Funeral de Estado laico por las víctimas de París

«Ellos tienen el culto de la muerte pero nosotros tenemos el amor a la vida», dijo el presidente francés, resaltando que los terroristas de París son los mismos que en Bamako o Túnez, y antes en Londres o Madrid.

Cuando se cumplen justo dos semanas de los atentados de París del 13 de noviembre, el presidente francés, François Hollande, ha presidido este viernes un sobrio y solemne homenaje a las “130 vidas arrancadas, 130 destinos truncados” aquel “día que nunca olvidaremos”.

El acto de Estado, sin carácter confesional, tuvo lugar en uno de los monumentos más importantes de París, en Los Inválidos, con música en directo y honores militares, con unas mil personas como asistentes invitados.

En el homenaje participaron familiares de los 130 fallecidos, supervivientes (algunos heridos) y representantes sociales, diplomáticos, políticos y de todos los cuerpos de seguridad. Arrancó y terminó con el himno de La Marsellesa, símbolo de la unión de los franceses.

Después de varias actuaciones musicales, se han leído uno a uno los nombres y las edades de los que perdieron la vida a manos de los yihadistas. Y se ha respetado un minuto de silencio en su memoria.

EL MENSAJE DE HOLLANDE

En un discurso emotivo Hollande ha recordado que Francia “luchará hasta el final y ganará” su batalla contra el terrorismo y el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), que no “cederá ni al miedo ni al odio” y ha lanzado un mensaje de esperanza a la juventud, principal blanco de los ataques.

«Ellos tienen el culto de la muerte pero nosotros tenemos el amor a la vida», ha defendido el presidente francés, que ha dejado claro que quienes han atentado en París, son los mismos que lo hacen en Bamako o Túnez y que antes lo hicieron en Londres o Madrid: «un Islam desviado que reniega del mensaje de su libro sagrado». “Una horda de asesinos mató a 130 de los nuestros e hirió a cientos, en nombre de una causa loca y de un dios traicionado”. Hollande ha prometido “solemnemente que Francia pondrá todo en orden para destruir al ejército de fanáticos que ha cometido estos crímenes”.

«Para ganar el combate contra Daesh[acrónimo en árabe de Estado Islámico], podemos contar con nuestros militares, nuestros policías, nuestros gendarmes, con nuestro Parlamento para adoptar todas las medidas para defender al país y, sobre todo, con cada uno de los franceses». Recordó de forma especial que el atentado había golpeado a la generación joven: “A pesar de la lágrimas, esta generación se ha convertido hoy en el rostro de Francia”, ha concluido Hollande.


Ceremonia al más alto nivel en el homenaje de Estado a las víctimas

El País

Después de los homenajes diarios que cientos de personas anónimas rinden a los 130 fallecidos de los atentados del 13 de noviembre en las calles de París frente a los lugares atacados, llegó este viernes el homenaje nacional oficial. En la explanada de Los Inválidos, ante un millar de familiares, heridos y supervivientes —arropados por la clase política, diplomáticos y personal de los servicios sanitarios y de emergencia— el presidente François Hollande presidió una ceremonia sobria y emotiva. En su discurso prometió “solemnemente” acabar con el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), mantener al país unido y lanzó un mensaje de esperanza a la juventud, principal blanco de los ataques, una generación que “a pesar de las lágrimas […] se ha convertido hoy en el rostro de Francia”.

La música, “esa música que a los terroristas les era insoportable”, marcó los pasos de la ceremonia dominada en su conjunto por un intenso silencio. La Guardia Republicana abrió la ceremonia con La Marsellesa, a la que siguió uno de los momentos más emotivos. Al son de Quand on a que l’amour (Cuando solo se tiene el amor), de Jacques Brel, interpretada Camélia Jordana, Yael Naim et Nolwenn Leroy, desfilaban las fotografías de los rostros de Gilles, Alexandra, Sven y tantos otros en una pantalla colocada entre el coro y los familiares. A continuación, la soprano Nathalie Dessay entonóPerlimpinpin, de Barbara, acompañada al piano por Alexandre Tharaud. La larga lista de los fallecidos sonó a continuación por los altavoces del patio de honor de Los Inválidos, antes de dar paso al discurso del mandatario.

Hollande quería un homenaje sobrio y solemne y fue con semblante serio que tomó la palabra para recordar aquel “día que nunca olvidaremos” en el que “Francia ha sido golpeada cobardemente, en un acto de guerra organizado de lejos y fríamente ejecutado”. “Una horda de asesinos mató a 130 de los nuestros e hirió a cientos, en nombre de una causa loca y de un dios traicionado”, llevándose por delante a “130 destinos truncados, 130 risas que no volveros a oír”. Hollande prometió “solemnemente que Francia pondrá todo en orden para destruir al ejército de fanáticos que ha cometido estos crímenes” a la vez que “Francia seguirá siendo ella misma”. “Para ganar el combate contra Daesh [acrónimo en árabe de Estado Islámico], podemos contar con nuestros militares, nuestros policías, nuestros gendarmes, con nuestro Parlamento para adoptar todas las medidas para defender al país y, sobre todo, con cada uno de los franceses”.

