El prior del Valle de los Caídos: «Nos persiguen como en 1934»

Cree atacada la libertad religiosa por las obras en el templo

Los monjes benedictinos del Valle de los Caídos protestaron ayer de nuevo por el cierre temporal de la basílica con una multitudinaria misa al aire libre en la que afirmaron sentirse perseguidos por su fe. Durante una homilía muy combativa, el prior comparó su actual situación con la que sufrieron los religiosos polacos durante el comunismo o los beatos españoles "durante la persecución de odio a la fe en España de 1934 a 1939". Al llegar las peticiones, el prior pidió al público rogar "porque la basílica recupere cuanto antes la libertad de culto".

Desde principios de año se impide a los fieles al acceso al templo por unos trabajos de acondicionamiento en la fachada, cuyo deterioro pone en peligro a los visitantes, como se detalla en los informes de seguridad de Patrimonio Nacional. Los monjes de la abadía, sin embargo, se lo han tomado como un ataque a su libertad religiosa. Venían quejándose desde hace tiempo y celebrando misas improvisadas en las zonas boscosas de los alrededores, aunque para ayer habían programado con la Delegación del Gobierno una gran celebración en la explanada en el caso de que acudiese mucha gente.

Así fue, y los benedictinos mostraron su músculo llenándola y colapsando la entrada al Valle de los Caídos durante unas horas. "Ahora es cuando más hay que apoyarles, ahora que quieren acabar con ellos", resumía una anciana que subía a duras penas la larga cuesta hacia el templo. Los monjes celebraron hace 10 días una misa funeral en honor a todos los caídos durante la Guerra Civil junto a las tumbas de Franco y José Antonio Primo de Rivera.

David Fernández, un chico de 19 años que gestiona varias páginas web en Internet, decía que acudía para honrar al dictador y de paso "protestar por lo que los socialistas están haciendo con la familia". Mientras, la voz de los niños del coro llegaba hasta el bosque de pinares. "Aunque todos los cristianos deberíamos dar la vida por nuestra fe llegado el caso", continuaba el prior en el altar sacado a la entrada, "un sutil acoso psicológico y emocional es mucho más dañino contra nuestras creencias". Y arengaba: "No temamos la persecución porque Dios está con nosotros". En ese momento, un grupo de chicas ataviadas con chalecos reflectantes amarillos pasaban el cepillo por la explanada.

Fuentes de la Delegación se mostraban satisfechas porque la misa se había celebrado sin problemas, según lo acordado, y agradecían al Arzobispado de Madrid su papel. El padre Santiago Cantera, una vez terminado el acto, exultante, decía: "Yo le digo a los que han venido que no odien a este o al otro por esta situación, yo a veces también tengo la tentación. Pero el mensaje de Cristo es otro".

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