura una chica de 13 años, indicó un responsable de la entidad que prefiere guardar el anonimato.
   Para evitar represalias, el nombre de la asociación no figura a la calle y solamente se puede tomar contacto con sus responsables a través de intermediarios de absoluta confianza
   "¿Cuántas mujeres tienen que morir para que esta sociedad se dé a conocer finalmente?", se pregunta la socióloga Nekla Kelec en una entrevista con el diario Tagesspiegel de Berlín.
   Kelec acaba de publicar un libro titulado "La novia extranjera", un testimonio sobre las intimidades de la vida de los turcos en Alemania, los casamientos arreglados y los problemas de integración ligados
   El problema es grave, subrayó la abogada turca Seyran Ates. "Mis colegas y amigas en Turquía se sienten menos amenazadas allá que en Alemania, donde tenemos que enfrentar a una comunidad extremadamente conservadora y cerrada. En Turquia, donde los tabúes han sido ya quebrados, tales actos suscitan reprobación pública", agregó.
   En Alemania "uno de los malentendidos fundamentales es el del multiculturalismo", que cree "que todas las culturas reposan sobre los mismos fundamentos o que al menos todas merecen el mismo respeto", señaló Kelec.
   El problema se traduce asimismo en los tribunales, donde "algunos jueces consideran las presiones socio-culturales o las tradiciones como circunstancias atenuantes. Y esto es absolutamente inaceptable", afirmó la abogada.
   Este sábado varias organizaciones de defensa de la mujer realizarán una manifestación ante la alcaldía del distrito berlinés de Neukoelln, donde vive una importante comunidad turca, para reclamar por el derecho de las mujeres turcas "a decidir por sí mismas su propia forma de vida, sin violencia".

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