El Monterrey light y la religión

En Monterrey, Margarita Arellanes volvió a encender el viejo litigio universal del laicismo y la religión. El primero se asienta en lo más profundo de la civilización grecorromana y se entiende como la existencia de una sociedad ajena ó independiente de las confesiones religiosas. En griego, Laikos (alguien del pueblo).

Uno de los momentos estelares del laicismo ocurrió en 1648, cuando se pone fin al Sacro Imperio Romano- Germánico y se firma la llamada Paz de Westfalia, de donde se deriva la liberación de los Estados europeos del yugo tutelar de la iglesia. Dos siglos después, a mediados del XIX, los liberales juaristas cumplieron también con ésta tarea en nuestro país.

Para entender la trama novelesca de la actual sociedad occidental — que se autodefine como laica y democrática— hay que conversar, (literariamente hablando) con politólogos como Giovani Sartori, el cual señala que no obstante que el proceso de laicización ha sido complicado, (los ataques de Pio IX ó la infalibilidad pontificia del Concilio Vaticano I), el laicismo se ha impuesto en Occidente. Caso contrario es el otro monoteísmo: el Islam extremista y fundamentalista.

De tal suerte que el episodio de la alcaldesa Arellanes no creo que se inserte en una polémica ya superada, sino en lo que el académico y psicólogo español Enrique Rojas califica como la Era de Plástico, donde enfrentamos una profunda crisis de valores morales e impera el pragmatismo rampante.

Para Rojas, la sociedad de hoy carece de definiciones y asume el mundo de una manera superficial y ligera: El hombre Light o también conocido como el ”gente cool”, cuya figura más representativa es el tele espectador, que control en mano, pasa de un canal a otro sin saber realmente que quiere.

Los acelerados cambios tecnológicos y prodigios como el internet y las redes sociales, representan sin duda logros evidentes. Sin embargo, existen aspectos centrales de la realidad que hay que poner al descubierto. Estos son entre otros: el materialismo que hace que un individuo obtenga reconocimiento social, por el solo hecho de ganar mucho dinero. El hedonismo, que consiste en pasarla bien a toda costa, lo cual supone la muerte de los ideales. Aquí, impera la búsqueda de sensaciones cada vez más excitantes.

La permisividad genera desde drogadicción hasta pornografía, pasando por altos niveles de violencia y agresividad. El consumismo, como fórmula posmoderna de la libertad, es vista como la nueva religión de nuestro tiempo. Al respecto, filósofos como Artur Schopenhauer señalan que es mucho más sabio trabajar para la conservación de la salud, el desarrollo y la educación de nuestras facultades, que la acumulación de riqueza. Erick Fromm insiste también en que la sociedad actual se preocupa más por el tener y no por el ser.

Y Alvin Toffler descubre tres fenómenos que refuerzan y consolidan el poder en el mundo actual: el poder de la violencia, el poder del dinero y el poder de la información que implica el conocimiento y control de la realidad, con el fin de operar y obtener un mejor rendimiento económico.

Una sociedad como la regiomontana, extraviada en los falsos valores del consumismo capitalista y su vida superficial, busca desesperadamente refugiarse en la religión. La alcaldesa Arellanes lo sabe y trata de capitalizar políticamente ese vacío de la psicología urbana y clasemediera. Eso es lo más cuestionable.

Frente a esta realidad sociológica, se erigen respuestas, que sin chocar con las de una respetable creencia religiosa, plantean una vida mejor bajo nuevos enfoques:

Ante el cinismo, luchar por la coherencia personal; apostar por los valores positivos que la dan trascendencia al hombre.

Otra premisa es huir de la idolatría del sexo y del dinero, de la obsesión por el poder y por el éxito, porque constituyen los salmos de un existencialismo consumista que solo conduce a la decadencia.

Esta es la “religión” que realmente se debe condenar. La otra solo representa un medio para buscar la evasión social…y seguir al margen del compromiso moral. Monterrey es el ejemplo más claro de sociedad light en nuestro país. Producto de un capitalismo galopante, emuladora de las ciudades texanas.

Hoy tendrá que hacer un serio replanteamiento de sus valores, pero sin caer en la trampa de oportunistas dogmáticas, como lo es su alcaldesa

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