El general de los dominicos defiende el celibato opcional del sacerdote católico

«El mundo se está incendiando y nosotros preguntamos de qué color nos ponemos el casco»; es la apreciación de Carlos Azpiroz Costa, el fraile argentino que desde hace tres años dirige la Orden de Predicadores, fundada hace 800 años por el burgalés Domingo de Guzmán. Lo cuenta Juan G. Bedoya en El Pais.

Azpiroz visita estos días la provincia de los dominicos en España, un país cuya crisis eclesiástica calificó de «otoño prolongado». Para remediar algunos males que acechan a la Iglesia católica, el general de los dominicos cree que Roma, entre otras medidas, debe escuchar más a la mujer e, incluso, aceptar el celibato opcional de los clérigos, como ocurre ya entre católicos de otros ritos. «El matrimonio de los sacerdotes depende sólo de que la ley eclesiástica se cambie. Ayudaría mucho a la comprensión de la familia», dijo.

La famosa Orden de Predicadores -los dominicos-, que cuenta con eclesiásticos tan relevantes en la historia del cristianismo como Francisco de Vitoria, Bartolomé de Las Casas, el inquisidor Torquemada, el arzobispo Carranza, los teólogos Congar, Chenu y Schillebeeckx, y, desde hace sólo tres años, el fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, se recupera lentamente de la severa crisis que desde hace décadas padece la Iglesia de Roma. Los dominicos cuentan ahora con 6.500 frailes, con una edad media de 63 años.

En España, la orden de la que es maestro general Azpiroz desde julio de 2001 se encuentra en una situación de «otoño prolongado de vocaciones». «Si esta situación se prolonga habrá que recurrir a la creatividad», dijo durante un encuentro con la Asociación de Periodistas de Información Religiosa. Sin embargo, se mostró optimista sobre el futuro de las vocaciones. «Hay países donde comienza a superarse la crisis de los años setenta. La vocación es un misterio, y no por falta de vocaciones un grupo religioso se encuentra en crisis», señaló el fraile dominico. Puso el símil de los árboles frutales que en invierno no tienen hoja y, sin embargo, nadie se atrevería a decir que están muertos, porque «luego producen mucho fr    uto».

Carlos Alfonso Azpiroz Costa, octavo hijo de una familia de 14 (una chica y 13 varones, uno de ellos jesuita), nació en 1956 en Buenos Aires. Sus abuelos paternos eran navarros: de Huarte Araquil, él; de Luquin, cerca de Estella, la abuela Enedina. En 1989, Azpiroz se trasladó a Roma a estudiar Derecho Canónico en el Colegio Angelicum, el mismo que doctoró al papa Juan Pablo II. Desde entonces, permanece en la capital central del catolicismo ejerciendo diversos cargos, entre otros el de procurador general de su orden, puesto desde el que accedió a la máxima jerarquía dominicana.

La mujer forma parte central de las reformas que Azpiroz sugiere para superar una crisis eclesiástica que nadie niega. «La Iglesia necesita escuchar más a la mujer. Una de las cuestiones que más van a cambiar en el futuro es el papel de la mujer, y no lo digo tanto desde el aspecto sacramental como en el de la predicación. Hay que facilitar que la mujer pueda dar el pan de la palabra, de la meditación mucho más allá de lo que es una simple homilía».

También se pronunció sobre el celibato sacerdotal. Hay sacerdotes católicos casados en el rito caldeo o en el greco-latino, y no habría problema para que el celibato del resto de los sacerdotes pudiese ser opcional, opina. «Ayudaría mucho a la comprensión de la familia, al cambio de lenguaje eclesial, a hacerlo más próximo. Se lograría una Iglesia más próxima y cercana a la sociedad, a pesar de que la Iglesia católica es más próxima de lo que imaginamos y menos de lo que debiera», dijo Azpiroz.

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