El Supremo de EEUU da la razón a una joven a la que se negó un empleo por el hijab

El alto tribunal dice que la joven no tenía por qué explicar a Abercrombie & Fitch sus motivos religiosos

Cuando Samantha Elauf se presentó en el 2008 para una entrevista en una tienda de Abercrombie & Fitch en Tulsa (Oklahoma), el aspecto de la adolescente, entonces de 17 años, convenció al entrevistador, que pensó que se acomodaba a la línea de la cadena. Un supervisor, no obstante, apuntó a que el hijab de Elauf violaba la parte de la “política de apariencia” de la empresa , que en esos momentos prohibía a los empleados cubrirse la cabeza. Elauf perdió puntos y no consiguió el trabajo y presentó una queja ante la Comisión para Igualdad de Oportunidades en el empleo, lo que puso en marcha un caso que llegó al Tribunal Supremo, que este lunes ha dado la razón a la joven en lo que se interpreta como una victoria contra la discriminación por motivos religiosos.

Según la visión de los ocho de los nueve magistrados del Supremo, Abercrombie & Fitch violó el capítulo VII de la ley de derechos civiles de 1964, que establece que las empresas deben acomodar “razonablemente” las creencias y prácticas religiosas de los empleados siempre que esto no suponga “dificultades indebidas” para la compañía. Los jueces estiman que Elauf, que no dijo en la entrevista que era musulmana practicante, no tenía por qué explicar los motivos religiosos que le llevan a emplear el hijab.

Abercrombie & Fitch ha defendido desde el principio que no discriminó por motivos religiosos, sino que simplemente aplicó su política de apariencia (que prohibía también otras cosas como ropas negras, cortes o tintes de pelo estridente o uñas largas). La política en lo referente a los hijab, no obstante, ha cambiado desde entonces y en un comunicado la empresa ha asegurado que su uso se permite desde abril, cuando también dejó de considerarse “el atractivo” como uno de los factores para contratar empleados.

FALTA DE DIVERSIDAD

Abercrombie & Fitch ya tuvo que pagar en el 2013 71.000 dólares a otras dos musulmanas que les denunciaron por el uso del hijab y en el 2005 la empresa saldó demandas por la falta de diversidad entre sus empleados acordando pagar 50 millones de dólares a aspirantes negros, latinos y asiáticos que no consiguieron empleos.

Si el Supremo hubiera fallado a favor de la compañía podría haber tenido impacto en las reclamaciones de otras personas como embarazadas o gente con discapacidades, que habrían tenido que hablar expresamente en las entrevistas de trabajo de sus circunstancias. En cambio, la decisión de este lunes se considera una victoria para la integración en EEUU.

LIBERTAD RELIGIOSA

“Conforme la composición religiosa de nuestra nación se hace cada vez más diversa, esta decisión impacta cómo reflejamos esas diferencias y cómo las garantías de libertad religiosa se extienden a nuestros lugares de trabajo”, ha escrito en ‘The Washington Post’ Simran Jeet Singh, miembro de la Coalición Sij y doctorando en la Universidad de Columbia.

“Como hemos visto una y otra vez, cuando nuestro país trata injustamente a comunidades enteras, da de hecho luz verde a todos los estadounidenses a hacer lo mismo. Las políticas discriminatorias se filtran en la ciudadanía y envían el mensaje de que está bien tratar a comunidades marginalizadas como ciudadanos de segunda clase (…) Tener más diversidad representada en la masa laboral podría reducir estereotipos negativos que contribuyen a la xenofobia y a violencia de odio que pone en la diana a comunidades minoritarias”, ha añadido Singh.

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