El Papa y sus vínculos con la extrema derecha: del apoyo a Bush a la readmisión del obispo antisemita

«¿Acaso en 1939 no pasó Ratzinger cuatro años en las Juventudes Hitlerianas?»

“A un hombre político católico que vota por las leyes del aborto y la eutanasia” habría que negarle la comunión. Quien vote a John Kerry será acusado de mantener “una cooperación formal con el mal”. Es el llamamiento político hecho por Benedicto XVI poco antes de las elecciones estadounidenses de 2004 según recoge la periodista Nicole Thibon en “El Papa y la extrema derecha”, un artículo escrito para el diario Público. La politización sería sólo uno de los vértices del aislamiento del pontífice, un extremo que él ha negado pero que parece difícilmente contestable. Tal como narra la autora, desde militar en las Juventudes Htilerianas hasta beatificar al pontífice ligado al nazismo, Pío XII, pasando por revocar la ex comunión a un obispo negacionista del Holocausto, las acciones de Benedicto XVI han llevado la “alerta” hasta la comunidad cristiana, que ha empezado a preguntarse si “será cismático el Papa”.

En 2004, asegura Thibon, el apoyo de los católicos al entonces presidente y aspirante a la reelección, George Bush –a quien escoltó mucho después por los jardines del Vaticano en un hecho inédito-, pasó del 46% de 2000 al 52%. Un factor determinante inclinó la balanza: la máxima autoridad eclesiástica condenó al demócrata Kerry por su apoyo al “aborto y la eutanasia” y acusó a quienes les secundaran de “cooperación formal con el mal”. 

Cambios
La politización es, no obstante, apenas uno de los movimientos involucionistas del Papa. Thibon enumera bastantes más, empezando por uno muy sutil: cambiar “el uniforme habitual de sus predecesores” por otro más elegante. “Luego viene la misa en latín, de espaldas al pueblo, la exaltación del dogma, de la tradición”, después, el anuncio de “beatificar a Pío XII”, vinculado al nazismo. De ahí a “las declaraciones contra los homosexuales y su exclusión de los seminarios”, a la aprobación de “la excomunión de la madre y los médicos que hacen abortar a una niña de 9 años violada por su padrastro” y, finalmente, al más recientecuestionamiento del preservativo en África, el continente más flagelado por el sida – “¿Vive el Papa en el siglo XXI?”, preguntó consecuentemente un periódico camerunés-.

La guinda, el obispo antisemita
Pero si sobre el conservadurismo del Papa llueve sobre mojado –“ya desde su cargo de prefecto de Congregación por la Doctrina de la Fe (…) excomulgaba a los adeptos de la teología de la Liberación en América Latina” – ha sido, no obstante, la revocación de la excomunión al “irreductible antisemita obispo Williamson” el pasado 25 de enero, lo que ha sublevado a “la entera comunidad cristiana” que permanece “en estado de alerta”.

El fantasma del nazismo
“Basta consultar las revistas católicas conciliares, desorientadas por la deriva papal: ¿acaso en 1939 no pasó el seminarista Ratzinger cuatro años en las Juventudes Hitlerianas cuando la mayoría de los seminaristas alemanes rehusaban su propia adhesión? ¿Por qué es Mussolini quien funda la ciudad del Vaticano? ¿Qué escondían los “silencios” de Pío XII ante el nazismo? ¿Por qué la Iglesia hundió el experimento de los curas obreros? ¿De qué murió, exactamente, Juan Pablo I? ¿Cómo se rehabilitó el Opus Dei? ¿Cómo fue elegido el Papa Benedicto XVI?”, resume Thibon.  

Críticas católicas
La periodista cita publicaciones católicas con crtícias contundentes. “El Papa Benedicto XVI ha franqueado el límite de lo soportable. Una situación extremadamente grave que llevará, por nuestra parte, a un renuevo de resistencia… ¿Será cismático Benedicto XVI?”, dice la revista católica Golias. “Benedicto XVI encarna el fondo intransigente de la Iglesia católica, siempre listo para resurgir” escribe Chrisitan Terras en la misma publicación. 

Siempre nos quedará Rouco
Pero como no todo va a ser la soledad del Papa, Thibon reseña que el pontífice tiene al menos un pilar y en suelo patrio: “Uno de los mejores apoyos con que cuenta el Vaticano hoy es Rouco Varela (presidente de la Conferencia Episcopal), en permanente lucha contra toda tentativa de hacer de España el Estado laico que piden tanto la Constitución como la sociedad, así se trate de un crucifijo en las aulas, de la actualización de la ley del aborto, de la ‘protección’ de la familia, de la asignatura Educación para la Ciudadanía o de la edificación de un ‘minivaticano’ en un terreno cargado de historia cuyo legítimo propietario es el conjunto de la sociedad civil madrileña. Un Rouco Varela, que, además, interviene políticamente en vísperas de cada cita electoral”, sentencia.

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