El mal pastor. Abuso de menores y perdón judicial

El año pasado, el cura entrerriano Justo José Ilarraz fue denunciado por 50 seminaristas a los que debía proteger entre 1984 y 1992. Para la Cámara del Crimen, la causa prescribió. La protección de la Iglesia y el dolor de las víctima

La historia se repite. Sacerdotes y jerarcas de la Iglesia Católica que abusaron sexualmente y fueron señalados por sus víctimas gozaron del mismo destino: el perdón. El caso de Justo José Ilarraz prometió romper con aquella lógica, pero logró el perdón de sus pares y de la Justicia –por ahora–. Ilarraz fue acusado por decenas de seminaristas en el período en el que fue prefecto de disciplina del Seminario de Menores de Paraná. El escándalo tomó estado público en septiembre de 2012, cuando el semanario entrerriano Análisis publicó una extensa investigación que la cúpula eclesiástica de esa ciudad no pudo esquivar. La Justicia actuó rápidamente. Tanto, que acaba de dictar la prescripción de la causa.
 
Jóvenes de entre 12 y 14 años que dejaban sus hogares para estudiar la carrera religiosa fueron objeto de extorsión y perversión por parte de quien debió cuidarlos. Nadie habló por espacio de veinte años: el miedo inoculado y el temor a la reprobación silenció a las víctimas, hasta que un día se animaron. “Qué bellos son. Cuánta ternura; cuánto de paz y amor irradian. Parecen ángeles”, dijo el cura el día que se hizo cargo de los chicos. El sacerdote había llegado a esa instancia de su carrera con el apoyo irrestricto de las autoridades locales de la Iglesia y tenía así vía libre para disponer de las voluntades de los seminaristas, casi todos provenientes de hogares pobres de la campaña entrerriana. Según testimonios publicados en el libro Abusos y pecados, del periodista y director de Análisis Daniel Enz, los delitos se sucedieron entre los años 1984 y 1992. Durante ese período, los responsables eran el entonces arzobispo de Paraná Estanislao Karlic y su sucesor, Juan Alberto Puíggari, que era prefecto del Seminario Mayor.

El procedimiento de Ilarraz comenzaba por captar a los jóvenes más tímidos, obedientes e inseguros. La excursión del cura se desarrollaba por las noches cuando descendía de su habitación para ir directamente a las camas de los seminaristas. Abuso y violación –según los testimonios– ocurrían allí o en las duchas ante el espanto y la resignación de las víctimas. Para ellos habría regalos, tratamiento preferencial, viajes y campamentos anuales a Córdoba.

El Arzobispado de Paraná nunca denunció ante la Justicia el accionar del cura en contra de, por lo menos, 50 chicos. En 1993 se realizó un Juicio Diocesano donde declaró una cantidad de jóvenes que reconocieron las perversidades después de años de ocultamiento. Como castigo, el cura abusador pasó un año estudiando en el Vaticano y a su vuelta fue designado al frente de una parroquia en la localidad tucumana de Monteros.

La Iglesia carga con casos resonantes de corrupción de menores en la Argentina y el mundo. El cura Julio César Grassi presidía la Fundación Felices los Niños cuando fue alcanzado por una investigación periodística que lo acusaba como abusador de menores a su cargo. Fue condenado a 15 años de cárcel por comprobarse un caso de abuso sexual agravado y dos casos de corrupción de menores. En estos momentos se encuentra en libertad hasta que la sentencia quede firme. El arzobispo Edgardo Storni era titular de la Arquidiócesis de Santa Fe cuando una bomba le estalló en las manos. Fue condenado a ocho años de prisión por abuso sexual contra un seminarista. Después del escándalo y beneficiado por avanzada edad, se fue a vivir a una casa de retiro de La Falda, Córdoba, y cobró su jubilación hasta su muerte en 2012. Marcial Maciel fundó en México la ultracatólica orden Legión de Cristo en 1941. Décadas después, varios ex seminaristas declararon abusos en la televisión estadounidense y abrieron el camino para centenares de casos. Maciel, responsable de corrupción y violaciones, conocía el comportamiento similar de muchos de sus subalternos dentro de la congregación. Nunca pidió perdón y se retiró en paz hasta sus últimos días.

El lunes 5 de agosto, la Sala I de la Cámara del Crimen de Paraná consideró prescripta la causa contra Ilarraz con los votos de Hugo Daniel Perotti y Miguel Ángel Giorgio. El juez de instrucción Alejandro Grippo, que argumentó delitos de lesa humanidad, no había hecho lugar a un pedido de prescripción, pero esta medida fue apelada por la defensa. En la causa, caratulada como “delito de promoción de corrupción de menores”, el acusado nunca declaró. El procurador general del Superior Tribunal de Justicia, Jorge García, protestó tras el dictamen y va a ir a Casación: “Cuando por fin las víctimas pueden hablar, el estado de derecho les dice que ya es tarde. Esta prescripción no se condice con la evolución de los derechos humanos y protectores de los niños”.

Sebastián Cuattromo, quien fue víctima de abuso sexual en un seminario en 1989, está dolido por la noticia. “Hay personas que recién décadas después pueden empezar a compartir con los demás los hechos aberrantes que sufrieron de chicos y, por eso, la causa no debería prescribir”. En marzo de este año, la senadora rionegrina María José Bongiorno (FPV) presentó un proyecto de ley en el que se establece la imprescriptibilidad de delitos contra la integridad sexual como el abuso, la violación y la corrupción de menores.

Para cuando la tapa de la revista Análisis salió a sacudir la impunidad, Ilarraz había sido avisado. Juntó sus pertenencias y sin decir nada abandonó Monteros, lugar donde ansía volver cuando todo pase. Se cree que estuvo viviendo con una de sus hermanas en la capital tucumana. Durante aquel día de la denuncia, la Iglesia no tuvo más remedio que difundir un comunicado de prensa donde lamentaba los hechos ocurridos en su seno. La noticia llegó a medios del mundo y la jerarquía llamó a silencio. “Una cosa son los pecados de la juventud, que Dios los perdona y se olvida; otra cosa es el delito, y el abuso de menores es un delito”, dijo el papa Francisco cuando volvió de su gira por Río de Janeiro. Es hora de que la Iglesia y la Justicia tomen esas palabras en cuenta.
 
Illaraz cura pederasta
Prefecto. El cargo de Ilarraz (en la foto, a la der.) en el Seminario Menor.

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