El integrismo contra el monumento a Juan Valera en 1928

En junio de 1928 se inauguró el monumento a Juan Valera en el madrileño Paseo de Recoletos, donde allí sigue, frente a la Biblioteca Nacional, un lugar de honor para un hombre de letras. La escultura es obra de su sobrino, el escultor Lorenzo Coullaut. El diplomático, político y escritor, estudiado, como bien sabemos, por Azaña, fue un personaje, en realidad, poco común en la España que le tocó vivir. Y lo fue por su refinamiento, elegancia, escepticismo, espíritu verdaderamente liberal y por su gran cultura, alejado de los gruesos trazos. Como escritor nos ha dejado dos joyas, Pepita Jiménez (1874), novela epistolar, y Juanita la Larga (1895). Ambas obras demuestran un enorme conocimiento de la psicología humana, y un estudiado acercamiento a los personajes femeninos, poco común también en nuestra literatura. Pero, además, Valera escribió muchos artículos y estudios de crítica literaria.

Pues bien, el integrismo católico de El Siglo Futuro arremetió contra este homenaje. Esta publicación fue creada por Cándido Nocedal en 1875, inscribiendo el periódico en la causa carlista. En 1888 fue el órgano del Partido Integrista de Ramón Nocedal, para pasar a partir de 1932 a defender la causa de la Comunión Tradicionalista.

Para el periódico integrista tan malo había sido el homenaje, como que El Debate, periódico conservador y católico, hubiera considerado de justicia que se levantase un monumento a Valera. Los redactores de la publicación opinaban que, a pesar de que El Debate tenía reservas sobre la obra literaria del escritor de Cabra, aceptase el homenaje. Los católicos no podían dejar de tener en cuenta esas reservas, ni podían dejar de lado sus convicciones religiosas para elogiar la obra de un escritor que no estaba en sintonía (“armonía”) con esas mismas convicciones. La andanada, por tanto, iba casi más contra el catolicismo más abierto de El Debate, como podemos comprobar, que con el homenaje en sí.

Los socialistas se hacían eco de esta diatriba en su órgano oficial (10 de junio), y se preguntaban, como el propio El Siglo Futuro sobre qué tipo de fe era la de El Debate, porque consideraban clara cuál era la del periódico integrista, una publicación partidaria de la “Santa Inquisición”.

Interesa consultar la obra de José Luis Molina Martínez, Anticlericalismo y literatura en el siglo XIX, Universidad de Murcia, 1998.

Eduardo Montagut. Historiador

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