El pañuelo islámico desata pasiones

La cuestión del pañuelo islámico en las escuelas ha vuelto a levantar pasiones en Bélgica tras la pausa estival, llegando a desencadenar manifestaciones, asaltos a escuelas, detenciones, la intervención de los tribunales e incluso amenazas de muerte.

El elevado y visible porcentaje de población musulmana inmigrante o nacionalizada que vive en Bélgica, junto a la falta de coraje de las autoridades políticas, que dejan en manos de las escuelas resolver la explosiva cuestión de la autorización o no del pañuelo islámico en los centros, conduce de forma regular a episodios de crisis y a apasionados debates en la calle y en los medios de comunicación.

La concentración de la población musulmana en las grandes ciudades, en especial Bruselas y Amberes, y su agrupación en determinados barrios concretos está conduciendo a la transformación de esas zonas en auténticos guetos por el efecto expulsión de la población no musulmana. Un fenómeno que se reproduce en los centros escolares de esos barrios, reforzado por las sucesivas prohibiciones del uso del pañuelo que van adoptando otras escuelas.

Los incidentes más graves se produjeron en Flandes, en el Ateneo Real de Amberes y en el Ateneo de Hoboken, también en Amberes, donde se había prohibido el uso del pañuelo en el nuevo curso. Tras una serie de protestas de intimidación, el alcalde de Amberes, el socialista Patrick Janssen, prohibió las manifestaciones cerca de las escuelas.

Mientras en el Ateneo Real la situación se calmó con el absentismo de un centenar de alumnos y la baja de otros 33, en el Ateneo de Hoboken, con el 96% del alumnado musulmán, el conflicto degeneró. El centro fue asaltado por la noche, con destrucción de material escolar, ordenadores y libros, y los manifestantes llegaron a amenazar de muerte a los profesores.

En Valonia, en la localidad de Dison (este de Bélgica) la prohibición del uso del pañuelo en la escuela comunal acabó en el tribunal de primera instancia de Verviers, que ordenó que se permitiera el uso del mismo a tres alumnas a pesar del reglamento del establecimiento que lo prohíbe. Esta decisión judicial contradice, no obstante, una reciente sentencia del Tribunal Constitucional belga que había señalado que prohibir los signos religiosos en las escuelas no es discriminatorio, sino todo lo contrario: refuerza los principios de igualdad y fraternidad.

Las escuelas han capeado en los comedores los problemas que genera un alumando de diferentes religiones mediante el uso exclusivo de carne halal o mediante la exclusión de la carne de los menús escolares, pero la cuestión del pañuelo islámico se ha convertido en un problema irresoluto que acumula una tensión explosiva.

La mayoría de la población belga parece partidaria de prohibir el uso del pañuelo en las escuelas, porque reafirma una ilegalidad fundamental entre los sexos y porque constituye un rechazo explícito de los valores europeos de libertad individual. Pero para otros la prohibición atenta precisamente contra esa libertad y fomenta la autoexclusión de las aulas a las jóvenes musulmanas.

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