En su combate contra el terrorismo, una lucha que Francia llevará “hasta el final y ganará”, Hollande quiso dejar claro que su país “seguirá siendo fiel a la idea misma de Francia”. La de “un arte de vida”, “una adhesión a la laicidad” y una “confianza en nuestro destino colectivo”. Dirigiéndose directamente a los familiares y los heridos, una decena de los cuales se encontraban en silla de ruedas, todos situados en la tribuna frente a él, el presidente quiso insistir en que “Francia está a su lado”. “Reuniremos nuestras fuerzas para suavizar los dolores y cuando hayamos enterrado a los muertos, tendremos que reconstruir a los vivos”.

Hollande quiso también recordar que aunque las víctimas eran de todas las edades, de todas las profesiones y procedentes de 17 países, más de la mitad no habían cumplido los 35 años. “Eran la juventud de Francia, la juventud de un pueblo libre, que ama la cultura, todas las culturas”. De cara al futuro quiso lanzar un mensaje a la nueva generación, marcada por estos ataques como “una iniciación terrible a la dureza del mundo”. Una juventud que “ha sido golpeada” pero que “no tiene miedo” que “vivirá plenamente, en nombre de todos los muertos que hoy lloramos”.

A la salida del acto, Catherine Orseme, de 60 años, herida en el brazo izquierdo en el ataque contra el Estadio de Francia, consideró que con su discurso “Hollande ha encontrado las palabras justas”. En el interior del patio de honor de Los Inválidos, “la emoción se ha sentido en el silencio”, ha añadido. Bruno Tarrade, de 37 años, vecino de la sala de conciertos Bataclan, había acudido como invitado por un afectado: “En la tribuna de las víctimas había mucha emoción y muchas lágrimas; delante de mí había unos señores mayores con un niño; solo puedo imaginar el resto”.


El nombre de las víctimas

Guillermo Altares. El País

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, The New York Times hizo un esfuerzo titánico para poner una historia y un nombre a todas las víctimas del ataque terrorista contra Washington y Nueva York. Este mismo diario hizo un trabajo igualmente impresionante con los muertos en Madrid del 11 de marzo de 2004. Se llamó Vidas rotas. Y ahora la prensa francesa lleva dos semanas luchando para que ninguno de los 130 asesinados durante la locura terrorista de la noche del viernes 13 de noviembre se quede reducido a una estadística. De hecho, la agencia France Presse ha difundido el que seguramente sea el reportaje más largo de su historia, 8.000 palabras dedicadas a las víctimas, de 19 nacionalidades y más de la mitad menores de 30 años.

El periodista italiano Mario Calabresi escribió un gran libro,Empujando la noche más allá. La historia de mi familia, en memoria de su padre, un policía asesinado por el terrorismo en Milán. Calabresi trata no sólo de recordar la historia de su padre, sino también de recuperar su dignidad porque no sólo era una víctima, sino que había sido denigrado por sus verdugos acusado de haber matado a un prisionero anarquista tirándolo por la ventana –ni siquiera estaba en el edificio donde ocurrió–. Calabresi, director deLa Stampa de Turín desde 2009 y recién nombrado director de La Repubblica, recordaba precisamente las biografías publicadas tras el 11S, la historia de un hombre que acababa de comprarse un Porsche, pero que lo tenía siempre manchado de ceniza por los puros que se fumaba. «Traté de imaginar un obituario más tradicional. Pero nadie hubiese conservado la memoria. Pero todavía puedo recordar la historia de una mujer cuya oficina estaba en el último piso y estaba feliz de poder contemplar la escuela de su hijo desde allí. Son estas pequeñas cosas las que mantienen viva la memoria, no la retórica».

Incluso en un país tan profundamente ceremonioso como Francia, el recuerdo de las víctimas, este viernes en una ceremonia en el patio de los Inválidos, ha estado lleno de vida, no de retórica, se ha entonadoLa Marsellesa, pero también una preciosa versión de Cuando sólo nos queda el amor, de Jacques Brel, ante los familiares de los asesinados, con sus rostros como telón de fondo. «Cuando sólo nos queda el amor / para hablar frente a los cañones / Y sólo tenemos una canción / para convencer a un tambor», dice la letra de esta preciosa canción del cantante belga.

Resulta imposible recordar todos los detalles de las biografías, las decenas de vidas rotas aquella noche, las imposibles casualidades que llevaron a cada uno a estar donde estaba entre las 21.20, cuando se hizo estallar el primer terrorista suicida en el Estado de Francia, y las 21.40 cuando entraron los tres asesinos de la sala Bataclán, donde se produjeron la mayoría de las víctimas. En el Estadio de Francia los suicidas sólo asesinaron a una persona, Manuel Colaço Dias, un portugués de 63 años que vivía desde hace 45 años en Francia. Había llevado a un grupo desde Reims a ver el partido Francia-Alemania y les esperaba fuera. Casado, padre de dos hijos, vivía en Cormontreuil, cerca de Reims, y trabajaba desde hace 20 años en la empresa Regnault Autocars. Le gustaba mucho el fútbol –era un fan del Sporting Clube de Portugal– y por eso le tocaba muchas veces llevar a clientes al estadio. A veces veía los partidos con sus pasajeros. Esta vez no. Fue la primera víctima del 13 de noviembre.

Funeral de Estado atentado Paris 2015 a

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