Eso es complicidad, monseñor Raúl Vera obispo de Saltillo (México)

El que calla otorga y se convierte en cómplice del o los ilícitos que haya conocido bajo cualesquier circunstancia, al menos es el mínimo señalamiento a todo aquel que acepta públicamente o en pláticas de familiares o amigos, que fue testigo de delitos cometidos en su entorno o círculos de convivencia.
El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, plácidamente declaró la semana pasada a un medio informativo de la ciudad capital, que conoció detalles de la matanza realizada años atrás en el interior del penal de Piedras Negras, Coahuila, en donde entre otras atrocidades, además de acabar con la vida de decenas de personas metiéndolos a tambos con aceite hirviendo, por otro lado, hubo cuerpos descuartizados y otros aberrantes crímenes.
Vera López, en la entrevista acepta abiertamente que «tenía mucha información sobre lo que estaba pasando”, disculpándose no acudir ante las autoridades para dar a conocer lo que se hacía en el interior de la penitenciaría de Piedras Negras, porque «estábamos en el desamparo total en ese momento”.
Sin embargo, pasaron años en que lo del «cocimiento” de gente contraria al grupo de la delincuencia organizada que operaba en el norte de Coahuila y la boca de Raúl Vera López, se mantuvo «sellada y clausurada” como si nada.
El sistema del obispo saltillense de «en boca cerrada no entra mosca” que es lo mismo que «calladito me veo más bonito”, no es una novedad, pues esa ha sido su actitud en anomalías y situaciones ilícitas que se han cometido en el interior de la iglesia católica como es el caso de sacerdotes de su propia Diócesis, señalados como pederastas y la aceptación de la existencia de esos casos los ha revelado después de mucho tiempo y tras los insistentes señalamientos hechos por familiares, amistades o conocidos de las víctimas.
Se dice que a toro pasado, nada es válido y es el caso justo las revelaciones del obispo de la ciudad capital coahuilense, pues de qué sirven sus «audaces” declaraciones a la prensa cuando los hechos ya son investigados y turnados a las autoridades correspondientes para señalar culpables, que tampoco de nada servirá, pues en su mayoría han abandonado Coahuila y en el mejor de los casos han pasado a mejor vida, víctimas de la pelea desatada entre los grupos rivales en posesión de la plaza fronteriza.
Lo que don Raúl sigue manteniendo en silencio y callado, es su amistad, al menos así lo señalan los cercanos al personaje religioso con el bien llamado «pozolero”, que no es otro que el mismo reo del penal de Piedras Negras, Coahuila, que «cocinaba” en aceite a las víctimas del grupo delincuente competidor y que por motivos desconocidos ahora tiene su «domicilio” en Saltillo, precisamente en la penitenciaría de la ciudad capital coahuilense.
Por cierto, el «pozolero” ahora que ya no está en Piedras Negras y «radica” en el interior del penal de Saltillo, Coahuila, se comenta es muy visitado por Raúl Vera, que nada extraño debe parecernos, pues cada quien tenemos las amistades que escogemos.
Ahora, el obispo de Saltillo, «pide” a las autoridades judiciales de Coahuila, aplique «todo el peso de la ley” sobre los responsables de la masacre que por meses se tuvo en la ergástula de Piedras Negras.
Empero, la pregunta sobre esa justicia demandada es también para aplicarse a los cómplices, porque tanta culpa tiene el que mata la vaca, como el que le ata la vaca.
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