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El fetichismo religioso

Desde sus comienzos, la controversia iconoclasta acompaña a la Iglesia de Roma con mayor o menor energía, pero va a ser el II Concilio de Nicea en el año 787 el que sienta las bases que configuran el actual modelo religioso. En él se sostiene el derecho de culto a las imágenes, frente a la idea que tenía el Emperador de Occidente (Carlomagno), que defendía el empleo de imágenes como ornamento y nunca para el culto religioso. Más tarde, los reformistas luteranos del norte de Europa se encargarían de ahondar más en esta cuestión eliminando toda la imaginería de los templos.

Con el amparo legal del citado Concilio de Nicea, los centros religiosos en la Edad Media se dan cuenta de que su pervivencia física depende del poder de atracción que tengan en los fieles. Surge entonces una fiebre por atesorar toda clase de objetos con los que seducir al mayor número de visitantes. Es el fetichismo religioso. Cuantas más reliquias formen parte del muestrario milagrero más ingresos tendrá el centro. Es un reclamo que funcionó con la precisión de la mejor industria turística del momento. Aquellos monasterios que no tenían reliquias para mostrar a sus fieles estaban llamados a desaparecer, y así se puede comprobar.

El descubrimiento de la tumba de Santiago ocurrió durante el reinado de Alfonso II, que había estabilizado y dignificado la corte en Oviedo, pero la consolidación de la Reconquista en las tierras ribereñas del Duero hizo que el camino por la llanura mesetaria fuese más seguro y rápido. Con este cambio en el trazado, Oviedo cayó en el olvido de los peregrinos, lo que dio lugar al dicho:

El que va a Santiago

y no va al Salvador

visita al criado

y deja al Señor.

Pero esta contrariedad fue solventada felizmente con la aparición de una caja de reliquias, salvada milagrosamente a lo largo de años de huida, y abierta por el rey Alfonso VI en 1075, donde se guarda todo lo inimaginable: madera de la cruz, 8 espinas de la corona, leche de la Virgen, maná que sirvió de alimento a los judíos en su travesía por el desierto, cabellos de Magdalena, pan de la Última Cena, el sudario que cubrió el rostro de Jesús, un trozo del pañal que lo abrigó en el pesebre, y ahora parece que incluso también está un retal de su túnica. En estos días, Oviedo muestra con gran éxito de público la Sábana Santa a la sombra de la Catedral, lo que da pie a que las autoridades civiles y religiosas ya piensen en aumentar la oferta con la creación de un gran museo de las reliquias que se guardan en la Cámara Santa. A juzgar por los hechos precedentes, se puede asegurar que será un gran centro de atracción turística y piadosa que logrará que Oviedo siga estando en el circuito más selecto a la hora de planear unas vacaciones.

Lo que es difícilmente explicable es que en pleno siglo XXI, después de lo que nos dijeron Galileo, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud, después de las revoluciones francesa, bolchevique, racial, feminista, sexual, etc., todavía pensemos como lo hacían nuestros antepasados en la Edad Media. Aunque igual tuvieran mucha razón porque no cabe duda de que todo esto constituye un gran negocio, el motor que mueve la bola que tiene el patrón de Oviedo en su mano izquierda.

Armando Murias

Armando Murias Ibias Escritor y profesor del IES Alfonso II

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