Guerra religiosa en Brooklyn por el carril bici

La utopía de la convivencia entre razas, tribus, religiones, clases e ideologías se acaricia a diario en Nueva York; pero en Williamsburg, un barrio de Brooklyn, la armonía peligra. En la superficie, el problema es un carril bici. Arañándola, hay más.
Hace solo unos meses, responsables municipales presentaron extáticos el último hito de la ciudad que ya se define como «capital de los ciclistas en EEUU»: en tres años se ha completado la reconversión de más de 300 kilómetros de carreteras y caminos en carriles para bicicletas. La red para ciclistas en la urbe ya roza los 650 kilómetros y está más cerca el objetivo de 3.000 kilómetros de carril bici para el 2030.
No está siendo una reconversión sin problemas. Hay críticas de conductores por la pérdida de espacio para circular o aparcar, protestas de comerciantes, quejas de peatones por la falta de respeto a las normas de algunos ciclistas… Y también hay retos para los ciclistas que, según un estudio reciente, en un paseo de 10 minutos encuentran bloqueado su carril el 60% del tiempo.
Pero lo que solo se ha visto en Williamsburg es que un grupo proteste porque las bicicletas hayan llevado hasta su barrio, en los meses de buen tiempo, a mujeres vestidas con poca ropa.
Para entender la queja hay que saber que quienes la realizan son jasídicos, una rama de judíos ultraortodoxos. Llevan décadas asentados en un barrio de fuerte presencia puertorriqueña y de emigrantes de Europa del Este y que desde hace unos años pueblan también muchos músicos, artistas y jóvenes profesionales. Hasta que llegaron las bicicletas, el carril bici y el verano, habían convivido en relativa paz. Ahora dicen que los ciclistas representan «un peligro para la seguridad y la religión». Y se habla ya de la guerra entre los hipsters (modernos) y los jasídicos.
Por ahora, ganan los segundos. El alcalde, Michael Bloomberg, impulsor de la reconversión ciclista de Nueva York, cedió a las quejas (intentando ganar votos para la reelección que consiguió hace unas semanas) y equipos municipales han borrado el carril bici en 14 manzanas de la avenida Bedford, la principal arteria de Williamsburg.
En respuesta, esta semana, protegidos por la noche, varios defensores del carril bici (incluyendo judíos y jasídicos no opuestos a la vía) se lanzaron, pintura y espray blanco en mano, a repintarlo. Grabaron su iniciativa de guerrilla y la colgaron en Youtube. Y aunque fueron interrumpidos por una patrulla de vigilantes jasídicos y luego se entregaron a la policía, no está claro que se les vaya a imputar ningún cargo. La ciudad esperaba a que la lluvia borrara su trabajo. Los equipos de limpieza acabarían con el resto.
Los ciclistas no se rinden. Para mañana domingo hay convocada una marcha que, al estilo de los funerales de los músicos de Nueva Orleans, recorrerá Williamsburg a pedales llorando animadamente por el carril perdido. Y esta guerra se internacionaliza: cuando Bloomberg aterrice el lunes en Copenhague para asistir a la cumbre sobre el cambio climático, le estarán esperando un grupo de activistas ciclistas neoyorquinos.

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