Escuela, Historia, Religión y Laicidad, fueron temas de debate

La supresión de la enseñanza religiosa en la escuela y su relegación a los escenarios naturales, el confesional de la iglesia o mezquita y el familiar el hogar, se está convirtiendo por momentos en “prueba de fuego” del gobierno socialista portugués de José Sócrates, al igual que en la vecina España para el gobierno del también socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

La larga sombra de la jerarquía católico romana, esta vez a través de nada indisimuladas presiones en los dos países estaría ganando claramente la batalla, a juzgar por las sucesivas concesiones gubernamentales de ambos países.

En el caso de Portugal, no fue hasta 2004 en que se ratificó en el Vaticano una teórica puesta al día del Concordato de 1940 que en su día supuso para la dictadura fascista de Oliveira Salazar las bendiciones eclesiásticas y para la Iglesia Católica la devolución del inmenso patrimonio eclesiástico nacionalizado con  la República de 1910.

Voces críticas de las relaciones Estado-Iglesias en Portugal, como la del padre Mário de Oliveira, conocido sacerdote contestatario católico, director de la revista “Fraternizar”, denuncian el doble rasero del Estado portugués en las relaciones con la Iglesia católica y las demás confesiones, al tiempo que la doble moral de altos dignatarios del Estado que, haciendo profesión de ateos, permiten ceremonias religiosas católicos en actos de Estado en las que no dudan en ponerse al frente. “Mancebía pública”, llama este dislate el padre de Oliveira.

Así las cosas, la religión “continúa siendo un elemento importante para la autodeterminación de una sociedad.”  Lo noticiable de esta frase, más allá del propio contenido en sí, acaso sea la fuente que la difunde: la asociación cívica portuguesa “República e Laicidade”, cuyo lema es la lucha “por una república secular y laica, por una sociedad libre, abierta, inclusiva y justa”.

El reconocimiento desde instancias laicas de este nueva e inesperada importancia de las religiones exige también “una nueva orientación en los estudios de las religiones que ya  no permite una definición de la ”religión” y obliga al mismo tiempo a emprender investigaciones sobre perspectivas diferentes. “Es la hora del diálogo interreligioso sin compromisos”, comentó un observador laico del fenómeno religioso, para añadir: “como condición previa al diálogo de las religiones con la sociedad civil y muy concretamente con la comunidad educativa, que debe mantener a las religiones fuera de la escuela”.

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